El Mostrador
21 de Enero, 2010 Los desafÃos de Chilevisión Arturo Arriagada El Mostrador
Al ofrecer entrevistas con condiciones, Sebastián Piñera da una señal de seguir más preocupado de sus negocios en vez de su futuro gobierno. Para despejar dudas sobre sus conflictos de interés y entregarle independencia informativa, Piñera tiene que dejar la propiedad de Chilevisión (CHV). En caso contrario, pone en peligro la confianza de los chilenos hacia ese canal en particular y los medios de comunicación en general.
Con la llegada de Piñera a la propiedad de CHV, el canal ha sido exitoso en términos de rentabilidad y audiencias. Junto con Mega -en el primer semestre de 2009 - CHV fue el canal de televisión más rentable dentro de una industria pequeña pero competitiva. De acuerdo a los datos de la encuesta ICSO-UDP en 2009 -después de TVN (45%) - CHV fue el segundo canal más visto por los chilenos para informarse (22%).
Entre 2005 y 2009 -después de El Mercurio- los chilenos perciben a CHV como el medio de comunicación más inclinado hacia la derecha (ICSO-UDP). Si bien las personas se informan por medios que no necesariamente representan sus posiciones polÃticas -desde que Piñera se instaló como propietario- las audiencias perciben una derechización de CHV. Aunque esas percepciones pueden estar influidas más por la asociación "Piñera-propietario-derecha" que a los temas tratados por el canal de televisión. La similitud en la agenda temática de diarios y televisión en Chile -en temas como deportes y delincuencia- impide asignarle a CHV una dirección muy distinta a la del resto de sus competidores.
La información de los medios de comunicación es central para la sustentabilidad de la democracia. Con ella las personas pueden tomar decisiones polÃticas informadas y establecer criterios de evaluación del desempeño de los gobiernos. En Chile los medios -especialmente la televisión- son la principal fuente de información de los chilenos. En los últimos años tanto la prensa escrita como la televisión han aumentado su rol fiscalizador del poder público, fomentando una cultura de la transparencia. Escándalos polÃticos como el caso Spiniak, MOP-Gate y el del ex senador Lavandero no se habrÃan develado si no es por el activo rol de los medios. Además de sus posiciones polÃticas y evaluaciones personales de los gobiernos de la Concertación, la victoria de Piñera probablemente esté asociada a la información que encontró ese 51,5% de chilenos en los medios. En este contexto, la existencia de medios fiscalizadores genera incentivos para que los gobiernos actúen con mayor transparencia.
Al ser más competitiva que la prensa escrita, la industria televisiva ha dado mayores señales de transparencia respecto de sus propietarios y potenciales conflictos de interés. Los problemas de Piñera y CHV son ampliamente conocidos a diferencia de conflictos de interés que se presentan entre propietarios de prensa escrita y otras empresas u organismos públicos. En TVN, Consuelo Saavedra fue relegada a un rol más secundario como rostro informativo mientras Andrés Velasco se desempeña como ministro de Hacienda.
Por esto mientras más se demore Piñera en decidir la venta de CHV, más incomoda a sus periodistas y equipo de prensa. El rechazo de Iván Núñez a realizar una entrevista condicionada por el ahora presidente electo daña a CHV. Pero de paso afecta al resto de los canales que aceptaron hacer la entrevista sin preguntar por el futuro de LAN. La independencia y el valor de esos profesionales no se puede ver afectada por las decisiones del dueño del canal. Por ello los rostros emblemáticos de CHV -que gozan de altos niveles de credibilidad e independencia- debieran exigirle públicamente a Piñera que se desprenda del canal. Lo de Núñez fue la primera señal.
En 2009 la gran mayorÃa de los chilenos consideró que los medios de comunicación ejercen su rol informativo con libertad (68%, ICSO-UDP, 2009). Pero en comparación con años anteriores, los chilenos desconfiaron más en la televisión y los diarios (42% y 46%, respectivamente). Por lo mismo -y ya que son actores centrales en la democracia- Piñera no puede fomentar la desconfianza de los chilenos en los medios. En este escenario, por el bien de la independencia de CHV como una fuente importante de información y evaluación del desempeño del gobierno de turno, el ahora presidente electo tiene que dejar la propiedad de ese medio de comunicación. De lo contrario, Piñera comenzará a parecerse cada vez más a Berlusconi, arriesgando el prestigio y la institucionalidad de la presidencia. Algo que ni el propio Piñera ni el paÃs espera.
