El Mostrador

13/4/2010 - La nueva forma de informar

Abril, 2010
La nueva forma de informar
Revista Poder
Arturo Arriagada

En un momento donde los reacomodos en el escenario político post Concertación y 27-F están a la orden del día, el gobierno de Sebastián Piñera plantea problemas y oportunidades para los medios de comunicación. Problemas, porque hasta ahora la derecha siempre ha estado más cerca de los medios y así lo identifican los chilenos. Era más fácil criticar a los gobiernos de la Concertación que al primer gobierno de derecha en llegar al poder después de 50 años. Oportunidades, porque los medios son un negocio cuyo principal capital es la credibilidad de sus audiencias. Para ser creíbles y rentables hay que ser independientes del gobierno de turno. La nueva forma de informar de los medios en Chile tiene en la fiscalización su mejor aliado. Con ello contribuirán a la calidad de la democracia, demostrando independencia y siendo fieles a las demandas de sus audiencias.

En las democracias modernas, los medios de comunicación se enfrentan a un problema de identidad: intentar equilibrar sus intereses -políticos, económicos y editoriales- con los de sus financistas y las expectativas de sus audiencias. Chile no es la excepción, pero con algunas diferencias. Si en dictadura -algunos medios mas que otros- intentaron ampliar los reducidos espacios de libertad de expresión, en democracia la piedra de tope es la falta de pluralismo. La tendencia a la concentración en la industria de medios -tanto a nivel de propiedad como de las voces que allí se expresan- es un ejemplo. En un estudio realizado junto a Sebastián Valenzuela, concluimos que entre 2000 y 2005 tanto la televisión como la prensa escrita presentaron agendas temáticas muy similares, ignorando las preocupaciones de los ciudadanos. Esto se condice con el 54% de los chilenos que consideró como bajo el aporte de los medios en reflejar los problemas de personas comunes y corrientes (ICSO-UDP, 2008). Si pensamos en los medios como un espacio para la deliberación de los asuntos públicos, estamos frente a una tarea pendiente. Para muchos ese rol lo estaría cumpliendo Internet, aunque la deliberación online todavía no logra legitimarse y masificarse. Ahora bien, no hay que ignorar que para mantener vivo el negocio, los medios han intentado representar la diversidad de intereses de los chilenos. Los problemas de identidad de Canal 13 -el medio de la iglesia católica- son el mejor ejemplo.

La fiscalización del poder político y económico es parte del ethos de los medios de comunicación y el ejercicio del periodismo. En la acción fiscalizadora, los medios contribuyen al desarrollo de la democracia y la deliberación de los asuntos públicos. Pero lo más importante, son actores clave para la construcción de un proyecto colectivo de sociedad, esto último, la esencia de la política. Con la llegada de Sebastián Piñera a La Moneda los medios de comunicación están frente a un gobierno con un pasado poderoso en el ámbito privado. Ahora se ven forzados a fiscalizar un sector que muchas veces ignoran por sus problemas de identidad, como ocurrió con la colusión de las farmacias. Más aun, cuando miembros del nuevo gobierno podrían actuar como fiscalizadores de empresas en las que hasta hace poco compartían propiedad. En su faceta Berlusconiana, Piñera sigue como propietario de Chilevisión, un canal fiscalizado por el Consejo Nacional de Televisión y cuyo presidente -al igual que el de TVN- son designados por el mandatario. Mientras Piñera no venda, la independencia y credibilidad de Chilevisión está en juego a costa de sus periodistas emblemáticos, algunos de los cuales han preferido omitir su opinión al respecto.

En la lucha por cautivar el interés de las audiencias -y en mercados más competitivos que el chileno- los medios han encontrado en la fiscalización a los gobiernos de turno un gran aliado. La estrategia de fiscalización de Fox News en EE.UU. -asociado a posiciones políticas conservadoras- los tiene por sobre CNN en rating y credibilidad de sus audiencias. En Reino Unido lo mismo ha ocurrido con el Daily Telegraph, diario también identificado con los conservadores, que en Mayo pasado reveló el mal uso de recursos públicos por parte de algunos ministros. Además de lograr las renuncias de algunos involucrados, el Telegraph registró un aumento en ventas superando a los influyentes The Guardian y The Independent. Independiente de sus posiciones políticas, estos medios han logrado buenos resultados en términos de audiencia y credibilidad como fiscalizadores del gobierno de turno. Un ejemplo parecido ocurrió en Chile cuando el diario La Tercera - en su lucha por la influencia y la masividad frente a El Mercurio- fue duramente criticado por el entonces presidente Ricardo Lagos. A Lagos -a diferencia de la opinión pública- no le gustaba que los medios fiscalizaran ni los sobresueldos ni la contratación de sus parientes en puestos clave de gobierno.

