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10/3/2010 - Ciudadanía digital, democracia análoga

Ciudadanía digital, democracia análoga
Arturo Arriagada
Revista Poder
Febrero, 2009

Hasta ahora las campañas políticas son como un reality. Candidatos y aspirantes a famosos se muestran cercanos, honestos y consecuentes para obtener el voto de ciudadanos y audiencias. Pero los reality parecen ser más eficientes que las campañas en captar el interés de los jóvenes. Con la implementación del voto voluntario -y para convocar a quienes hasta ahora no votan- los políticos tendrán que poner más atención a los intereses de personas que se relacionan con el mundo a través de internet y la televisión.

En una sociedad donde los medios de comunicación configuran la vida cotidiana de las personas, la política como instancia de deliberación de los asuntos públicos se ha ido adaptando a la lógica de los medios. Las frases cortas en vez de grandes discursos, la delgada línea entre la vida pública y privada de los políticos y el cambio de las ideologías por apuestas más cercanas a la publicidad de estilos de vida, son algunos ejemplos de esa adaptación. Si la política se ha simplificado para convertirse en un "evento mediático", ¿por qué los casi 3 millones de jóvenes no-inscritos no logran sintonizar con esta nueva "programación"?.

Las transformaciones sociales que ha vivido Chile en los últimos 20 años han redefinido el concepto de "ser-ciudadano". La participación en actividades políticas, en partidos y organizaciones sociales, el voto como un deber y la discusión de asuntos públicos gracias a la información de los medios, podría asociarse a un tipo de ciudadano más propio de los 60 que del bicentenario. En cambio, para esos millones de no-inscritos en los registros electorales, ser ciudadano sería una instancia menos comprometida con las instituciones. El voto no es una obligación y la expresión política se lleva a la práctica a través de decisiones de consumo, voluntariado o activismo. Estas personas no siempre confían en los medios como fuente de información y potencian sus relaciones sociales a través de internet. Al primer grupo Lance Bennett, académico de la universidad de Washington, los llama los "ciudadanos obedientes" y al segundo los bautiza como los "ciudadanos actuales".

El "ciudadano actual" representa la desconexión con una cultura política que genera desconfianza. En Chile, un 43% de los jóvenes entre 18 y 29 años no está dispuesto a participar en las elecciones en el futuro, mientras un 41% considera que sus acciones no inciden en las decisiones de las autoridades, según la encuesta Feedback-UDP de 2009. Hasta ahora los políticos piden que los escuchen, pero estos datos dan cuenta que ellos no están poniendo atención a las motivaciones, demandas e iniciativas de los "ciudadanos actuales". Lo más preocupante es que a menor nivel socioeconómico, mayor la desconfianza y el desinterés en participar.

Poco a poco internet emerge como un espacio para el ejercicio de la política. En el Reino Unido en las elecciones de 2005, diversos estudios confirmaron que los jóvenes -a diferencia de los adultos- participaron del proceso político en internet, considerándolo un espacio confiable y efectivo. En Estados Unidos, durante la campaña de Obama ocurrió lo mismo: en el caso de los jóvenes, internet pasó a ser una herramienta de conexión y compromiso ciudadano con la política, reconocida y validada por el candidato.

En Chile, las dinámicas de organización, comunicación y participación que se dieron en las protestas en Facebook por la "estatua del Papa" dieron cuenta del mismo fenómeno. De la deliberación sobre este asunto público en foros se pasó a la acción en las calles y a la conversación cotidiana sobre el tema. Todo ello a través de la recomendación. A su vez, reflejó las temáticas que motivan a esos jóvenes a participar, mucho más asociados a la defensa de un estilo de vida con resultados en el corto plazo. Así, combinan intereses colectivos -como el cuidado del medio ambiente o el uso de espacios públicos- con el individualismo propio del consumo y los estilos que defienden. Además, la mezcla de humor y entretención en este tipo de participación política no se asocia a la estructura y lenguaje del actual discurso político, más vertical que horizontal. Con esas prácticas los "ciudadanos actuales" atacan la falta de autenticidad que ven en el ejercicio de la política y que los aleja de participar (Estudio Lado Humano-UDP, 2009).