18 de Enero, 2010 La Concertación se divorcia de la opinión pública Arturo Arriagada El Mostrador
Ayer se firmó el divorcio entre la Concertación y los chilenos. Después de un matrimonio de 20 años, la mayorÃa de los ciudadanos consideró necesario construir una nueva relación con la Coalición por el Cambio. Pero los matrimonios dejan hijos, amigos e historias en común. Para terminar con la tristeza propia de un quiebre sentimental, Piñera tiene que darle continuidad y novedad al relato concertacionista de respeto a los derechos humanos, el ejercicio de las libertades individuales y el modelo económico con rostro humano.
Gracias a la Concertación los chilenos se convirtieron en ciudadanos más exigentes y conscientes de ejercer libremente sus derechos. Si bien la coalición de centro-izquierda promovió las "tres cuotas precio contado" y el derecho a reclamo por servicios de mala calidad, no estuvo dispuesta a crear un eficiente "servicio al cliente". Durante la campaña no escuchó las demandas de más participación, renovación de las elites polÃticas y el cumplimiento de promesas pendientes con diversos sectores que se arrastraban desde hace varios años. Confió en la aprobación de Bachelet quien hace rato habÃa optado por potenciar su propio liderazgo a costa de la coalición. Los escándalos de corrupción, el conflicto mapuche, la falta de recambio en las cúpulas de los partidos, la polÃtica medioambiental -entre otros pendientes- fueron ocupando la lÃnea de crédito de una Concertación que parecÃa más preocupada de mantenerse en el poder que de renovar el voto de confianza con los chilenos. Por lo mismo, apelar a los derechos humanos y a la posibilidad de volver al caos con un gobierno de derecha, fueron estrategias probadas que no estuvieron a la altura de las demandas del electorado.
A diferencias de otras campañas de la derecha, la de Piñera fue exitosa gracias a tres acciones. En primer lugar, no le hizo caso a los que pregonaban la teorÃa del desalojo. Entendió que el tono de los años ochenta ya no corrÃa en el Chile del bicentenario. En segundo lugar, se mostró como un candidato liberal en lo económico y también en lo valórico. Para ello acorraló a los autoflagelantes de la UDI y aisló de la campaña a quienes tuvieron alguna vinculación con la dictadura. Por más que la Concertación intentó asociar a Piñera con la dictadura y el conservadurismo -pese a sus ambigüedades de último momento- el ahora presidente electo nunca se mostró interesado en liquidar su chapa de moderado. La Concertación impulsó el ejercicio de la libertad de los chilenos en la calle, en las urnas y en la cama y Piñera no lo desconoció. En tercer lugar, Piñera se subió al carro de los logros de la Concertación -como la protección social- y criticó duramente los errores de la coalición de centro-izquierda como la corrupción y la falta de renovación.
En sus 20 años de gobierno, la Concertación construyó un relato y una estética propia de su arcoiris, basada en la inclusión y la diversidad, la tolerancia y el respeto. Su principal arma ante todas las dificultades y contradicciones que enfrentaron en el ejercicio del poder fueron los derechos humanos y la recuperación de la democracia. Una vez que Bachelet llegó a La Moneda y que Pinochet murió sin funerales de Estado, la Concertación perdÃa parte importante de su ethos y comenzó a desarmarse. La tolerancia que predicaban se esfumó con las primarias para la galerÃa que llevaron a Frei a ser el candidato en esta elección. La contradictoria renovación que representó Orrego, Tohá y Lagos Weber en el comando de Frei y la renuncia de dos de los cuatro presidentes de los partidos no fue suficiente.