Con Piñera en La Moneda, algunos medios corren con más ventajas para llevar a cabo la nueva forma de informar. La televisión, pese a que sus niveles de audiencia han bajado en comparación con años anteriores, todavía es un medio poderoso. Es el más utilizado por los chilenos para informarse y el que recibe el mayor porcentaje de inversión publicitaria. También el que puede intentar una fiscalización más eficiente al tener más poder de negociación frente a sus avisadores. Programas como "Esto no tiene nombre", "Contacto" o "Informe Especial" cumplen un rol clave. La fiscalización al sector público y privado que realizan estos programas opera como un incentivo para mejorar el funcionamiento de esos sectores, pero también aumenta la competitividad del mercado televisivo. El caso de la prensa escrita es distinto, ya que adolece de problemas de transparencia que se reflejan en su menor competitividad. La nueva forma de informar de la prensa también implica practicar la transparencia que predican. Hacer públicos sus respaldos políticos en épocas de elecciones y los conflictos de interés de sus propietarios serían avances en esa dirección. Desde la segunda vuelta, equivocadamente la prensa ha descansado su rol fiscalizador en sus columnistas. Aunque ha habido excepciones como las denuncias de El Mostrador frente a la nominación del gobernador del Bío-Bío.

Lo que puede ser un problema para esta industria con la llegada de Piñera a La Moneda, también es una oportunidad. En la medida que aumenten su rol fiscalizador, los medios podrán consolidar la fidelidad de sus audiencias y su rol social. Al mismo tiempo estarán en condiciones de practicar la transparencia que predican, estimulando la competitividad necesaria en el mercado de medios de comunicación. De esta forma, irán consolidando su independencia del gobierno, la fidelidad de sus audiencias y su aporte para la calidad de la democracia. Para hablar de una nueva forma de gobernar, tiene que existir una nueva forma de informar.

21/1/2010 - Los desafíos de Chilevisión

21 de Enero, 2010
Los desafíos de Chilevisión
Arturo Arriagada
El Mostrador

Al ofrecer entrevistas con condiciones, Sebastián Piñera da una señal de seguir más preocupado de sus negocios en vez de su futuro gobierno. Para despejar dudas sobre sus conflictos de interés y entregarle independencia informativa, Piñera tiene que dejar la propiedad de Chilevisión (CHV). En caso contrario, pone en peligro la confianza de los chilenos hacia ese canal en particular y los medios de comunicación en general.

Con la llegada de Piñera a la propiedad de CHV, el canal ha sido exitoso en términos de rentabilidad y audiencias. Junto con Mega -en el primer semestre de 2009 - CHV fue el canal de televisión más rentable dentro de una industria pequeña pero competitiva. De acuerdo a los datos de la encuesta ICSO-UDP en 2009 -después de TVN (45%) - CHV fue el segundo canal más visto por los chilenos para informarse (22%).

Entre 2005 y 2009 -después de El Mercurio- los chilenos perciben a CHV como el medio de comunicación más inclinado hacia la derecha (ICSO-UDP). Si bien las personas se informan por medios que no necesariamente representan sus posiciones políticas -desde que Piñera se instaló como propietario- las audiencias perciben una derechización de CHV. Aunque esas percepciones pueden estar influidas más por la asociación "Piñera-propietario-derecha" que a los temas tratados por el canal de televisión. La similitud en la agenda temática de diarios y televisión en Chile -en temas como deportes y delincuencia- impide asignarle a CHV una dirección muy distinta a la del resto de sus competidores.

La información de los medios de comunicación es central para la sustentabilidad de la democracia. Con ella las personas pueden tomar decisiones políticas informadas y establecer criterios de evaluación del desempeño de los gobiernos. En Chile los medios -especialmente la televisión- son la principal fuente de información de los chilenos. En los últimos años tanto la prensa escrita como la televisión han aumentado su rol fiscalizador del poder público, fomentando una cultura de la transparencia. Escándalos políticos como el caso Spiniak, MOP-Gate y el del ex senador Lavandero no se habrían develado si no es por el activo rol de los medios. Además de sus posiciones políticas y evaluaciones personales de los gobiernos de la Concertación, la victoria de Piñera probablemente esté asociada a la información que encontró ese 51,5% de chilenos en los medios. En este contexto, la existencia de medios fiscalizadores genera incentivos para que los gobiernos actúen con mayor transparencia.

Al ser más competitiva que la prensa escrita, la industria televisiva ha dado mayores señales de transparencia respecto de sus propietarios y potenciales conflictos de interés. Los problemas de Piñera y CHV son ampliamente conocidos a diferencia de conflictos de interés que se presentan entre propietarios de prensa escrita y otras empresas u organismos públicos. En TVN, Consuelo Saavedra fue relegada a un rol más secundario como rostro informativo mientras Andrés Velasco se desempeña como ministro de Hacienda.

Por esto mientras más se demore Piñera en decidir la venta de CHV, más incomoda a sus periodistas y equipo de prensa. El rechazo de Iván Núñez a realizar una entrevista condicionada por el ahora presidente electo daña a CHV. Pero de paso afecta al resto de los canales que aceptaron hacer la entrevista sin preguntar por el futuro de LAN. La independencia y el valor de esos profesionales no se puede ver afectada por las decisiones del dueño del canal. Por ello los rostros emblemáticos de CHV -que gozan de altos niveles de credibilidad e independencia- debieran exigirle públicamente a Piñera que se desprenda del canal. Lo de Núñez fue la primera señal.

En 2009 la gran mayoría de los chilenos consideró que los medios de comunicación ejercen su rol informativo con libertad (68%, ICSO-UDP, 2009). Pero en comparación con años anteriores, los chilenos desconfiaron más en la televisión y los diarios (42% y 46%, respectivamente). Por lo mismo -y ya que son actores centrales en la democracia- Piñera no puede fomentar la desconfianza de los chilenos en los medios. En este escenario, por el bien de la independencia de CHV como una fuente importante de información y evaluación del desempeño del gobierno de turno, el ahora presidente electo tiene que dejar la propiedad de ese medio de comunicación. De lo contrario, Piñera comenzará a parecerse cada vez más a Berlusconi, arriesgando el prestigio y la institucionalidad de la presidencia. Algo que ni el propio Piñera ni el país espera.