La falacia de la participación que promovieron los candidatos presidenciales en sus campañas online sería una tarea pendiente para los "ciudadanos actuales". Sus sitios web no siempre fomentaron la formación de comunidades que establecieran vínculos de acuerdo a los intereses particulares de los usuarios. Más bien operaron como canchas con reglas y temas predefinidos por los candidatos. Es distinto organizar una "pichanga" en la calle entre desconocidos que jugar obligado con los compañeros de oficina en la fiesta de fin de año. Así se entiende que tan solo un 2,9% de los chilenos haya utilizado internet para obtener información en las elecciones pasadas (ICSO-UDP, 2009).

El desafío para los políticos es generar incentivos que estimulen la participación de los "ciudadanos actuales". El debate sobre la reforma de salud en Estados Unidos y la campaña online de Obama para llevar a la práctica el lobby ciudadano representa un estilo de gobierno que va más allá del voto. También intenta empoderar a los ciudadanos para que se hagan cargo del destino de su país, lo que implica expandir la agenda de temas de discusión pública. Para evitar fomentar la desigualdad entre los ciudadanos obedientes y actuales, la masificación de internet en Chile va a tener que dejar de ser materia pendiente. Por lo mismo, el futuro gobierno debiera insistir en validar cada vez más la participación online.

Para lograr que los millones de "ciudadanos actuales" acudan a votar a las urnas en las próximas elecciones, los políticos no la tienen fácil. Si hasta ahora la participación política se reducía al voto, con el cambio en el sistema electoral la participación online toma relevancia para concretarse en las urnas. Ahora los futuros gobernantes tendrán incentivos potentes para prestarle atención a las dinámicas de conversación y participación online de esas personas. En internet los políticos podrán construir sus propios estadios, pero las reglas, los jugadores y el estilo del partido que se juega lo tienen que elegir los ciudadanos.

21/1/2010 - Los desafíos de Chilevisión

21 de Enero, 2010
Los desafíos de Chilevisión
Arturo Arriagada
El Mostrador

Al ofrecer entrevistas con condiciones, Sebastián Piñera da una señal de seguir más preocupado de sus negocios en vez de su futuro gobierno. Para despejar dudas sobre sus conflictos de interés y entregarle independencia informativa, Piñera tiene que dejar la propiedad de Chilevisión (CHV). En caso contrario, pone en peligro la confianza de los chilenos hacia ese canal en particular y los medios de comunicación en general.

Con la llegada de Piñera a la propiedad de CHV, el canal ha sido exitoso en términos de rentabilidad y audiencias. Junto con Mega -en el primer semestre de 2009 - CHV fue el canal de televisión más rentable dentro de una industria pequeña pero competitiva. De acuerdo a los datos de la encuesta ICSO-UDP en 2009 -después de TVN (45%) - CHV fue el segundo canal más visto por los chilenos para informarse (22%).

Entre 2005 y 2009 -después de El Mercurio- los chilenos perciben a CHV como el medio de comunicación más inclinado hacia la derecha (ICSO-UDP). Si bien las personas se informan por medios que no necesariamente representan sus posiciones políticas -desde que Piñera se instaló como propietario- las audiencias perciben una derechización de CHV. Aunque esas percepciones pueden estar influidas más por la asociación "Piñera-propietario-derecha" que a los temas tratados por el canal de televisión. La similitud en la agenda temática de diarios y televisión en Chile -en temas como deportes y delincuencia- impide asignarle a CHV una dirección muy distinta a la del resto de sus competidores.

La información de los medios de comunicación es central para la sustentabilidad de la democracia. Con ella las personas pueden tomar decisiones políticas informadas y establecer criterios de evaluación del desempeño de los gobiernos. En Chile los medios -especialmente la televisión- son la principal fuente de información de los chilenos. En los últimos años tanto la prensa escrita como la televisión han aumentado su rol fiscalizador del poder público, fomentando una cultura de la transparencia. Escándalos políticos como el caso Spiniak, MOP-Gate y el del ex senador Lavandero no se habrían develado si no es por el activo rol de los medios. Además de sus posiciones políticas y evaluaciones personales de los gobiernos de la Concertación, la victoria de Piñera probablemente esté asociada a la información que encontró ese 51,5% de chilenos en los medios. En este contexto, la existencia de medios fiscalizadores genera incentivos para que los gobiernos actúen con mayor transparencia.

