La reciente muerte del General Bernales sacó a relucir la peor cara de los medios de comunicación y sus audiencias. Mientras tuvieron la oportunidad de informar lo que significa ser carabinero en Chile, los medios optaron por crear noticias basadas en el llanto y la emoción de la gente. Pero cuando alrededor de un millón de personas siguió por televisión el funeral de Bernales, los medios no tuvieron incentivos para renovar sus pautas noticiosas y estimular a nuevas audiencias.
Arturo Arriagada I.Â
3 de Junio, 2008
La culpa no es del chancho
Arturo Arriagada I.
Escuela de Periodismo
Universidad Diego Portales
La reciente muerte del General Bernales sacó a relucir la peor cara de los medios de comunicación y sus audiencias. Mientras tuvieron la oportunidad de informar lo que significa ser carabinero en Chile, los medios optaron por crear noticias basadas en el llanto y la emoción de la gente. Pero cuando alrededor de un millón de personas siguió por televisión el funeral de Bernales, los medios no tuvieron incentivos para renovar sus pautas noticiosas y estimular a nuevas audiencias.
De acuerdo a distintas encuestas, tanto Carabineros de Chile como los medios de comunicación en general figuran entre las organizaciones que generan más confianza en los chilenos. La audiencia que siguió por televisión el funeral del General Bernales reafirma lo anterior. Según datos de la empresa Time-Ibope (www.timeibope.cl), la transmisión especial de Canal 13 obtuvo 20,6 puntos de rating hogar, ubicándose en el segundo lugar de los programas más vistos ese dÃa. Como referencia, el programa más visto fue Animal Nocturno de TVN con 21,4 puntos. Si tenemos en cuenta que 1 punto de rating equivale a 11.534 hogares y a 46.325 personas, podemos calcular que 954.295 chilenos vieron la transmisión de un funeral en televisión.
Más allá de los cuestionamientos que se pueden hacer a la forma que tuvieron los medios -especialmente la televisión- de abordar la muerte de un carabinero, es entendible que los medios asuman esa posición cuando se mezclan dos variables a la hora de construir una noticia. En primer lugar, la confianza que tienen las personas tanto en Carabineros como en los medios masivos jugó a favor para informar el hecho. Si en vez del General Bernales hubiese muerto un periodista referente para los chilenos en similares circunstancias, estarÃamos viendo la continuación del funeral de Julio MartÃnez. Mismas variables, similar resultado.
En segundo lugar, gracias a la transmisión televisiva, la emoción que implica un hecho tan Ãntimo como un funeral entró en el living de las casas de miles de chilenos. De esta forma, estamos ante un "acontecimiento mediático" donde los ciudadanos se conectan masivamente a través de los medios, interactuando como consecuencia de un hecho mediatizado. La Teletón o la visita del Papa a Chile en 1987, pueden ser considerados acontecimientos mediáticos.
Al momento de informar y ser informados, medios y audiencias fueron permisivos al aceptar la emoción como único sustento de la información. Y en ello no hubo filtros. Desde las declaraciones de polÃticos sedientos por aprecio popular, hasta el llanto incontenible de una familia que pierde a un ser querido, todo fue echado en un mismo saco como si fueran noticias de interés nacional.
Ahora bien, cuando los periodistas invocan como principio moral de su existencia la posibilidad de acercar la realidad a las personas, la cobertura del funeral del General Bernales refleja que hicieron bien su pega. Con móviles desde las calles de Santiago, transmitieron el sentimiento popular de los ciudadanos. Si bien no fue en un formato noticioso, lo hicieron a través de los chorros de emoción transmitidos. De esta forma, los medios llevaron a las casas de un millón de chilenos lo que pasaba en la calle. Y la audiencia -en este caso, los otros chilenos- vio ese hecho en el living de su hogar.
Desde el punto de vista de los medios, la reacción de las audiencias ante este hecho no es ningún incentivo para mejorar los procesos y la calidad de la información que entregan. Con casi un millón de espectadores, los canales de televisión tuvieron la oportunidad de difundir publicidad tanto de sus propios programas como de los auspiciadores que los financian. Negocio redondo. De igual forma, las audiencias pudieron satisfacer sus deseos de emoción y empatÃa con sus pares - los otros que veÃan televisión- a través de la muerte de una persona que les generó aprecio.
En un escenario donde el periodismo como profesión se ve obligado a cambiar a la misma velocidad que los avances tecnológicos, el concepto de "noticia" que utilizan los periodistas para informar debiera evolucionar de igual forma. Pero al aspirar a informar sólo con empatÃa y emoción -con el fin de interpretar a las audiencias- es posible caer en extremos como el del fin de semana. Los medios que informaron la muerte del General Bernales confundieron la emoción como elemento de una noticia, con la noticia en sà misma. Pero fueron las audiencias que -con su sintonÃa- avalaron ese hecho. A veces la culpa no siempre es del chancho, o mejor dicho, de los medios.

