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27 de Diciembre de 2011 Medios en Chile: pecar por omisión Arturo Arriagada El Mostrador
La transición a la que hoy en día se ven enfrentados los medios chilenos es pasar del "pecar por omisión" al "transparentar sin transar". Para contradecir a quienes critican su desempeño por promover los intereses de sus dueños, los medios tienen que transparentar sus conflictos de interés y hacerse cargo de su papel en la sociedad. Un proceso que implica reflexionar respecto a la centralidad de los medios en la vida cotidiana y la necesidad de diversificar los discursos y voces que a través de ellos circulan en la esfera pública.
La nueva protesta chilena El Post Andres Scherman* Arturo Arriagada*
15.09.2011 La generación movilizada Revista Qué Pasa
Por tercera vez, la Escuela de Periodismo de la UDP y Feedback realizaron su encuesta sobre jóvenes y participación. En este año, marcado por las movilizaciones estudiantiles, los datos cobran mayor relevancia. El grupo compuesto por personas entre 18 y 29 años le teme menos al conflicto, no sólo utiliza las redes sociales para contactar amigos y conversar, sino que también para expresar opiniones sobre temas públicos y, aunque son más participativos, aún miran con desconfianza los procesos electorales.
Por Andrés Scherman y Arturo Arriagada. Escuela de Periodismo UDP. Alejandro Barrera y Juan Pardo. Investigadores de Feedback.
Opinantes y más participativos
7.9.11 Todos los medios del Presidente Sebastián Valenzuela Facultad de Comunicaciones UC Arturo Arriagada Facultad de Comunicación y Letras UDP La Tercera
Tal como lo hicieron Lagos y Bachelet en sus épocas de menor popularidad, la semana pasada el Presidente Piñera disparó contra los noticieros de televisión: "No todo lo que pasa en nuestro país es malo, como pretenden presentarlo los canales de televisión. Chile es mucho mejor que lo que vemos todas las noches en los noticiarios".
Si bien está en todo su derecho, Piñera equivoca el rumbo si cree que la prensa maneja a discreción la agenda noticiosa. Son él y su equipo los que por diseño institucional e historia tienen mayor capacidad de influencia en fijar la agenda. Nadie tiene acceso más garantizado a los micrófonos de los periodistas que el Presidente de la República. Si la agenda pública no es de su agrado, es porque su gobierno tiene graves falencias comunicacionales. La escasa capacidad de conexión con las audiencias en el plano afectivo no se puede cambiar, pero sí puede compensarse con una sólida política comunicacional, un GPS que lo oriente en los espacios y tiempos políticos para dar a conocer los objetivos de su gobierno y los mecanismos para alcanzarlos.
El problema es que el Ejecutivo no cuenta con una política comunicacional que supla las debilidades de la figura presidencial, le dé un encuadre a su gestión, y minimice el negativismo y fiscalización propios de la cobertura periodística. A falta de un GPS comunicacional, en el actual gobierno prima la reacción por sobre la acción. Una política comunicacional consistente logra no sólo establecer la agenda temática preferida por el gobierno, también se anticipa a la agenda preferida por los medios y, sobre todo, se conecta con las preferencias de la opinión pública. No es requisito para una política comunicacional exitosa gozar de alta credibilidad personal ante la opinión pública. Ello sólo la hace más urgente y necesaria.
Ante la ausencia de una política comunicacional clara, lo único que le sirve de guía al gobierno son los instintos comunicacionales del propio Presidente. A veces funcionan, como cuando bromea con el ministro Golborne sobre su condición de presidenciable. Pero muchas otras no, como lo refleja la referencia a las "Piñericosas". Ello también sugiere un desconocimiento del papel de los medios, que actúan como filtros de la realidad social.