Al ser más competitiva que la prensa escrita, la industria televisiva ha dado mayores señales de transparencia respecto de sus propietarios y potenciales conflictos de interés. Los problemas de Piñera y CHV son ampliamente conocidos a diferencia de conflictos de interés que se presentan entre propietarios de prensa escrita y otras empresas u organismos públicos. En TVN, Consuelo Saavedra fue relegada a un rol más secundario como rostro informativo mientras Andrés Velasco se desempeña como ministro de Hacienda.

Por esto mientras más se demore Piñera en decidir la venta de CHV, más incomoda a sus periodistas y equipo de prensa. El rechazo de Iván Núñez a realizar una entrevista condicionada por el ahora presidente electo daña a CHV. Pero de paso afecta al resto de los canales que aceptaron hacer la entrevista sin preguntar por el futuro de LAN. La independencia y el valor de esos profesionales no se puede ver afectada por las decisiones del dueño del canal. Por ello los rostros emblemáticos de CHV -que gozan de altos niveles de credibilidad e independencia- debieran exigirle públicamente a Piñera que se desprenda del canal. Lo de Núñez fue la primera señal.

En 2009 la gran mayoría de los chilenos consideró que los medios de comunicación ejercen su rol informativo con libertad (68%, ICSO-UDP, 2009). Pero en comparación con años anteriores, los chilenos desconfiaron más en la televisión y los diarios (42% y 46%, respectivamente). Por lo mismo -y ya que son actores centrales en la democracia- Piñera no puede fomentar la desconfianza de los chilenos en los medios. En este escenario, por el bien de la independencia de CHV como una fuente importante de información y evaluación del desempeño del gobierno de turno, el ahora presidente electo tiene que dejar la propiedad de ese medio de comunicación. De lo contrario, Piñera comenzará a parecerse cada vez más a Berlusconi, arriesgando el prestigio y la institucionalidad de la presidencia. Algo que ni el propio Piñera ni el país espera.

15/6/2009 - Medios fiscalizadores, mejor democracia

15 de Junio, 2009
Medios fiscalizadores, mejor democracia
Arturo Arriagada
El Mostrador

Cuando existen medios de comunicación fiscalizadores del poder político y económico, mejora la calidad de la democracia y los ciudadanos confían en sus instituciones. En vez de criticar a los medios, la clase política debiera buscar mecanismos para potenciar el rol fiscalizador de la prensa en una sociedad que lo pide a gritos.

A nadie sorprende el reportaje de Informe Especial sobre las andanzas de los diputados en el Congreso. Los honorables ya están bastante desprestigiados ante la opinión pública para causar ese tipo de reacciones. Lo que sí causa extrañeza son las críticas y silencios de la clase política -y de los propios periodistas- al rol fiscalizador de los medios de comunicación. Pese a ser una de las pocas instancias que tienen los ciudadanos de monitorear el actuar de sus representantes, la discusión se centró en los criterios periodísticos del programa. Más allá de las niñerías que se mostraron en pantalla -como las visitas a Facebook en plena sesión- el problema está en las omisiones a los conflictos de interés de los honorables, sus declaraciones de patrimonio y la eficiencia en el uso de recursos públicos.

Esas omisiones son las que impiden nivelar las asimetrías de información y que fomentan la desigualdad en los niveles de información de las personas. Al estar pendientes del número de diputados de derecha que salieron en el reportaje, los reclamos de algunos miembros del directorio del canal público -elegidos por cuoteo en el Congreso- sólo dan cuenta de su ignorancia frente a la necesidad de pluralismo, diversidad y fiscalización propias de una democracia representativa. Esa tarea recae en gran parte en los medios de comunicación. Así, una ciudadanía informada sobre el desempeño de las autoridades puede tomar mejores decisiones políticas a la hora de elegir a sus representantes.