18/1/2010 - La Concertación se divorcia de la opinión pública

18 de Enero, 2010
La Concertación se divorcia de la opinión pública
Arturo Arriagada
El Mostrador

Ayer se firmó el divorcio entre la Concertación y los chilenos. Después de un matrimonio de 20 años, la mayoría de los ciudadanos consideró necesario construir una nueva relación con la Coalición por el Cambio. Pero los matrimonios dejan hijos, amigos e historias en común. Para terminar con la tristeza propia de un quiebre sentimental, Piñera tiene que darle continuidad y novedad al relato concertacionista de respeto a los derechos humanos, el ejercicio de las libertades individuales y el modelo económico con rostro humano.

Gracias a la Concertación los chilenos se convirtieron en ciudadanos más exigentes y conscientes de ejercer libremente sus derechos. Si bien la coalición de centro-izquierda promovió las "tres cuotas precio contado" y el derecho a reclamo por servicios de mala calidad, no estuvo dispuesta a crear un eficiente "servicio al cliente". Durante la campaña no escuchó las demandas de más participación, renovación de las elites políticas y el cumplimiento de promesas pendientes con diversos sectores que se arrastraban desde hace varios años. Confió en la aprobación de Bachelet quien hace rato había optado por potenciar su propio liderazgo a costa de la coalición. Los escándalos de corrupción, el conflicto mapuche, la falta de recambio en las cúpulas de los partidos, la política medioambiental -entre otros pendientes- fueron ocupando la línea de crédito de una Concertación que parecía más preocupada de mantenerse en el poder que de renovar el voto de confianza con los chilenos. Por lo mismo, apelar a los derechos humanos y a la posibilidad de volver al caos con un gobierno de derecha, fueron estrategias probadas que no estuvieron a la altura de las demandas del electorado.

A diferencias de otras campañas de la derecha, la de Piñera fue exitosa gracias a tres acciones. En primer lugar, no le hizo caso a los que pregonaban la teoría del desalojo. Entendió que el tono de los años ochenta ya no corría en el Chile del bicentenario. En segundo lugar, se mostró como un candidato liberal en lo económico y también en lo valórico. Para ello acorraló a los autoflagelantes de la UDI y aisló de la campaña a quienes tuvieron alguna vinculación con la dictadura. Por más que la Concertación intentó asociar a Piñera con la dictadura y el conservadurismo -pese a sus ambigüedades de último momento- el ahora presidente electo nunca se mostró interesado en liquidar su chapa de moderado. La Concertación impulsó el ejercicio de la libertad de los chilenos en la calle, en las urnas y en la cama y Piñera no lo desconoció. En tercer lugar, Piñera se subió al carro de los logros de la Concertación -como la protección social- y criticó duramente los errores de la coalición de centro-izquierda como la corrupción y la falta de renovación.

En sus 20 años de gobierno, la Concertación construyó un relato y una estética propia de su arcoiris, basada en la inclusión y la diversidad, la tolerancia y el respeto. Su principal arma ante todas las dificultades y contradicciones que enfrentaron en el ejercicio del poder fueron los derechos humanos y la recuperación de la democracia. Una vez que Bachelet llegó a La Moneda y que Pinochet murió sin funerales de Estado, la Concertación perdía parte importante de su ethos y comenzó a desarmarse. La tolerancia que predicaban se esfumó con las primarias para la galería que llevaron a Frei a ser el candidato en esta elección. La contradictoria renovación que representó Orrego, Tohá y Lagos Weber en el comando de Frei y la renuncia de dos de los cuatro presidentes de los partidos no fue suficiente.

En su llegada a La Moneda, Piñera tendrá que continuar el legado concertacionista. Los chilenos apostaron por la renovación de caras y la eficiencia en las políticas desarrolladas por la Concertación. Cuando entrevistaban a los adherentes de Piñera en televisión, sólo decían que Chile necesita un cambio. Piñera es un nuevo piloto que lo representa, pero tendrá que seguir aportando al cambio cultural que impulsó la Concertación hace 20 años. Por lo mismo su primera señal debe ser la explícita y transparente separación entre política y negocios. En su discurso como presidente electo ya dejó en claro que el rol de la futura oposición y la democracia de los acuerdos serán claves. La luna de miel de su gobierno dependerá del tiempo que demore la Concertación en renovarse.

Si el Chile del bicentenario es claramente mejor al del plebiscito ha sido gracias a la coalición del arcoiris. Pero la Concertación pecó de soberbia, se aferró al poder y fue incapaz de seguirle el ritmo a las demandas ciudadanas que ella misma crió y educó durante 20 años.

6/1/2010 - Victimización como política comunicacional

5 de Enero, 2010
Victimización como política comunicacional

Arturo Arriagada
El Mostrador

Los altos niveles de aprobación a la gestión de Michelle Bachelet han sido atribuidos al manejo económico de su gobierno, pero también se deben a su capacidad para construir una política comunicacional basada en la victimización de su figura. Bachelet fue la primera mujer en llegar a La Moneda -y probablemente así quedará en los libros de historia- pero también una víctima de la Concertación y de una forma de hacer política que no era santo de su devoción y que terminó usando a su favor.