También yerran el Ejecutivo y el oficialismo si creen que la buena gestión económica redimirá todas las falencias comunicacionales. La opinión pública no premia a los gobiernos por cifras de crecimiento; los premia por la percepción de una buena gestión ante el contexto social y económico imperante. En vez de pedir mayor cobertura al crecimiento económico, Piñera debería anticipar que el alto crecimiento será interpretado desde la óptica de la desigualdad y ver la forma de conectar los dos temas por la vía de una mejor política social. Todo ello pensando más en la austeridad que en el marketing a la hora de enfrentar a la ciudadanía.
Saber qué se quiere decir y cómo hacerlo es tarea del gobierno y sus asesores. Ante esta ausencia, los noticiarios de televisión poco y nada tienen de culpa.
11.8.11 Nuevos ciudadanos
Chile es desigual en el acceso y uso de tecnologías digitales. Pero en tanto los jóvenes sigan integrando el uso de plataformas digitales a su repertorio de acción política, tal como el movimiento estudiantil actual, lograrán redefinir qué significa ser ciudadano y validarán nuevas formas de participación pública.
Por Arturo Arriagada* y Sebastián Valenzuela**
Revista Qué Pasa
Chile es desigual en el acceso y uso de tecnologías digitales, así como en las alternativas de participación política. Pero en tanto los jóvenes sigan integrando el uso de plataformas digitales a su repertorio de acción política, tal como ocurre actualmente con el movimiento estudiantil, lograrán redefinir qué significa ser ciudadano y, mejor aún, cambiarán el paradigma de lo que se entiende actualmente por formas válidas de participación en los asuntos públicos. Ahí está el "lucro" de las nuevas tecnologías; la ganancia que los ciudadanos obtienen al combinar la expresión política online con la offline, al pasar de las redes sociales a la calle, convirtiéndose en ciudadanos multidimensionales.
Por cierto que esta visión se aleja de concepciones tradicionales respecto de los mecanismos válidos para hacer efectiva la acción política, así como la brecha digital que distingue entre ciudadanos digitales y análogos. Para quienes parten desde el paradigma de la desigualdad, el escenario actual es más bien pesimista: los jóvenes no votan, se abstienen de participar en las campañas, y tienen poca fe en el sistema político. Además, quienes usan internet para fines políticos serían una minoría que poco y nada tiene de representativa de la opinión pública.
Ahora bien, hay varias razones para ser optimista. Tomemos el caso de las redes sociales online. Si hay algo que el movimiento estudiantil ha demostrado es que el intercambio de información, la expresión política y la coordinación de protestas que se han producido en Facebook y Twitter complementan-pero no sustituyen-acciones políticas consideradas como válidas por nuestro sistema. Son los jóvenes quienes a través de la combinación de protestas y el uso de tecnologías están generando ganancias que incrementan su capital político y el ejercicio de su ciudadanía. Es discutible la representatividad de quienes participan online, pero es innegable que quienes lo hacen han contribuido a un movimiento exitoso en el posicionamiento de sus demandas. La combinación de valores, símbolos, experiencias e imaginarios que le dan sentido a la acción política -lo que tradicionalmente se entiende por ciudadanía- se complementa y expande a través del uso y apropiación de tecnologías.
Estas nuevas tecnologías también han fomentado estrategias novedosas y efectivas de participación en un contexto de desigualdad, como lo fueron la difusión de las demandas estudiantiles a través de videos en YouTube, incorporando elementos de la cultura popular como la coreografía de Thriller, de Michael Jackson, ejecutada frente al Palacio de La Moneda, o el video basado en el musical Grease. La creación del sitio "cacerolazo virtual", que replicaba con un click el sonido de las ollas es otro ejemplo de prácticas de resignificación de la participación y ciudadanía que toman una forma distinta a la protesta en las calles o al voto. Con estas acciones los estudiantes se tomaron la agenda de los medios y amplificaron la expresión de sus legítimas demandas. Con el uso que les dan a las plataformas digitales y las formas de protesta que han desplegado, los estudiantes redefinen sus experiencias e imaginarios de ciudadanía. Todas prácticas que los sitúan más allá de etiquetas asociadas al consumo y la falta de interés en política.