En su llegada a La Moneda, Piñera tendrá que continuar el legado concertacionista. Los chilenos apostaron por la renovación de caras y la eficiencia en las polÃticas desarrolladas por la Concertación. Cuando entrevistaban a los adherentes de Piñera en televisión, sólo decÃan que Chile necesita un cambio. Piñera es un nuevo piloto que lo representa, pero tendrá que seguir aportando al cambio cultural que impulsó la Concertación hace 20 años. Por lo mismo su primera señal debe ser la explÃcita y transparente separación entre polÃtica y negocios. En su discurso como presidente electo ya dejó en claro que el rol de la futura oposición y la democracia de los acuerdos serán claves. La luna de miel de su gobierno dependerá del tiempo que demore la Concertación en renovarse.
Si el Chile del bicentenario es claramente mejor al del plebiscito ha sido gracias a la coalición del arcoiris. Pero la Concertación pecó de soberbia, se aferró al poder y fue incapaz de seguirle el ritmo a las demandas ciudadanas que ella misma crió y educó durante 20 años.
5 de Enero, 2010 Victimización como polÃtica comunicacional Arturo Arriagada El Mostrador
Los altos niveles de aprobación a la gestión de Michelle Bachelet han sido atribuidos al manejo económico de su gobierno, pero también se deben a su capacidad para construir una polÃtica comunicacional basada en la victimización de su figura. Bachelet fue la primera mujer en llegar a La Moneda -y probablemente asà quedará en los libros de historia- pero también una vÃctima de la Concertación y de una forma de hacer polÃtica que no era santo de su devoción y que terminó usando a su favor.
Para destacar sus fortalezas y minimizar debilidades, los gobiernos definen una polÃtica comunicacional. Esta es una especie de GPS que los sitúa en el tiempo y espacio polÃtico para hacer públicos sus objetivos - es decir, lo que quieren hacer- y los mecanismos para lograrlo -a través del diseño e implementación de polÃticas públicas-. Ya que los medios de comunicación se han convertido en el espacio a través del cual la opinión pública evalúa el desempeño de los gobernantes, la polÃtica comunicacional de un gobierno apunta a superar el filtro de los medios para dar a conocer sus logros a la ciudadanÃa. Por esto una alta aprobación presidencial -en parte- se debe a una eficiente polÃtica comunicacional.
En su primer año de gobierno, Michelle Bachelet tuvo serios problemas para echar a andar su polÃtica comunicacional. La promesa de un gobierno ciudadano, sin que nadie se repitiera el plato y en torno a cuatro proyectos -reforma previsional, reforma educacional, fomento a la innovación y mejoramiento de la calidad de vida- se vio frenada por conflictos polÃticos que cuestionaron su liderazgo. Las protestas estudiantiles y el desastre de Chiguayante -donde familiares de vÃctimas de aluviones increparon a Bachelet frente a las cámaras de televisión- fueron crisis que reflejaron las primeras señales de incongruencia en su gobierno. Su programa de gobierno y la desordenada polÃtica comunicacional para difundirlo eran más bien una serie de intenciones que no se materializaban en logros concretos. Si para llegar a La Moneda prometió gobernar con los ciudadanos, Bachelet optaba por culpar a sus ministros, demorándose en la toma de decisiones y -muchas veces- escondiéndose de los conflictos.
Pero la polÃtica comunicacional de Bachelet tiene un antes y un después de su célebre expresión del femicidio polÃtico. Con esa analogÃa intentaba posicionarse como vÃctima de una forma de hacer polÃtica en la que no lograba encajar. En ese momento -septiembre de 2007-sólo alcanzaba un 35% de aprobación. Ya habÃan pasado las protestas estudiantiles, el cartillazo a sus ministros y la crisis del Transantiago con la frase del instinto incluida. Su liderazgo era poco comprendido por los chilenos y las cúpulas de los partidos de la Concertación se enredaban en sus propios conflictos de identidad. Bachelet iba en su segundo cambio de gabinete y claramente su corazón socialista no bombeaba lo suficiente como para hacer realidad las promesas de un gobierno ciudadano, desde abajo hacia arriba, más incluyente.
