pinochet

5/5/2009 - ¿El cambio está aquí?

04 de Mayo de 2009
¿El cambio está aquí?
Arturo Arriagada
El Mostrador

Mientras más se esfuerzan por representar el cambio, más se encierran los candidatos presidenciales en sus propios miedos y debilidades. Para que la ciudadanía no tenga que optar por el mal menor, tendrá verdaderas posibilidades de reencantar a los votantes el candidato que se atreva a hablar del futuro, pero que al mismo tiempo esté dispuesto a pagar los costos no asumidos por sus acciones en el pasado.

Piñera y Frei están obsesionados con la idea del cambio, aunque ninguno de los dos en realidad lo representa. Ambos ven en esa palabra la única alternativa para llegar a La Moneda y terminar con la ansiedad que genera la opción de tener o perder el poder. Piñera siente que su momento de hacer realidad la teoría del "desalojo" y ser parte de los libros de historia ha llegado, en tanto Frei intenta consumar el liderazgo de la Concertación en un contexto donde la coalición de centro-izquierda le hace poco honor a su nombre. Pero la estrategia del "cambio" abrazada con fervor por ambos candidatos no parece ser la mejor opción para reencantar a la ciudadanía.

Piñera y Frei no han logrado controlar la agenda política con propuestas de cambio y futuro. Mientras el primero se trata de desligar -aunque de manera poco efectiva- del conflicto "política y negocios", el segundo concentra su atención en potenciar el rol del Estado cuando la Alianza prepara una ofensiva por su rol en la compra de los aviones F-16 mientras era gobernante. Si la de Frei parece ser una estrategia más alineada con los intereses de la ciudadanía, Piñera sigue más preocupado del futuro de sus inversiones. Cuando ambos candidatos se atoran tratando de inventar la forma de gobernar sin "cuoteo", nuevamente tropiezan con la cultura política que tanto la Alianza como la Concertación han creado y ejercido tanto a nivel comunal como desde el Estado.

La alternativa que tienen Frei y Piñera de innovar es construyendo un relato que se haga cargo de las tareas pendientes de los gobiernos de la Concertación y de las fallas de la Alianza como oposición durante 18 años. Eso no tiene que ver con cambio, sino con valentía y con la disposición a pagar costos que pueden ser dolorosos. Lavín lo hizo en 1999 cuando -apelando también al cambio- tuvo gestos y propuestas alineadas con el concepto. Pidió perdón en nombre de la dictadura -para la que trabajó en su momento- y con ello intentó desligarse de Pinochet con algún éxito. Pero sus esfuerzos no alcanzaron para cambiar a los generales de su partido -la UDI- los mismos que habían estado con Pinochet y se perfilaban como futuros ministros.

Por lo mismo, la aparición de Enríquez-Ominami no hay que mirarla con liviandad. El actual diputado socialista se está haciendo cargo de debatir respecto al descontento ciudadano con una forma de hacer política que está dando indicios de ineficiencia. Al mismo tiempo, propone temas en la agenda que -independiente de la forma en que los pueda concretizar- obligan a repensar la manera en que la sociedad chilena ha evolucionado en la última década. Su estrategia de hablar de los derechos de los consumidores y la transparencia en las donaciones de campaña son algunos ejemplos. En tanto Frei y Piñera no cuenten, por ejemplo, quién financia sus campañas o cómo van a potenciar la defensa de los derechos del consumidor después del caso de las farmacias, seguirán sin hacerse cargo de los errores del pasado para proponer nuevas alternativas que generen confianza en la ciudadanía.

En 2002, Eugenio Tironi afirmaba que el cambio se instalaba en Chile después de la elección Lagos-Lavín. Siete años después seguimos viendo que ni él ni los actuales candidatos han cambiado mucho en su forma de hacer política. Tironi no contó en una reciente columna en El Mercurio -donde alababa la candidatura de Frei- que se desempeñaba como asesor de esa campaña. Piñera, por otra parte, difunde con entusiasmo su propio fideicomiso ciego cuando sigue como dueño de Chilevisión, LAN y Colo-Colo. Al parecer, el cambio no ha llegado a Chile y -hasta ahora- no tiene para cuando llegar.

7/8/2008 - Salir del closet

Salir del closet
Arturo Arriagada
Escuela de Periodismo
Universidad Diego Portales

En Chile ver a artistas apoyando a políticos en periodos electorales es un símbolo más propio de la Concertación que de la Alianza. Lo que en EE.UU. se conoce como "endorsement" -el respaldo de personalidades del espectáculo a candidatos en tiempos de campaña- es una herramienta que la derecha chilena debiera explorar. Aunque la democracia promueve este tipo de instancias, en Chile todavía cuesta imaginar que los artistas salgan del closet para apoyar a Piñera.