Independiente de su inscripción en los registros electorales, el mundo online puede convertirse en un territorio donde se configuran experiencias colectivas de participación política y ciudadanía que fluyen hacia el mundo offline. Esto no quiere decir que el uso de las redes sociales o de internet en general sean por sí mismos factores que disminuyen las brechas de participación política que caracterizan a Chile. Para ello se requieren otro tipo de políticas, especialmente en el ámbito educacional. Incorporar en colegios la educación cívica a través de tecnologías puede ser una iniciativa dirigida a orientar y validar nuevas formas de ejercer ciudadanía. También es importante fomentar la discusión de asuntos políticos en ámbitos informales y centrales de la vida cotidiana, como la familia y el trabajo.
Esta dimensión de las protestas estudiantiles -aquella relacionada con la incorporación del uso de tecnologías para la difusión de sus demandas y la acción - representa un mensaje claro para la clase política. Ésta tiene que validar el uso de dichos espacios y herramientas como legítimos canales de participación. En este sentido, la publicación de las bases de datos del recién suspendido "monitoreo" a las redes sociales por parte del gobierno sería un avance en el proceso de legitimación de este "lucro" en la participación política a través de las nuevas tecnologías.
* Académico UDP. Estudiante de doctorado en Sociología LSE. ** Académico UC. PhD en Comunicaciones, Universidad de Texas (Austin).
De acuerdo a La Tercera, el gobierno decidió poner fin al "monitoreo" a las redes sociales. Acá el artículo publicado hoy.
En tanto, ayer salió publicada esta columna en El Post sobre el informe que publicó La Moneda la semana pasada con los datos del monitoreo. Con el informe publicado, el gobierno perdió la oportunidad de analizar datos valiosos que permitan mejorar las instancias de participación política de los chilenos.
Saludos,
A.
9 de Agosto, 2011 Muchos sapos, pocas nueces Arturo Arriagada El Post
Con la reciente publicación del informe "Tendencias en Redes Sociales", el gobierno pierde una oportunidad de analizar datos valiosos para mejorar las instancias de participación de los chilenos en política. Si la nueva forma de gobernar invocaba a la transparencia como uno de sus valores fundamentales, la precaria información que contiene este informe sólo alimenta las teorías conspirativas en torno a esta iniciativa, además de convertirse en información poco útil tanto para el propio gobierno como para la opinión pública.
Hace más de un mes, el gobierno manifestó su interés por "escuchar a la ciudadanía". Para ello decidió observar y analizar las conversaciones de los chilenos en las redes sociales. Ese interés fue considerado como un paso hacia la validación de la participación política online por parte de las elites, pero también dio cabida a las teorías conspirativas. Para muchos, el monitoreo no era más que la invasión a la privacidad por parte del Estado, reviviendo incluso lo peor de la dictadura. Así fue como distintas organizaciones de la sociedad civil solicitaron -a través de la ley de acceso a información pública- la publicación de los datos del monitoreo.
Este interés del gobierno es otro paso más en la intersección de las dimensiones políticas y de consumo en nuestra vida cotidiana. Analizar las conversaciones en las redes sociales no es distinto a lo que se hace en un supermercado o multitienda -cuando a través de "puntos", "Rut" y "códigos"- mapean los hábitos de los consumidores. De esta forma, técnicas propias del management pasan a ser parte del repertorio de herramientas gubernamentales para la toma de decisiones políticas. Lo mismo ocurrió cuando las encuestas de opinión pública pasaron a ser insumos fundamentales para los gobiernos. Si son bien diseñadas, con metodologías y procesos de aplicación transparentes, las encuestas se convierten en fuentes de información útil tanto para los gobiernos, los medios y los ciudadanos. Por lo mismo, cuesta entender la precariedad en el análisis y la falta de transparencia en las metodologías y datos del informe entregado por La Moneda.
