El "medio decálogo" para Bachelet
por Arturo Arriagada
23 de abril, 2007
El “medio decálogo” para Bachelet
Arturo Arriagada
Escuela de Periodismo
Universidad Diego Portales
Así como la presidenta puso de moda el concepto de “decálogo” entre las autoridades de gobierno y la ciudadanía, es posible presentar una propuesta similar para el asesor comunicacional de Bachelet. En estos 13 meses de gobierno, cuyo concepto inicial fue el de ser “ciudadano y cercano a la gente”, la opinión pública ya está en condiciones de entender el “factor comunicacional” como elemento clave para considerar un periodo gubernamental como exitoso, es decir, comprender lo que quiere hacer un gobierno (sus objetivos), y la forma que establece para lograrlo (el diseño e implementación de políticas públicas, por ejemplo). Si no, pregúntenle al ex presidente Lagos.
Por esta razón, sugiero este “medio decálogo” con los cinco errores comunicacionales del gobierno de Bachelet:
1.- Prohibir hablar en “off the record”. Esta cláusula obligatoria para los ministros y sus asesores es un ideal imposible. Nadie va a dejar de hablar, especialmente cuando los conflictos se destapan por distintos ministerios, y menos, cuando muchos de los nuevos ministros tienen que lidiar con funcionarios que llevan varios gobiernos en el cuerpo. El que quiere hablar, lo va a hacer igual, con o sin prohibición. Para que no hablen los que trabajan en La Moneda, es necesario hacerles llegar la mayor cantidad de información posible – y no necesariamente la información clave- para que sepan las cosas que están pasando en su lugar de trabajo. Esto es efectivo tanto para los partidos políticos, los propios ministros y funcionarios de palacio. Como ejemplo, queda en el recuerdo la filtración de la reunión del senador Fernando Flores (en plena crisis por las facturas falsas) con la Presidenta Bachelet. Dicen que fue la ex ministra Veloso la que filtró la información.
2.- Mantener activo el conflicto entre el jefe de comunicaciones y el vocero de gobierno. Es sabido y publicado por todos los medios que el jefe de comunicaciones de La Moneda Juan Carvajal, no tiene una buena relación con el vocero de gobierno Ricardo Lagos Weber. Si el que pautea los mensajes que el gobierno va a difundir se lleva mal con quien los va a dar a conocer a los medios, es difícil que éstos sean efectivos, teniendo como antecedente que el primero está preocupado solo de la Presidenta, mientras que el segundo tiene poca experiencia política para sortear estas dificultades. Un ejemplo de lo anterior fue el blindaje de Bachelet en la crisis de Chiledeportes, cuando ésta salió de La Moneda rechazando la propuesta de Lagos Weber y la hasta ese entonces subsecretaria de deportes, Catalina Depassier. Lagos Weber no sabía lo que le esperaba, y lo más probable, es que lo supo cuando vio su foto en los diarios donde lo dejaban como alguien que no hacía bien la pega. La idea, dicen, fue de Carvajal, el amigo personal de Bachelet.
3.- Escribir un “decálogo” para los ministros. Dar instrucciones a través de un decálogo a los ministros en plena crisis estudiantil, no fue la mejor idea comunicacional de Bachelet. Si se quiso distanciar de aquellos que no estaban haciendo bien la pega, lo logró a medias ya que ella tomó la decisión de ponerlos en esos cargos. Si quiso reflejar autoridad y liderazgo, el contenido del decálogo no fue más que un cúmulo de lugares comunes mal escritos y poco efectivos. Decirle a los ministros que deben “anticiparse a los conflictos”, para luego reaccionar ante la crisis del Transantiago con la idea de la “intuición” que le decía que no había que implementarlo, deja con una sensación de incongruencia. Hay que hacer lo que se piensa, para luego darlo a conocer, y callar lo que no se hace.
4.- Tomar de la propia medicina. Si la presidenta Bachelet quiere ser cercana a la gente, y fue esta característica uno de sus principales atributos que la llevaron a La Moneda, no necesariamente se tiene que andar exponiendo ante cualquier conflicto como lo son los desastres naturales que han afectado al país (Chiguayante y Aysén). Si se va a exponer, que lo haga de manera organizada para que no tenga que enfrentar la ira de las víctimas o ciudadanos descontentos con su actuar. Un equipo que organice las salidas a terreno con puntos de prensa estudiados previamente, no cuesta mucho. La presidenta, por más cercana que quiera ser a la ciudadanía, no puede estar pidiendo silencio para que la escuchen, aunque no por eso va a encerrarse en su oficina. La empatía se consolida con acciones comunicacionales bien organizadas. Acuérdese de su aparición en el tanque Presidenta, esa fue una efectiva acción comunicacional.
5.- Tener malos speech writers. Ya quedó la duda cuando se dio a conocer el decálogo para los ministros respecto de quién lo ideó y escribió. El domingo recién pasado, la duda se hizo evidente cuando se publicó un artículo en El Mercurio firmado por la Presidenta y titulado “Los sueños que inspiran mi mandato”. En ese texto, y aprovechando el extenso espacio que el diario le otorgó, no quedan claros cuáles son los sueños de Bachelet, o si esos sueños son las respuestas a quiénes la criticaron durante su visita a Venezuela, o si la paridad sigue siendo importante aunque no se remita a un asunto cuantitativo. Clinton en la campaña presidencial de 1992, resumió en la frase “Its the economy, stupid!” su eslogan de campaña. En el artículo de El Mercurio, Bachelet (o su speech writer) no logra cautivar a las audiencias con el párrafo inicial.