Para destacar sus fortalezas y minimizar debilidades, los gobiernos definen una política comunicacional. Esta es una especie de GPS que los sitúa en el tiempo y espacio político para hacer públicos sus objetivos - es decir, lo que quieren hacer- y los mecanismos para lograrlo -a través del diseño e implementación de políticas públicas-. Ya que los medios de comunicación se han convertido en el espacio a través del cual la opinión pública evalúa el desempeño de los gobernantes, la política comunicacional de un gobierno apunta a superar el filtro de los medios para dar a conocer sus logros a la ciudadanía. Por esto una alta aprobación presidencial -en parte- se debe a una eficiente política comunicacional.

En su primer año de gobierno, Michelle Bachelet tuvo serios problemas para echar a andar su política comunicacional. La promesa de un gobierno ciudadano, sin que nadie se repitiera el plato y en torno a cuatro proyectos -reforma previsional, reforma educacional, fomento a la innovación y mejoramiento de la calidad de vida- se vio frenada por conflictos políticos que cuestionaron su liderazgo. Las protestas estudiantiles y el desastre de Chiguayante -donde familiares de víctimas de aluviones increparon a Bachelet frente a las cámaras de televisión- fueron crisis que reflejaron las primeras señales de incongruencia en su gobierno. Su programa de gobierno y la desordenada política comunicacional para difundirlo eran más bien una serie de intenciones que no se materializaban en logros concretos. Si para llegar a La Moneda prometió gobernar con los ciudadanos, Bachelet optaba por culpar a sus ministros, demorándose en la toma de decisiones y -muchas veces- escondiéndose de los conflictos.

Pero la política comunicacional de Bachelet tiene un antes y un después de su célebre expresión del femicidio político. Con esa analogía intentaba posicionarse como víctima de una forma de hacer política en la que no lograba encajar. En ese momento -septiembre de 2007-sólo alcanzaba un 35% de aprobación. Ya habían pasado las protestas estudiantiles, el cartillazo a sus ministros y la crisis del Transantiago con la frase del instinto incluida. Su liderazgo era poco comprendido por los chilenos y las cúpulas de los partidos de la Concertación se enredaban en sus propios conflictos de identidad. Bachelet iba en su segundo cambio de gabinete y claramente su corazón socialista no bombeaba lo suficiente como para hacer realidad las promesas de un gobierno ciudadano, desde abajo hacia arriba, más incluyente.

Después de su denuncia pública en contra de la violencia política de la cual era víctima, Bachelet encontraba una brújula para refundar su hasta entonces dispersa política comunicacional. La idea de ser víctima de una forma de hacer política que ella no pudo cambiar le daba un relato a la segunda mitad de su gobierno. Bachelet comenzó a proteger su figura -y de paso minimizar sus errores- culpando silenciosamente al sistema político y a los partidos de la Concertación. Y así lo entendieron los chilenos, quienes comenzaron a ver que las intenciones de Bachelet -y sus logros- respondían a un estilo de gobierno muy distinto al de sus antecesores.

La crisis económica y la decisión del ministro Velasco de ahorrar para los tiempos de vacas flacas solo vino a reforzar la política comunicacional de Bachelet. Independiente de los bajos niveles de crecimiento económico del país, Bachelet tenía una gran billetera para aumentar los niveles de gasto social. Así se encargó de comunicarlo, retomando su promesa de gobierno de construir una red de protección social iniciada con la educación preescolar y la reforma previsional. En ese contexto, Bachelet se anotó un triunfo al lograr que los candidatos presidenciales hablaran sin atorarse de "más Estado" y "protección social".

Pero la política comunicacional de Bachelet también ha estado llena de contradicciones. Si bien fue consecuente al no rendirle funerales de Estado a Pinochet, muchas veces confundió la simpatía con la farándula. Bachelet terminó recibiendo en La Moneda a más artistas internacionales que a representantes mapuches o deudores habitacionales. En su posición de víctima y espectadora -pese a los altos niveles de aprobación a su mandato- Bachelet siguió en su aislamiento de los conflictos políticos, evitando dar conferencias de prensa y responder las preguntas de periodistas.

Las políticas comunicacionales de los gobiernos van adaptándose a los contextos políticos y económicos del país. Al mismo tiempo permiten comunicar los objetivos y logros de un gobierno. La crisis económica, las primarias truchas de la Concertación y la baja votación de Eduardo Frei, terminaron por reforzar la política comunicacional de Bachelet basada en la victimización de su figura. Más allá de sus errores y omisiones como gobernante, los chilenos terminaron queriendo a Bachelet gracias a una política comunicacional que la presentó como víctima de un contexto político que le hizo la vida imposible. El "femicidio político" contribuyó a definir un estilo de gobierno que interpretó los miedos y preocupaciones de un país ansioso por más inclusión. Así Bachelet estableció un vínculo poderoso con los chilenos cuyo mejor ejemplo son los niveles de aprobación a su figura y la probable derrota de la Concertación el próximo 17 de Enero.

16/12/2009 - Cambio participación por copihues, estrellas y arcoiris

15 de Diciembre
Cambio participación por copihues, estrellas y arcoiris
Arturo Arriagada
El Mostrador

El voto de castigo a la Concertación representa las demandas ciudadanas por más instancias de participación, competencia y transparencia en los procesos políticos. Independiente de los símbolos utilizados por los candidatos presidenciales para representarla y promoverla, la participación ciudadana la hará realidad quien esté dispuesto a interpretar los distintos tipos de ciudadanía que quieren practicar las personas y genere instancias para ello.