El reporte -que abarca el periodo entre el 13 de Junio y el 13 de Julio- sólo da cuenta del número de menciones al gobierno en relación a temas como las demandas estudiantiles, el rol del Sernac en el caso La Polar, las propuestas del GANE y el cambio de gabinete. Este informe habla muy mal de la capacidad del gobierno para analizar información valiosa. Por lo mismo, para no alimentar sospechas, el gobierno debiera detallar las fuentes que está monitoreando (Facebook, Twitter, Blogs, medios online, etc.). También podrían incluir las conversaciones online que las personas tienen durante los fines de semana (el informe sólo incluye días de semana). De igual forma, y en los casos que corresponda, es relevante saber el total de gente que está siendo observada, al igual que su género, edad y locación geográfica.
Independiente de estos consejos para "maquillar" los próximos informes, si el gobierno contrató a la empresa Brandmetric para levantar la información, también debiera autorizarla para que se hagan públicos sus datos. Al igual que lo que ocurre con algunas encuestas, todos podrían acceder a las bases de datos y analizar la valiosa información que hoy se está levantando. De paso, esta acción causaría mucho más impacto que las teorías conspirativas que han surgido a raíz del monitoreo.
El tener poca claridad respecto a las metodologías y análisis de los datos que el gobierno está implementando para escuchar a los ciudadanos en el mundo online, sólo alimenta las teorías conspirativas en torno a esta iniciativa. Para que los chilenos no piensen que hay muchos sapos y pocas nueces, la información del monitoreo debiera ser pública para que todos puedan evaluar y analizar lo que ocurre en las redes sociales. Ese sería un gran paso para estimular y validar diversas acciones de participación política online que ya están siendo parte de la vida cotidiana de miles de ciudadanos.
9 de Agosto, 2011 Medios sin letra chica Arturo Arriagada El Mostrador
Cuando los medios de comunicación sean capaces de revelar sus preferencias políticas, podremos celebrar un avance en la calidad de nuestra democracia. En la medida que los medios disfracen sus posiciones políticas con el slogan de la objetividad, seguirán fomentando las asimetrías de información y los niveles de desigualdad entre los chilenos.
La llegada al panel de Tolerancia Cero del director de La Tercera, Cristián Bofill, desafía la inteligencia de las audiencias de ambos medios o quizás sea un acto de honestidad. Independiente de la reconocida capacidad del periodista, conocido por su habilidad para marcar la agenda política del país, muchos podrían sugerir que Bofill es un reemplazo en términos políticos de Juan Carlos Eichholz. Aunque esto es sólo ficción, pero alimentada principalmente por los mismos medios. Hasta ahora, La Tercera y ningún medio de comunicación han revelado explícitamente sus preferencias políticas. Si bien en Chile las audiencias identifican las posiciones políticas de los medios de comunicación a través de los cuales se informan, éstos todavía no han sido capaces de salir del clóset y revelar sus preferencias políticas.
De acuerdo a los datos de la encuesta ICSO-UDP de 2010 -independiente de si los consumen o no- los chilenos asocian a la prensa escrita y los canales de televisión con posiciones más cercanas a la centro-derecha. Aunque en la mayoría de los casos, aquellos que se identifican con la Concertación son más críticos a la hora de evaluar la posición política de los medios que los que se identifican con la Alianza. Independiente de la posición política de los encuestados -en una escala de 1 a 10, donde 1 es "izquierda" y 10 "derecha"- el diario más cercano a posiciones políticas de derecha es El Mercurio (7,8). Le siguen La Tercera (6,6), La Segunda (6,3), La Nación (6,0), LUN (5,6) y La Cuarta (5,1). En el caso de los canales de televisión, Chilevisión (6,9) es el canal más ubicado a la derecha, seguido por Canal 13 (6,8), Mega (6,6), en tanto TVN y La Red son evaluados de manera similar (5,9). Hay que destacar que el trabajo de campo de esta encuesta se llevó a cabo pocas semanas después de que el actual presidente Sebastián Piñera concretara la venta de Chilevisión.