Después de su denuncia pública en contra de la violencia polÃtica de la cual era vÃctima, Bachelet encontraba una brújula para refundar su hasta entonces dispersa polÃtica comunicacional. La idea de ser vÃctima de una forma de hacer polÃtica que ella no pudo cambiar le daba un relato a la segunda mitad de su gobierno. Bachelet comenzó a proteger su figura -y de paso minimizar sus errores- culpando silenciosamente al sistema polÃtico y a los partidos de la Concertación. Y asà lo entendieron los chilenos, quienes comenzaron a ver que las intenciones de Bachelet -y sus logros- respondÃan a un estilo de gobierno muy distinto al de sus antecesores.
La crisis económica y la decisión del ministro Velasco de ahorrar para los tiempos de vacas flacas solo vino a reforzar la polÃtica comunicacional de Bachelet. Independiente de los bajos niveles de crecimiento económico del paÃs, Bachelet tenÃa una gran billetera para aumentar los niveles de gasto social. Asà se encargó de comunicarlo, retomando su promesa de gobierno de construir una red de protección social iniciada con la educación preescolar y la reforma previsional. En ese contexto, Bachelet se anotó un triunfo al lograr que los candidatos presidenciales hablaran sin atorarse de "más Estado" y "protección social".
Pero la polÃtica comunicacional de Bachelet también ha estado llena de contradicciones. Si bien fue consecuente al no rendirle funerales de Estado a Pinochet, muchas veces confundió la simpatÃa con la farándula. Bachelet terminó recibiendo en La Moneda a más artistas internacionales que a representantes mapuches o deudores habitacionales. En su posición de vÃctima y espectadora -pese a los altos niveles de aprobación a su mandato- Bachelet siguió en su aislamiento de los conflictos polÃticos, evitando dar conferencias de prensa y responder las preguntas de periodistas.
Las polÃticas comunicacionales de los gobiernos van adaptándose a los contextos polÃticos y económicos del paÃs. Al mismo tiempo permiten comunicar los objetivos y logros de un gobierno. La crisis económica, las primarias truchas de la Concertación y la baja votación de Eduardo Frei, terminaron por reforzar la polÃtica comunicacional de Bachelet basada en la victimización de su figura. Más allá de sus errores y omisiones como gobernante, los chilenos terminaron queriendo a Bachelet gracias a una polÃtica comunicacional que la presentó como vÃctima de un contexto polÃtico que le hizo la vida imposible. El "femicidio polÃtico" contribuyó a definir un estilo de gobierno que interpretó los miedos y preocupaciones de un paÃs ansioso por más inclusión. Asà Bachelet estableció un vÃnculo poderoso con los chilenos cuyo mejor ejemplo son los niveles de aprobación a su figura y la probable derrota de la Concertación el próximo 17 de Enero.
15 de Diciembre Cambio participación por copihues, estrellas y arcoiris Arturo Arriagada El Mostrador
El voto de castigo a la Concertación representa las demandas ciudadanas por más instancias de participación, competencia y transparencia en los procesos polÃticos. Independiente de los sÃmbolos utilizados por los candidatos presidenciales para representarla y promoverla, la participación ciudadana la hará realidad quien esté dispuesto a interpretar los distintos tipos de ciudadanÃa que quieren practicar las personas y genere instancias para ello.
Los problemas de participación que adolece el sistema polÃtico chileno están principalmente en sus partidos. Estas organizaciones no tienen mecanismos transparentes y competitivos para elegir a sus lÃderes y/o candidatos. Por lo mismo, son pocos los que participan. Las primarias de utilerÃa de la Concertación explican la irrupción de Marco EnrÃquez-Ominami. En la derecha la cosa no es muy distinta. Mientras la UDI habla de renovación y cambio, su directiva representa lo contrario. La libertad que promulga la derecha en lo económico no aplica a la hora de elegir a sus candidatos presidenciales. La candidatura de Piñera en 2005 fue el mejor ejemplo de ello.
La elite polÃtica entiende y reduce la participación ciudadana solamente al voto, dejando fuera de su concepción de ciudadanos a aquellos que no votan pero sà quieren participar a través de otras instancias. Asà partidos y actores polÃticos no tienen ningún incentivo para involucrar en sus dinámicas, por ejemplo, a comunidades que intentan transparentar la polÃtica recopilando información del desempeño de parlamentarios en el Congreso. Si no están inscritos no existen. Tampoco la elite polÃtica se interesa en develar las razones que llevan a los jóvenes -y no tan jóvenes- a no inscribirse. Para ello es fundamental crear mecanismos que incentiven a las personas a participar en estos procesos polÃticos. Especialmente para los millones de jóvenes que -en vez de ir a las urnas- estuvieron en Facebook este domingo.
