Mientras las agencias de publicidad, las empresas - y ahora también el Estado- crean que es posible generar cambios culturales a través de “rostros” de igual manera como se vende un shampoo, seguirán reprobando en el desafío de realizar una transformación en la ciudadanía tanto en sus prácticas de consumo y valores, como en la propia credibilidad de ésta frente a dichas propuestas.
Arturo Arriagada I.