En este contexto, ¿por qué los medios no hacen públicas sus preferencias políticas? Por vergüenza, pero también porque confunden la objetividad con paternalismo. Es paradójico que en un sistema de medios como el chileno las audiencias puedan elegir dentro de una variada oferta de productos informativos sólo desde la intuición de su propia antena política. Lo de variada oferta es relativo, ya que uno de los problemas de los medios en Chile están asociados a la falta de pluralismo de los contenidos y voces que allí se exponen. Aunque esto también ocurre porque la cultura política chilena asocia la objetividad con la independencia a la hora de analizar la realidad. ¿Acaso no se es independiente cuando se explicita la posición política desde la cual se está hablando? En una encuesta nacional hecha en 2010 por Periodismo UDP y Feedback, un 55% de los encuestados señaló estar a favor de que los medios hagan públicos sus respaldos políticos en tiempos de elecciones.
En democracias y en sistemas de medios más desarrollados y competitivos que el nuestro, es una práctica común que los medios revelen sus preferencias políticas en tiempos de elecciones. Diarios como The Guardian, The Independent, New York Times y el semanario The Economist, han explicitado públicamente sus apoyos políticos. Es paradójico que cuando los medios siguen con atención la manera de operar y las agendas temáticas de los medios extranjeros, no sean capaces de incorporar estas prácticas de transparencia. En Chile ya están dadas las condiciones para que eso ocurra, en tanto, los medios seguirán sacrificando su principal capital: la credibilidad de sus audiencias. Mientras los analistas y medios no hagan transparentes sus conflictos de interés o sus preferencias políticas en tiempos de elecciones, las mejoras a la calidad de la democracia y nuestras instituciones seguirán siendo tareas pendientes.
Si se habló de una nueva forma de gobernar, ya es hora de empezar a hablar de una nueva forma de informar, pero sin letra chica. Al confundir objetividad con paternalismo, los medios en Chile no se atreven a salir del clóset y hacer públicas sus preferencias políticas. Si bien los medios se enfrentan al problema de satisfacer tanto los intereses de sus dueños como los de sus audiencias, para fomentar la competencia en el mercado de la información, es necesario reemplazar la objetividad por la transparencia y la fiscalización. Este el cambio de paradigma que estamos enfrentando, impulsado principalmente por la masificación y el acceso a Internet. La llegada de Bofill a Chilevisión plantea estas preguntas. Aunque también surgen otras en relación a TVN, canal que por ley tiene que satisfacer los intereses de "todos los chilenos". Por lo mismo, quizás también llegó la hora de definir si el país realmente quiere tener un canal público de verdad, sin letra chica. Eso sí, antes hay otras prioridades.
El gobierno entregó el primer informe donde detalla el monitoreo que está realizando a lo que se conversa en las redes sociales. Sería interesante saber en el informe el total de gente cuyas conversaciones han sido monitoreadas, al igual que las fuentes (redes sociales) desde las cuales se mapean dichas conversaciones.
Cabe destacar el trabajo de la fundación Vota Inteligente para solicitar vía ley de acceso a información pública estos datos.
Acá se puede descargar el informe: http://bit.ly/px5SaU
Lo interesante del monitoreo del gobierno a las redes sociales tiene que ver con preguntas que van más allá de la privacidad. También sobre qué entiende el gobierno por ciudadanía y la deliberación sobre los asuntos públicos. Lo del gobierno no es novedad, el monitoreo ya existe en otras dimensiones de la vida cotidiana (cuando compramos en un supermercado o ponemos "me gusta" en Facebook).
Acá adjunto una breve reflexión acerca del monitoreo del gobierno a las redes sociales.
1.
Viajando por Concepción, al llegar a Dichato, aparecen las primeras señales de una tragedia que aún no termina. Restos de casas con los nombres de sus habitantes pintados en destruidas murallas. Claramente esos nombres murieron el 27-F. En el camino, un grupo de pobladores protesta en la calle, piden dinero para una olla común. De fondo, un cartel pintado con grandes letras rojas, señala que llevan dos inviernos sin una casa definitiva. Reclaman que el gobierno todavía no les da una solución habitacional.