Los problemas de participación que adolece el sistema político chileno están principalmente en sus partidos. Estas organizaciones no tienen mecanismos transparentes y competitivos para elegir a sus líderes y/o candidatos. Por lo mismo, son pocos los que participan. Las primarias de utilería de la Concertación explican la irrupción de Marco Enríquez-Ominami. En la derecha la cosa no es muy distinta. Mientras la UDI habla de renovación y cambio, su directiva representa lo contrario. La libertad que promulga la derecha en lo económico no aplica a la hora de elegir a sus candidatos presidenciales. La candidatura de Piñera en 2005 fue el mejor ejemplo de ello.

La elite política entiende y reduce la participación ciudadana solamente al voto, dejando fuera de su concepción de ciudadanos a aquellos que no votan pero sí quieren participar a través de otras instancias. Así partidos y actores políticos no tienen ningún incentivo para involucrar en sus dinámicas, por ejemplo, a comunidades que intentan transparentar la política recopilando información del desempeño de parlamentarios en el Congreso. Si no están inscritos no existen. Tampoco la elite política se interesa en develar las razones que llevan a los jóvenes -y no tan jóvenes- a no inscribirse. Para ello es fundamental crear mecanismos que incentiven a las personas a participar en estos procesos políticos. Especialmente para los millones de jóvenes que -en vez de ir a las urnas- estuvieron en Facebook este domingo.

Si bien la brecha digital fomenta las asimetrías de información en las personas, la educación desde los colegios y el fomento a la participación online en procesos políticos es clave. Así se puede pensar en integrar a quienes desconfían de la actual forma de hacer política, pero apoyan causas en Facebook. Intentar con primarias donde los chilenos voten a través de Internet sería un gran paso pro-participación y transparencia. Algo menos ambicioso -no por ello menos eficiente- es crear foros en los sitios Web de los partidos que intenten generar discusión en torno a lo que se entiende por política y las razones del desencanto. Todo ello en las salas de clases de colegios del país.

Las instituciones y la política como instancia de deliberación se tienen que adaptar a la lógica de comunicación y participación que opera en Internet. Si buscar información en Google es sencillo, no ocurre lo mismo en un sitio del gobierno. Mientras YouTube y Twitter obligan a decir lo importante de manera clara, empática y breve, el esquema de franjas presidenciales se agota en un público reducido, aquellos que son parte del padrón electoral.

Es cierto que Internet no moviliza por sí solo a las personas. Menos si los partidos políticos ponen enlaces a sitios de redes sociales cuando no existen mecanismos transparentes y competitivos para elegir a sus candidatos presidenciales. Esas son las contradicciones que llevan a las personas a seguir inmersos en Facebook en causas que reflejan sus estilos de vida. Para incentivar la participación tienen que haber relatos que convoquen, construidos en instancias y espacios de deliberación -como Internet-, partidos políticos y líderes que inviten a participar, basados en la competencia y la transparencia. Así, Internet será la herramienta que les permita diversificar el tipo de ciudadano al que quieren representar, y al mismo tiempo, el espacio donde las personas podrán elegir el o los tipos de ciudadanía que quieren ejercer.

16/11/2009 - La falacia de la participacion

Viernes 13 de Noviembre, 2009
La falacia de la participación
Arturo Arriagada
El Mostrador

La reciente decisión de no autorizar la instalación de la "estatua del Papa" en Bellavista puede ser considerada como un triunfo para los ciudadanos que protestaron en las calles y en Facebook. Al mismo tiempo refleja la necesidad de integrar al sistema político estas nuevas formas de participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones públicas.

Hasta ahora son 10.901 los chilenos en Facebook que están en contra de la instalación del monumento frente a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. De ellos un número considerable salió a las calles a protestar. Lo mismo ocurrió hace unos años cuando el Tribunal Constitucional negó la entrega de la Píldora del Día Después. Aunque no lograron revertir la medida -y con menos tribuna en los medios masivos- 20 mil personas salieron a las calles y otras miles protestaron por Facebook. Cuando se detectaron las fallas en las Beca Chile, Facebook y Twitter unidos no fueron vencidos.

Mientras más hablan los políticos de la apatía ciudadana y el descrédito de su actividad, más demuestran su poca sintonía con los ciudadanos. Si bien el uso de Internet todavía no es masivo en el país -para obtener información, proponer nuevos temas de discusión, debatir con los pares y asociarse en actividades conjuntas- funciona como el escenario natural de una emergente forma de participación ciudadana basada en la colaboración y el intercambio de información. Más que ignorarla, la clase política debiera pensar en fomentar esta participación online, especialmente en aquellos que no tienen acceso a Internet y la información que allí circula. Reducir la participación política al voto es ignorar los cambios que está generando el uso de Internet en la forma de ser ciudadanos.

El revuelo por la estatua del Papa se debió -entre otras cosas- al rol fiscalizador de algunos medios de comunicación que promovieron el debate, a ciudadanos interesados en manifestar su opinión y a un sistema político que permite a las autoridades tomar decisiones a puerta cerrada. Esta combinación fue un incentivo para que miles de ciudadanos expresaran su descontento. Si a esto le sumamos las aparentes instancias de participación ciudadana que han intentado dar los dirigentes políticos, se termina de armar el puzzle. Es cosa de recordar los procesos que determinaron la actual carrera presidencial.