Toda la razón. Me da entre pena y rabia sentarme a ver lo que se llaman "noticias". Lo que se vinculaba como nota hoy en dÃa pasó a ser reportajes-documentales "dentro de". 15 minutos para conocer la historia de esfuerzo de un pescador en Chiloé. Si uno mira a los gringos, las noticias duran media hora y son solo eso, noticias.
Todos vivimos en carne propia la muerte del general. Donde iba, era tema recurrente, donde mirara, la noticia corrÃa entre sollozos.
El uso de las emociones es la gran máquina que mueve a los medios en este paÃs. En el publicidad también se da cuenta de este hecho como uno de los grandes recursos creativos.
Un paÃs entero en lagrimas, un auspiciador más el programa.
Saludos
Liga Creativa Publicitaria
http://lcp.cl
Creo es importante dejar en claro algunas cosas que el articulo logra incentivar, pero a mi gusto confunde. Aqui en un momento se le llega a enlodar a la audiencia,llegando incluso a tildarla de culpable, como quien fuese la responsable de darle afrecho al Chancho. Uff, en un pais donde la sociedad civil no existe como actor social de peso, acaso se espera que ante un aconcetimiento como la muerte de un General de Carabineros los televidentes tengan el "paladar" suficiente como para "catar" y "elegir" mmm.. saben, mejor no consumire los contenidos emitidos por la TV porque me entregan mas emociones que informacion noticiosa. Porfavor, en un pais donde ademas segun estudios internacionales solo el 15 porciento de la poblacion entiende lo que lee, pedirle a la audiencia que ella sea la responsable de la calidad mediatica es confundir los planos segun mi lucido punto de vista. En cuestion de responsabilidades, son las elites las que cumplen el rol conductor, y a mi juicio es aqui donde radica la mayor falencia del actual estado de la realidad nacional Hoy. Prefiero que se entienda a la audiencia como un "Chancho", pues claramente hace años que la gran poblacion esta consumiendo pesima calidad de contenidos, y en esta logica la responsable "quien le da el afrecho" son quienes dirigen las lineas editoriales y el adamiaje madiatico. Si el incentivo por mejorar la calidad, ha de llegar de alguna parte, no va a ser a partir de la conducta de la audiencia, sino mas bien de una revision interna sobre cual es el rol que deben cumplir los medios masivos para un proyecto social comun.
Concuerdo con Arturo, pero Ricardo (comentario anterior) la vende muy bien también.
Me permito agregar algo que creo que ambos dejaron fuera: el deber de los medios de liderar discusiones con altura de miras. En este caso no se trató de una discusión propiamente tal, pero la prevención corre igual. No porque las masas lo quieren debe producirse. El talento está justamente en hacer rentable (que también hay que ganarse las lucas, no?) lo que las masas no han pedido, pero que terminan valorando igual.
A todo esto (algo de autobombo no es tan malo, creo), yo también escribà algo al respecto aquÃ.
Es un tema no menor, pero obviamente los medios no van a criticarse a sà mismos. SerÃa un poco ilógico.
Hablé de lo mismo en mi panel de Medios en Via-X la semana pasada y en mi humilde modo de pensar, esto responde a una necesidad emotiva por parte del pueblo chileno. Es tan estática la vida en el paÃs... parecieran haber tan pocas cosas que nos unan como personas, que la desproporcionada cobertura a la muerte de Bernales provocó tal como ha pasado con otros echos los últimos años, una movilidad gigante en la poblacion.
A mi parecer (sin intentar desmerecer la labor del General Bernales), este caso es similar al revuelo de Morricone o la Pequeña Gigante... era un momento de ser parte de la historia inmediata del pais, de vivir un tema emotivo y unificador para todos. Daba igual si uno lo ubicaba o no (dudo que más del 10% de la poblacion civil supiera su nombre antes de su muerte) el caso era estar ahi, sentir la histeria colectiva y llorar con el paÃs.
Buen tema.
A mi gusto el problema radica en que los medios no están conscientes de su responsabilidad social y las quieren todas: influir para conseguir determinados objetivos, pero no influir cuando se trata de formar e informar. El punto es que toda decisión implica costos y los periodistas no asumen los suyos: deben hacerse cargo del rol social que tienen; asà como un doctor tiene secreto profesional y opera a sus pacientes con todos sus sentidos puestos en el quirófano, un periodista debe informar con criterio y rigor profesional, consciente de que todo lo que escriba, diga o exhiba será leÃdo, escuchado o visto por alguien.
Cuando escucho que la excesiva cobertura a la muerte del Gral. Bernales fue una cortina de humo del gobierno para esconder la "crisis", me parece bastante absurdo. Bastan apenas unos minutos mirando cualquier noticiero para constatar que los medios tienen problemas para la "meritocracia mediática": darle a cada noticia el espacio y cobertura que merecen.
Uta los weones cerrados a sus propias y únicas conclusiones de la cobertura del general.
Para estos weones, la emotividad la tocan casi sin sensibilidad.
La opinión de estos fracasados, es una falta de respeto a la mayorÃa que prefirieron seguir los funerales.
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