Cuando Joaquín Lavín apareció en 1999 acompañado por la cantante Myriam Hernández en sus actos de campaña, muchos pusieron cara de asco. Era la primera vez que una artista de gran popularidad se abanderaba con un político de derecha en el Chile post Pinochet. Y si bien la letra de su canción más popular -El hombre que yo amo- funcionaba como una especie de jingle del entonces candidato presidencial, ninguno de los dos se vio beneficiado por la colaboración. La prensa criticó el ingreso de Hernández a la política y Lavín no logró llegar a La Moneda. Lo mismo ocurrió en 2005 cuando Lavín reclutó al actor Vasco Moulian. El director de teatro infantil más exitoso del país provenía de una familia tradicionalmente asociada a la izquierda, lo que fue despreciado por los medios y el mundo de la cultura.

En la carrera por la presidencia de EE.UU., la popular animadora de televisión estadounidense Oprah Winfrey -una especie de Don Francisco gringa- irrumpió en la campaña de ese país llamando a votar por el candidato demócrata Barack Obama. Una reciente investigación de la universidad de Maryland demostró que el apoyo de Winfrey le permitió a Obama captar alrededor de un millón de votos. Es lo que los gringos llaman "endorsement", es decir, el respaldo de figuras públicas reconocidas por la opinión pública a candidatos políticos sedientos por captar nuevos adherentes.

En Chile tanto en dictadura como en democracia, los medios de comunicación - especialmente TVN - han sido una importante plataforma para convertir a los artistas en actores influyentes. Si bien es común asociar a los artistas con ideas más liberales que conservadoras, los casos de "respaldos" de figuras provenientes del mundo cultural y artístico se han convertido en un capital más propio de los candidatos de la Concertación que de la Alianza.

Aunque en la franja del Sí aparecieron cantantes como Rodolfo Navech, Patricia Maldonado, Los Huasos Quincheros, Paz Undurraga o Antonio Zabaleta, sus voces no sumaron votos para que Pinochet siguiera en el poder y tampoco trascendieron artísticamente después de lo ´90. En tanto los actores y músicos que aparecieron en la franja del No y en las posteriores campañas de la Concertación, son los mismos que han aumentado el consumo cultural de los chilenos -en parte- gracias a la difusión que han tenido en los medios. Algunos ejemplos exitosos de "endorsement" concertacionista son los del grupo de teatro Ictus llamando a votar No, el actor Pancho Reyes apoyando al entonces candidato Ricardo Lagos, hasta Álvaro Henríquez haciendo lo suyo con Bachelet.

Independiente de la realidad electoral de cada país, un "respaldo" exitoso depende de la masividad y aceptación por parte del electorado del personaje que lo realiza. El "endorsement" en Chile refleja que los artistas que apoyan a la Concertación al parecer tendrían una trayectoria artística más reconocida por la ciudadanía, permitiéndoles transmitir mejor su mensaje al electorado. En ese acto de respaldar también hay una apuesta del artista para aumentar su propio rating. Tiene onda ver a un rockero apoyando al candidato de turno, no así al rockero apoyando a un candidato que está en contra de la "píldora". Si bien la Concertación puso de moda el apoyo del mundo de la cultura y las artes -como ellos mismos lo bautizaron-, también se anotó una gran victoria. Los casos de Myriam Hernández y Vasco Moulian reflejan la tensión que genera en la opinión pública que un artista se vincule con posiciones políticas de derecha.

En este contexto, el desafío para la derecha chilena es lograr el "endorsement" de alguien como Oprah. Así podrá aspirar a ampliar el perfil de adherentes en una futura elección presidencial cada vez más incierta. Por ello, Sebastián Piñera debiera estar más interesado en obtener el respaldo de Felipe Camiroaga o Don Francisco - los animadores más populares del país- que el del presidente de Colombia. Pero todavía es mayor el costo para Camiroaga sacarse la foto con Piñera.

Porque en Chile -a diferencia de EE.UU.- la cultura del "endorsement" es un símbolo propio de la Concertación, cuyo antecedente histórico está en la campaña del Sí y el No. Lo que ha sido mérito de la coalición de gobierno debiera ser un incentivo para la Alianza. Esto con el fin de sacar del closet a aquellas figuras del espectáculo cuyo apoyo puede valer más que un millón de amigos en Facebook.

 

19/12/2007 - La guerra de los textos

El Mercurio, en un gran acierto periodístico, acaba de publicar un especial donde se dan a conocer los resultados de la comisión investigadora del Transantiago. Ahora bien, para que los ciudadanos se reencanten con el trabajo de la clase política, deben ver sanciones para los responsables del plan de transportes. En esa tarea, el ex presidente Lagos tiene un rol clave: pedir disculpas.

Arturo Arriagada I.

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