Para la clase política la participación ciudadana es como esas ex pololas con las que se pasan las penas. Se acuerdan de ella cuando la necesitan, pero no se interesan en mejorar lo malo para salvar la relación y hacer que perdure en el tiempo. Peor aún, algunos la siguen maltratando a través de sus slogans y temas de campaña. Del "más Estado" al "gobernar con los mejores", los candidatos presidenciales no se atreven a dar un salto en sus campañas para hacer efectivas las demandas de participación de los chilenos.

Mientras más se desgastan intentando copiar la forma de la campaña de Obama, los candidatos presidenciales se olvidan que el fondo de su mensaje es la participación activa de los ciudadanos a través del uso de Internet y de incentivos bien dirigidos para concretarla. El debate sobre la reforma de salud en EE.UU. y la campaña online de Obama para incentivar el lobby ciudadano son un estilo de gobierno que entiende la participación más allá del voto, empoderando a las personas para que se hagan cargo del destino de su país.

Hasta ahora -y con todas sus limitaciones- Marco Enríquez-Ominami ha logrado representar el descontento de las personas hacia la falacia de la participación. También lleva este discurso a su campaña online donde invita a los ciudadanos a ser parte de su proyecto, a que hagan campaña por él y así ganar la elección. Pero ME-O necesita de los votos de los inscritos para llegar a La Moneda y no de aquellos que sólo participan en causas en Facebook.

28/9/2009 - Medios y política, como el padre gatica

28 de Septiembre de 2009
Medios y política: como el padre Gatica
Arturo Arriagada
El Mostrador

Al ser actores clave para la sustentabilidad de la democracia, tanto el sistema político como de medios de comunicación tienen que establecer mecanismos que fomenten la competencia y transparencia. Entre otros beneficios, las campañas electorales tendrían mayor utilidad y relevancia para los electores a la hora de decidir su voto.

En reciente columna publicada en este medio, José Miguel Izquierdo -asesor de Sebastián Piñera- argumenta que la publicación del informe de Transparencia Internacional (TI) refleja una falta de profesionalismo de los medios de comunicación. A su juicio, estos no pueden excusarse en un informe para "difundir una determinada línea editorial". Izquierdo considera esto como "una señal de que el sistema político y de comunicación social chileno carece de los filtros necesarios para soportar una campaña dura y cerrada".

En Chile el problema que afecta a los medios de comunicación -especialmente a la prensa escrita- no es de línea editorial ni de filtros, sino de transparencia y competencia. Si Izquierdo argumenta que los medios se escudan en un informe -en este caso de una institución prestigiosa y respetada como TI- lo mismo podría señalarse cuando esos medios difunden sin ningún filtro encuestas de opinión pública de dudosas metodologías.

Ya sea en la omisión de sus posiciones políticas al momento de cubrir una campaña, en los conflictos de interés entre sus dueños o en la escasez de indicadores y competencia propios de una industria desarrollada, los medios -al igual que el sistema político- terminan pareciéndose al padre Gatica, predican pero no practican la transparencia. Para una ciudadanía cada vez más escéptica de sus representantes, la revelación de escándalos se ha convertido en la única posibilidad de fiscalización del poder político y económico. En 20 años de democracia, la prensa en Chile ha evolucionado positivamente hacia la fiscalización del sector público, no así del privado.

Si bien los chilenos evalúan positivamente la denuncia de escándalos por parte de los medios, no ocurre lo mismo con la fiscalización del poder político. De acuerdo a la encuesta ICSO-UDP de 2008, un 69% considera a los medios como canales de información sobre los asuntos que afectan al país. Un 67% cree que aportan en la denuncia de escándalos. En tanto, sólo un 52% considera que los medios contribuyen a transparentar el trabajo de la clase política.

Ya que EE.UU. siempre se toma como referente en materia de campañas políticas y transparencia, gran parte de la valoración positiva de las audiencias a diarios exitosos como el Washington Post descansa en las limitaciones que tienen sus dueños para compartir la propiedad en otras empresas. Si en Chile ocurriera algo similar -condición que el candidato de la Coalición por el Cambio todavía no cumple como propietario de CHV- los medios podrían aspirar a una mayor fiscalización del sector público y privado.

EE.UU. también representa un ejemplo donde -muchas veces- los medios de comunicación hacen públicos sus apoyos a distintos candidatos durante las campañas electorales. Lo vimos en la campaña presidencial recién pasada en ese país donde el New York Times apoyó públicamente a Obama, mientras su competidor el New York Post hizo lo mismo con McCain.

Dado el importante rol que cumplen como canales de información entre políticos y electores, el problema actual de los medios no está en sus filtros ni en sus líneas editoriales. Para disminuir las asimetrías de información en la ciudadanía -especialmente en periodos electorales- el sistema de medios chileno -al igual que el político- requiere de mayor competencia y transparencia. La misma que debiera ser fomentada por los actuales candidatos presidenciales y sus asesores. Con ello podrán estimular la participación y credibilidad de la ciudadanía en los procesos políticos e instituciones.