Los medios de comunicación dicen deberse a sus audiencias. Esa declaración de principios se cumple al pie de la letra cuando se trata de entretención o fiscalización del sector público. Allí funcionan la competencia y las exclusivas en el mercado de la información. Ya que no le pueden dar con un garrote a quienes solventan sus costos, los medios se ven limitados de fiscalizar a empresas que tienen alto impacto público. Solo así se puede justificar la omisión de los medios en la colusión de las farmacias. Frente a ese hecho, las audiencias se enfrentaron a una publicidad engañosa que dice que los medios -al igual que los políticos- representan los intereses de la ciudadanía.

Pese a esas limitaciones, los medios también podrían dar mayores señales de transparencia para luego exigirla al sector público. La falta de competencia que se da en el mercado de la prensa escrita, así como los conflictos de interés políticos y empresariales asociados a la propiedad de los medios en el caso de la televisión, son tareas pendientes para quienes aspiran ser guardianes de la transparencia. Si a esto agregamos la escasez de indicadores de lectoría, rating y tendencia en la cobertura de los hechos noticiosos, terminan por dificultar a las personas la tarea de elegir la fuente de información que responda de mejor forma a sus intereses.

Estas limitaciones y omisiones en el trabajo de la prensa afectan la confianza ciudadana en los medios y su impacto en la calidad de la democracia. La última Encuesta Nacional UDP (2008) reveló sólo que un 36% de los chilenos confía en los diarios y un 39% en la televisión. Si bien es el medio que más utilizan para informarse, un 51% considera que las noticias de televisión son influyentes en las decisiones de las autoridades. Pero a la hora de fiscalizar, 7 de cada 10 personas cree que los medios aportan en la denuncia de escándalos, aunque sólo 5 de cada 10 considera que los medios transparentan el funcionamiento de la política.

El malestar social que se evidencia en la actual campaña presidencial también afecta a los medios de comunicación. Los candidatos podrían aprovechar esta instancia para proponer medidas que refuercen el poder fiscalizador de los medios y así estimular la confianza ciudadana en los distintos actores sociales. En el caso específico de TVN -dado que la transición se acabó hace un rato- una propuesta que establezca criterios de competencia y transparencia en la elección de los miembros de su directorio es un buen comienzo. También la creación de un fondo concursable para la realización de programas o reportajes de investigación que sean difundidos en TVN o La Nación y que apunten a la fiscalización de empresas de alto impacto público. Así será posible avanzar y corregir las asimetrías de información que afectan la calidad de la democracia y fomentan la desigualdad en Chile.

 

26/11/2007 - Encuesta Nacional de Opinión Pública UDP 2007

De acuerdo a los resultados de la Encuesta Nacional de Opinión Pública UDP 2007, el canal de televisión más visto por los chilenos para informarse es TVN (37,5%), seguido por Chilevisión (22,9%) y en tercer lugar se encuentra Canal 13 (18,2%). En el caso de los diarios, la feroz batalla que están teniendo La Tercera y El Mercurio al parecer tiene un ganador para el presente año. Un 15,5% de los encuestados señala informarse por el Decano, mientras que un 13,8% dice hacerlo por La Tercera. Interesante cambio, ya que en la misma encuesta del año pasado un 19,2% decía leer La Tercera y un 12,1% leía El Mercurio. En todo caso las cifras no son tan alentadoras, ya que un 24,1% de los encuestados (a diferencia del 20,4% del año pasado) dice no leer ningún diario.
Interesante el dato que esta encuesta da a conocer respecto a la visión que tienen los chilenos de los medios. Un 51% cree que las noticias de la televisión influyen "bastante" o "mucho" en las decisiones políticas del país, pero un 63% considera que es la opinión de los grandes empresarios la que tiene mayor influencia.
La base de datos de la encuesta UDP estará disponible a contar del 3 de diciembre. Por mientras, pueden revisar el comunicado de prensa y el PPT emitido por la UDP.

Arturo Arriagada I.

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