Si bien la brecha digital fomenta las asimetrÃas de información en las personas, la educación desde los colegios y el fomento a la participación online en procesos polÃticos es clave. Asà se puede pensar en integrar a quienes desconfÃan de la actual forma de hacer polÃtica, pero apoyan causas en Facebook. Intentar con primarias donde los chilenos voten a través de Internet serÃa un gran paso pro-participación y transparencia. Algo menos ambicioso -no por ello menos eficiente- es crear foros en los sitios Web de los partidos que intenten generar discusión en torno a lo que se entiende por polÃtica y las razones del desencanto. Todo ello en las salas de clases de colegios del paÃs.
Las instituciones y la polÃtica como instancia de deliberación se tienen que adaptar a la lógica de comunicación y participación que opera en Internet. Si buscar información en Google es sencillo, no ocurre lo mismo en un sitio del gobierno. Mientras YouTube y Twitter obligan a decir lo importante de manera clara, empática y breve, el esquema de franjas presidenciales se agota en un público reducido, aquellos que son parte del padrón electoral.
Es cierto que Internet no moviliza por sà solo a las personas. Menos si los partidos polÃticos ponen enlaces a sitios de redes sociales cuando no existen mecanismos transparentes y competitivos para elegir a sus candidatos presidenciales. Esas son las contradicciones que llevan a las personas a seguir inmersos en Facebook en causas que reflejan sus estilos de vida. Para incentivar la participación tienen que haber relatos que convoquen, construidos en instancias y espacios de deliberación -como Internet-, partidos polÃticos y lÃderes que inviten a participar, basados en la competencia y la transparencia. AsÃ, Internet será la herramienta que les permita diversificar el tipo de ciudadano al que quieren representar, y al mismo tiempo, el espacio donde las personas podrán elegir el o los tipos de ciudadanÃa que quieren ejercer.
Viernes 13 de Noviembre, 2009 La falacia de la participación Arturo Arriagada El Mostrador
La reciente decisión de no autorizar la instalación de la "estatua del Papa" en Bellavista puede ser considerada como un triunfo para los ciudadanos que protestaron en las calles y en Facebook. Al mismo tiempo refleja la necesidad de integrar al sistema polÃtico estas nuevas formas de participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones públicas.
Hasta ahora son 10.901 los chilenos en Facebook que están en contra de la instalación del monumento frente a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. De ellos un número considerable salió a las calles a protestar. Lo mismo ocurrió hace unos años cuando el Tribunal Constitucional negó la entrega de la PÃldora del DÃa Después. Aunque no lograron revertir la medida -y con menos tribuna en los medios masivos- 20 mil personas salieron a las calles y otras miles protestaron por Facebook. Cuando se detectaron las fallas en las Beca Chile, Facebook y Twitter unidos no fueron vencidos.
Mientras más hablan los polÃticos de la apatÃa ciudadana y el descrédito de su actividad, más demuestran su poca sintonÃa con los ciudadanos. Si bien el uso de Internet todavÃa no es masivo en el paÃs -para obtener información, proponer nuevos temas de discusión, debatir con los pares y asociarse en actividades conjuntas- funciona como el escenario natural de una emergente forma de participación ciudadana basada en la colaboración y el intercambio de información. Más que ignorarla, la clase polÃtica debiera pensar en fomentar esta participación online, especialmente en aquellos que no tienen acceso a Internet y la información que allà circula. Reducir la participación polÃtica al voto es ignorar los cambios que está generando el uso de Internet en la forma de ser ciudadanos.
El revuelo por la estatua del Papa se debió -entre otras cosas- al rol fiscalizador de algunos medios de comunicación que promovieron el debate, a ciudadanos interesados en manifestar su opinión y a un sistema polÃtico que permite a las autoridades tomar decisiones a puerta cerrada. Esta combinación fue un incentivo para que miles de ciudadanos expresaran su descontento. Si a esto le sumamos las aparentes instancias de participación ciudadana que han intentado dar los dirigentes polÃticos, se termina de armar el puzzle. Es cosa de recordar los procesos que determinaron la actual carrera presidencial.