15/9/2009 - Prueba de cámara

15 de Septiembre, 2009
Prueba de cámara
El Mostrador
Arturo Arriagada
Universidad Diego Portales

Mientras no exista una entidad encargada de producir y regular los debates presidenciales en Chile, los chilenos seguirán sin la posibilidad de obtener información relevante para votar.

Así como las pruebas de cámara permiten elegir al mejor actor para interpretar un papel en una película, los debates presidenciales debieran ser una instancia para que los ciudadanos vean en acción a potenciales presidentes de la república para luego decidir por quien votar. Pero en Chile los debates parecen ser un encuentro entre miembros de la elite que interpretan siempre al mismo personaje que teme discutir y así diferenciar sus posiciones frente a los temas de interés público.

Hasta ahora los candidatos hacen oídos sordos ante esta situación porque saben que tienen una audiencia cautiva en los debates donde participan. Por ejemplo, el promedio de rating de los tres debates realizados durante la campaña presidencial de 2005 fue de 41 puntos (casi 2 millones de personas), casi lo mismo que el alcanzado por la serie "¿Donde está Elisa?" en las últimas semanas. En este contexto, candidatos y medios no saben -ni les interesa saber- de qué manera reaccionan las personas que presencian los debates. En tanto los ciudadanos tampoco tienen espacios para demandar mejoras en esta simulada instancia de deliberación pública.

Por lo mismo -para fomentar la verdadera discusión entre los candidatos y así disminuir las asimetrías de información entre los ciudadanos- los debates debieran ser producidos por una entidad independiente a los comandos y los canales de televisión. En el caso de EE.UU. -país al que los candidatos nacionales ponen especial atención al momento de diseñar sus campañas- existe la Commission on Presidential Debates (www.debates.org) que se encarga de producir tanto los debates como posteriores estudios para mejorar su efectividad.

Esta comisión ha llegado a interesantes conclusiones respecto a la utilidad de los debates para la ciudadanía. Por ejemplo, 1) más que cambiar posiciones, los debates reforzarían las ya existentes en los electores. 2) Los debates permiten a las personas identificar los principales temas de campaña, pero cuando aparece un candidato nuevo le prestan más atención y demandan más información del candidato desafiante por sobre el resto. 3) La discusión entre candidatos da más oportunidades para introducir temas tanto en la agenda pública como en la de los medios. 4) Las audiencias desconfían de las preguntas de los periodistas porque consideran que no necesariamente representan sus intereses.

Si hacemos un ejercicio simplista en función de estos resultados podríamos decir que en el debate de TVN 1) las posiciones iniciales de las audiencias no necesariamente van a cambiar, 2) los ojos estarán puestos en ME-O y sus temas de campaña por sobre el resto de los candidatos, 3) tan sólo la mitad del debate -donde se aceptan las réplicas- podrían convertirse en potenciales temas de la agenda pública y de los medios, 4) sólo las preguntas enviadas por el público podrían captar mayormente la atención de las audiencias.

En esta nueva campaña presidencial los candidatos pierden otra oportunidad para cautivar a nuevos electores y mejorar los procesos de participación política. Ante la ausencia de una comisión que raye la cancha tanto a los candidatos como a los medios durante los debates, los ciudadanos seguirán sin la posibilidad de ver por televisión una verdadera prueba de cámara para elegir a sus futuros gobernantes.

8/6/2009 - Rating electoral

08 de Junio de 2009
Rating electoral
Arturo Arriagada
El Mostrador

A la hora de saber lo que ocurre en el país, los noticieros televisivos se convierten en el mejor aliado de los chilenos. Por esta razón, la campaña presidencial se juega en las cajitas rectangulares. Así como las personas eligen ciertos canales para informarse, los noticieros también optan por algunos candidatos presidenciales a la hora de cubrir sus campañas.

La última encuesta del Consejo Nacional de Televisión (CNTV, 2008) reveló que -pese a la disminución en el consumo en los últimos nueve años- este medio sigue acaparando las preferencias de los chilenos. Además, el mayor tiempo de consumo televisivo se concentra entre las 21:00 y las 22:00 horas, periodo en que el 75% de las personas dijo ver noticieros todos los días para informarse de lo que ocurre en el país. Por lo mismo, la actual campaña presidencial se desarrolla en gran parte en los noticieros centrales. Allí los canales de televisión cubren la realidad en función de sus intereses económicos e ideológicos, además de intentar satisfacer la diversidad política y valórica de sus audiencias. Mientras que al aparecer en pantalla, los candidatos aspiran construir un lazo afectivo y racional con millones de electores.

Más allá del optimismo que pueden generar los nuevos medios en la actual campaña presidencial, la televisión -por masividad e impacto- sigue siendo la madre de todas las batallas. En la medida que los candidatos aparecen con mayor frecuencia en pantalla, es una señal que sus campañas están captando la atención de los medios y sus audiencias. Aunque el impacto de esas apariciones en los electores depende de cómo los medios los presenten. En ese proceso operan los filtros que aplican los medios en función de sus propios intereses editoriales.

De acuerdo a la frecuencia, hasta ahora los canales de televisión cubren a los candidatos presidenciales según lo que marcan en las encuestas. Un reciente monitoreo realizado por Conecta Media Research (www.conectaresearch.cl) durante Mayo reflejó que -de un total de 568 apariciones en los noticieros televisivos (centrales y de mediodía)- Sebastián Piñera fue el candidato que más presencia tuvo en pantalla (30%), seguido por Eduardo Frei (28%) y Marco Enríquez-Ominami (22%). Muy lejos, al igual que en las encuestas de opinión pública, están Adolfo Zaldívar (9%), Alejandro Navarro (6%) y Jorge Arrate (5%).