2.
La portada del diario El Sur de Concepción tiene una foto de dos carabineros tomando con fuerza a un poblador en Dichato. El artículo en el interior relata las demandas de los pobladores y una extensa entrevista a una autoridad que señala lo bien que va el trabajo de reconstrucción en la zona. De paso, el diario informa sobre la visita de Piñera a la región. Eso sí, señala que en vez de asistir a Dichato, el Presidente visitará Arauco.
Una señora se queja por el estado de la ciudad después del 27-F. Comenta que la gente está enojada porque la reconstrucción ha sido muy lenta en la región. El enojo va más allá de la lentitud, dice que también es un asunto de prioridades. El gobierno ha decidido vender los derechos de aguas y financiar con esos recursos la extensión del metro en Santiago.
La última edición de The Economist viene con un interesante especial sobre los cambios en la industria de medios de comunicación. Disponible acá.
Adjunto dos artículos que me parece interesante comentar. El primero plantea que la cobertura de los medios tiene que priorizar la transparencia y la fiscalización por sobre la objetividad. Cuando lo privado se hace público, en la era de Internet, cuesta entender que los medios sigan apelando a la objetividad como su principal capital. Hoy los medios más consumidos -y por ende los más rentables- fiscalizan al gobierno de turno y revelan sus preferencias políticas. En Chile esa es tarea pendiente, pero no por ello lejana. Por ejemplo, un 55% de los encuestados señaló en 2010 que los diarios debieran hacer públicas sus preferencias políticas en tiempos de elecciones (Conicyt, UDP & Feedback, 2010). Lo mismo tiene que ocurrir con analistas de medios que no revelan sus conflictos de interés ni sus afiliaciones al momento de analizar fenómenos sociales. Cuando los analistas transparentan sus intereses contribuyen tanto a la calidad del debate público como a la credibilidad de los medios de comunicación que les dan tribuna.
The internet is making news more participatory, social, diverse and partisan, reviving the discursive ethos of the era before mass media. That will have profound effects on society and politics
El segundo artículo, acerca de los cambios en la industria de medios de comunicación en la era de Internet, propone que las audiencias -ahora productores y consumidores de información- acceden hoy en día a una diversa gama de flujos informativos. Y es ese acceso y diversidad lo que nos hará volver a la era de la deliberación en espacios públicos. "The internet is making news more participatory, social, diverse and partisan, reviving the discursive ethos of the era before mass media. That will have profound effects on society and politics", plantea el artículo. Ahora bien, este tipo de afirmaciones hay que leerlas con cautela. Por ejemplo, una cosa es que en la era de Internet la transparencia sea un valor preciado por ciudadanos y consumidores, y otra es que sean los medios, las tecnologías y sus transformaciones las que determinen el surgimiento de demandas sociales. En Chile hay una relación positiva entre aquellos jóvenes que participan políticamente y utilizan redes sociales, aunque quienes lo hacen son aquellos de nivel socioeconómico más alto. El baile de los que sobran se traspasa al mundo online y todavía ese tipo de predicciones de The Economist hay que leerlas sin olvidar el contexto desde donde se plantean.
Este tipo de discursos asociados a la democratización y la participación como consecuencia del uso de tecnologías, olvida las formas que tienen las personas de entender esos conceptos y cómo los construyen en la práctica a través de los usos que le dan a Facebook o Twitter. Con esto no desconozco el papel que las redes sociales pueden tener en movimientos sociales, pero de ahí a atribuirle esos movimientos al uso de Facebook y Twitter, como lo han hecho algunos medios nacionales, es otra cosa. El fetichismo tecnológico no puede nublar procesos sociales como el del movimiento estudiantil, ni tampoco esconder las motivaciones de quienes participan en ellos o el papel que tienen tecnologías como las redes sociales en su articulación y desempeño.
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