Para la clase polÃtica la participación ciudadana es como esas ex pololas con las que se pasan las penas. Se acuerdan de ella cuando la necesitan, pero no se interesan en mejorar lo malo para salvar la relación y hacer que perdure en el tiempo. Peor aún, algunos la siguen maltratando a través de sus slogans y temas de campaña. Del "más Estado" al "gobernar con los mejores", los candidatos presidenciales no se atreven a dar un salto en sus campañas para hacer efectivas las demandas de participación de los chilenos.
Mientras más se desgastan intentando copiar la forma de la campaña de Obama, los candidatos presidenciales se olvidan que el fondo de su mensaje es la participación activa de los ciudadanos a través del uso de Internet y de incentivos bien dirigidos para concretarla. El debate sobre la reforma de salud en EE.UU. y la campaña online de Obama para incentivar el lobby ciudadano son un estilo de gobierno que entiende la participación más allá del voto, empoderando a las personas para que se hagan cargo del destino de su paÃs.
Hasta ahora -y con todas sus limitaciones- Marco EnrÃquez-Ominami ha logrado representar el descontento de las personas hacia la falacia de la participación. También lleva este discurso a su campaña online donde invita a los ciudadanos a ser parte de su proyecto, a que hagan campaña por él y asà ganar la elección. Pero ME-O necesita de los votos de los inscritos para llegar a La Moneda y no de aquellos que sólo participan en causas en Facebook.
28 de Septiembre de 2009 Medios y polÃtica: como el padre Gatica Arturo Arriagada El Mostrador
Al ser actores clave para la sustentabilidad de la democracia, tanto el sistema polÃtico como de medios de comunicación tienen que establecer mecanismos que fomenten la competencia y transparencia. Entre otros beneficios, las campañas electorales tendrÃan mayor utilidad y relevancia para los electores a la hora de decidir su voto.
En reciente columna publicada en este medio, José Miguel Izquierdo -asesor de Sebastián Piñera- argumenta que la publicación del informe de Transparencia Internacional (TI) refleja una falta de profesionalismo de los medios de comunicación. A su juicio, estos no pueden excusarse en un informe para "difundir una determinada lÃnea editorial". Izquierdo considera esto como "una señal de que el sistema polÃtico y de comunicación social chileno carece de los filtros necesarios para soportar una campaña dura y cerrada".
En Chile el problema que afecta a los medios de comunicación -especialmente a la prensa escrita- no es de lÃnea editorial ni de filtros, sino de transparencia y competencia. Si Izquierdo argumenta que los medios se escudan en un informe -en este caso de una institución prestigiosa y respetada como TI- lo mismo podrÃa señalarse cuando esos medios difunden sin ningún filtro encuestas de opinión pública de dudosas metodologÃas.
Ya sea en la omisión de sus posiciones polÃticas al momento de cubrir una campaña, en los conflictos de interés entre sus dueños o en la escasez de indicadores y competencia propios de una industria desarrollada, los medios -al igual que el sistema polÃtico- terminan pareciéndose al padre Gatica, predican pero no practican la transparencia. Para una ciudadanÃa cada vez más escéptica de sus representantes, la revelación de escándalos se ha convertido en la única posibilidad de fiscalización del poder polÃtico y económico. En 20 años de democracia, la prensa en Chile ha evolucionado positivamente hacia la fiscalización del sector público, no asà del privado.
Si bien los chilenos evalúan positivamente la denuncia de escándalos por parte de los medios, no ocurre lo mismo con la fiscalización del poder polÃtico. De acuerdo a la encuesta ICSO-UDP de 2008, un 69% considera a los medios como canales de información sobre los asuntos que afectan al paÃs. Un 67% cree que aportan en la denuncia de escándalos. En tanto, sólo un 52% considera que los medios contribuyen a transparentar el trabajo de la clase polÃtica.