Aunque para el mes de Mayo no existen datos disponibles, en Abril fue posible comparar la frecuencia de cobertura que cada canal le dio a los candidatos. En promedio -de un total de 56 horas de noticieros- Sebastián Piñera fue el que más tiempo estuvo en pantalla en todos los canales (51%). Aunque le cueste creerlo al propio candidato de la Coalición por el Cambio, Chilevisión fue el canal que más tiempo le otorgó (55%), seguido por Canal 13 (54%), TVN (51%) y Mega (45%). Eduardo Frei apareció más en Chilevisión y Mega (41%), en tanto Canal 13 fue el canal que menos lo mostró (29%). Hasta ese mes, Marco Enríquez Ominami (MEO) acaparaba igual atención en los medios que en las encuestas sin superar los dos dígitos.

De acuerdo al segundo criterio, MEO se transformó en el niño mimado de los noticieros. Al igual que Lavín en 1999, sus habilidades comunicacionales y la novedad de su campaña han sido factores clave para superar con éxito el filtro de los medios. Durante el mes de Mayo, el candidato outsider de la Concertación generó reacciones extremas en las salas de edición de los noticieros televisivos. Si un 65% de la cobertura de su campaña fue neutra (versus un 70% en el caso de Piñera y un 72% de Frei), la cobertura positiva (23%) y negativa (11%) superó al resto de los candidatos. Piñera logró un 15% de menciones positivas y negativas, mientras Frei obtuvo el doble de cobertura negativa (18%) en relación al tratamiento positivo de los medios (9%).

Hasta ahora los canales de televisión están cubriendo a los candidatos a La Moneda según lo que dictan las encuestas. Pero aunque MEO aparezca con menor frecuencia que Piñera y Frei, logra obtener la mayor cobertura positiva. Ahora hay que ver qué tan efectivas serán esas apariciones para convertir el rating en 36 mil firmas que le permitan inscribir su candidatura.

18/5/2009 - Medios y encuestas transparentes

18 de Mayo de 2009
Medios y encuestas transparentes
Arturo Arriagada
El Mostrador

Cuando los medios de comunicación no definen criterios de transparencia a la hora de difundir resultados de encuestas de opinión pública, fomentan las asimetrías de información en la ciudadanía. La elección presidencial de diciembre se presenta como una oportunidad para mejorar una deficiencia que termina por afectar la calidad de la democracia.

En periodos electorales, las encuestas se transforman en un insumo importante de información tanto para los medios como para la opinión pública. A través de las encuestas -propias y ajenas- los medios intentan controlar la agenda pública, y aplican filtros para informar los resultados en función de sus propios intereses editoriales. Al mismo tiempo, las personas encuentran en las encuestas un termómetro electoral cuya temperatura pasa a ser parte del diagnóstico que realizan al momento de tomar una decisión política.

Las encuestas electorales se legitiman como instrumentos de medición creíbles cuando sus metodologías son rigurosas y transparentes y sus niveles de predicción son similares a la realidad que intentan describir. Al igual que las encuestas, los medios sustentan su credibilidad en la rigurosidad de la información que presentan. Por lo mismo, da para presentar una queja ante el Sernac la cobertura que -muchas veces- los medios realizan de las encuestas de opinión pública. Si sabemos que las personas se informan a través de los medios sobre los asuntos públicos, la difusión de encuestas con escasos niveles de transparencia en la presentación de sus resultados puede generar asimetrías de información en la ciudadanía y afectar sus decisiones políticas.

Ante la escasez de regulación, los medios podrían establecer requisitos de información mínima para publicar como noticia los resultados de una encuesta (ajena o propia). Algunas de las exigencias podrían ser una ficha técnica detallada (tipo de muestra, tipo de encuesta, porcentaje de cobertura nacional, tasa de respuesta y reemplazo de los encuestados, número de casos, fecha del trabajo de campo), la entidad que encargó y financió el estudio, la disponibilidad de la base de datos y los cuestionarios para uso público. Si las organizaciones que quieren difundir sus encuestas entregan esa información, los medios y la ciudadanía podrán discriminar entre encuestas metodológicamente rigurosas y los intereses de aquellos que las encargan. Igualmente, las entidades que realizan encuestas tendrían más incentivos para mejorar la calidad de sus estudios y lograr una mejor difusión de sus resultados por parte de los medios.

La democracia y el mercado consideran como requisito esencial para su funcionamiento la existencia de información que permita a las personas tomar decisiones. Quienes se encargan de generar esos flujos de información son los medios de comunicación. Las versiones on line de los medios podrían construir sitios interactivos donde se explique de manera sencilla cada uno de los detalles de una ficha técnica de una encuesta. De esta forma -por ejemplo- las personas podrán comprender que si una encuesta fue realizada en Santiago, no es posible referirse a sus resultados como "los chilenos".

Por mientras, habrá que ver si algún medio se anima a comparar los resultados de encuestas electorales pasadas con la votación final que obtuvieron los candidatos presidenciales en esas elecciones. Ese sería un buen primer paso para que, más temprano que tarde, las personas puedan tomar decisiones políticas en igualdad de condiciones gracias a medios y encuestas transparentes.

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