Ya que EE.UU. siempre se toma como referente en materia de campañas polÃticas y transparencia, gran parte de la valoración positiva de las audiencias a diarios exitosos como el Washington Post descansa en las limitaciones que tienen sus dueños para compartir la propiedad en otras empresas. Si en Chile ocurriera algo similar -condición que el candidato de la Coalición por el Cambio todavÃa no cumple como propietario de CHV- los medios podrÃan aspirar a una mayor fiscalización del sector público y privado.
EE.UU. también representa un ejemplo donde -muchas veces- los medios de comunicación hacen públicos sus apoyos a distintos candidatos durante las campañas electorales. Lo vimos en la campaña presidencial recién pasada en ese paÃs donde el New York Times apoyó públicamente a Obama, mientras su competidor el New York Post hizo lo mismo con McCain.
Dado el importante rol que cumplen como canales de información entre polÃticos y electores, el problema actual de los medios no está en sus filtros ni en sus lÃneas editoriales. Para disminuir las asimetrÃas de información en la ciudadanÃa -especialmente en periodos electorales- el sistema de medios chileno -al igual que el polÃtico- requiere de mayor competencia y transparencia. La misma que debiera ser fomentada por los actuales candidatos presidenciales y sus asesores. Con ello podrán estimular la participación y credibilidad de la ciudadanÃa en los procesos polÃticos e instituciones.
15 de Septiembre, 2009 Prueba de cámara El Mostrador Arturo Arriagada Universidad Diego Portales
Mientras no exista una entidad encargada de producir y regular los debates presidenciales en Chile, los chilenos seguirán sin la posibilidad de obtener información relevante para votar.
Asà como las pruebas de cámara permiten elegir al mejor actor para interpretar un papel en una pelÃcula, los debates presidenciales debieran ser una instancia para que los ciudadanos vean en acción a potenciales presidentes de la república para luego decidir por quien votar. Pero en Chile los debates parecen ser un encuentro entre miembros de la elite que interpretan siempre al mismo personaje que teme discutir y asà diferenciar sus posiciones frente a los temas de interés público.
Hasta ahora los candidatos hacen oÃdos sordos ante esta situación porque saben que tienen una audiencia cautiva en los debates donde participan. Por ejemplo, el promedio de rating de los tres debates realizados durante la campaña presidencial de 2005 fue de 41 puntos (casi 2 millones de personas), casi lo mismo que el alcanzado por la serie "¿Donde está Elisa?" en las últimas semanas. En este contexto, candidatos y medios no saben -ni les interesa saber- de qué manera reaccionan las personas que presencian los debates. En tanto los ciudadanos tampoco tienen espacios para demandar mejoras en esta simulada instancia de deliberación pública.
Por lo mismo -para fomentar la verdadera discusión entre los candidatos y asà disminuir las asimetrÃas de información entre los ciudadanos- los debates debieran ser producidos por una entidad independiente a los comandos y los canales de televisión. En el caso de EE.UU. -paÃs al que los candidatos nacionales ponen especial atención al momento de diseñar sus campañas- existe la Commission on Presidential Debates (www.debates.org) que se encarga de producir tanto los debates como posteriores estudios para mejorar su efectividad.
Esta comisión ha llegado a interesantes conclusiones respecto a la utilidad de los debates para la ciudadanÃa. Por ejemplo, 1) más que cambiar posiciones, los debates reforzarÃan las ya existentes en los electores. 2) Los debates permiten a las personas identificar los principales temas de campaña, pero cuando aparece un candidato nuevo le prestan más atención y demandan más información del candidato desafiante por sobre el resto. 3) La discusión entre candidatos da más oportunidades para introducir temas tanto en la agenda pública como en la de los medios. 4) Las audiencias desconfÃan de las preguntas de los periodistas porque consideran que no necesariamente representan sus intereses.
Si hacemos un ejercicio simplista en función de estos resultados podrÃamos decir que en el debate de TVN 1) las posiciones iniciales de las audiencias no necesariamente van a cambiar, 2) los ojos estarán puestos en ME-O y sus temas de campaña por sobre el resto de los candidatos, 3) tan sólo la mitad del debate -donde se aceptan las réplicas- podrÃan convertirse en potenciales temas de la agenda pública y de los medios, 4) sólo las preguntas enviadas por el público podrÃan captar mayormente la atención de las audiencias.
En esta nueva campaña presidencial los candidatos pierden otra oportunidad para cautivar a nuevos electores y mejorar los procesos de participación polÃtica. Ante la ausencia de una comisión que raye la cancha tanto a los candidatos como a los medios durante los debates, los ciudadanos seguirán sin la posibilidad de ver por televisión una verdadera prueba de cámara para elegir a sus futuros gobernantes.
08 de Junio de 2009 Rating electoral Arturo Arriagada El Mostrador
A la hora de saber lo que ocurre en el paÃs, los noticieros televisivos se convierten en el mejor aliado de los chilenos. Por esta razón, la campaña presidencial se juega en las cajitas rectangulares. Asà como las personas eligen ciertos canales para informarse, los noticieros también optan por algunos candidatos presidenciales a la hora de cubrir sus campañas.
La última encuesta del Consejo Nacional de Televisión (CNTV, 2008) reveló que -pese a la disminución en el consumo en los últimos nueve años- este medio sigue acaparando las preferencias de los chilenos. Además, el mayor tiempo de consumo televisivo se concentra entre las 21:00 y las 22:00 horas, periodo en que el 75% de las personas dijo ver noticieros todos los dÃas para informarse de lo que ocurre en el paÃs. Por lo mismo, la actual campaña presidencial se desarrolla en gran parte en los noticieros centrales. Allà los canales de televisión cubren la realidad en función de sus intereses económicos e ideológicos, además de intentar satisfacer la diversidad polÃtica y valórica de sus audiencias. Mientras que al aparecer en pantalla, los candidatos aspiran construir un lazo afectivo y racional con millones de electores.
Más allá del optimismo que pueden generar los nuevos medios en la actual campaña presidencial, la televisión -por masividad e impacto- sigue siendo la madre de todas las batallas. En la medida que los candidatos aparecen con mayor frecuencia en pantalla, es una señal que sus campañas están captando la atención de los medios y sus audiencias. Aunque el impacto de esas apariciones en los electores depende de cómo los medios los presenten. En ese proceso operan los filtros que aplican los medios en función de sus propios intereses editoriales.
De acuerdo a la frecuencia, hasta ahora los canales de televisión cubren a los candidatos presidenciales según lo que marcan en las encuestas. Un reciente monitoreo realizado por Conecta Media Research (www.conectaresearch.cl) durante Mayo reflejó que -de un total de 568 apariciones en los noticieros televisivos (centrales y de mediodÃa)- Sebastián Piñera fue el candidato que más presencia tuvo en pantalla (30%), seguido por Eduardo Frei (28%) y Marco EnrÃquez-Ominami (22%). Muy lejos, al igual que en las encuestas de opinión pública, están Adolfo ZaldÃvar (9%), Alejandro Navarro (6%) y Jorge Arrate (5%).
Aunque para el mes de Mayo no existen datos disponibles, en Abril fue posible comparar la frecuencia de cobertura que cada canal le dio a los candidatos. En promedio -de un total de 56 horas de noticieros- Sebastián Piñera fue el que más tiempo estuvo en pantalla en todos los canales (51%). Aunque le cueste creerlo al propio candidato de la Coalición por el Cambio, Chilevisión fue el canal que más tiempo le otorgó (55%), seguido por Canal 13 (54%), TVN (51%) y Mega (45%). Eduardo Frei apareció más en Chilevisión y Mega (41%), en tanto Canal 13 fue el canal que menos lo mostró (29%). Hasta ese mes, Marco EnrÃquez Ominami (MEO) acaparaba igual atención en los medios que en las encuestas sin superar los dos dÃgitos.
De acuerdo al segundo criterio, MEO se transformó en el niño mimado de los noticieros. Al igual que LavÃn en 1999, sus habilidades comunicacionales y la novedad de su campaña han sido factores clave para superar con éxito el filtro de los medios. Durante el mes de Mayo, el candidato outsider de la Concertación generó reacciones extremas en las salas de edición de los noticieros televisivos. Si un 65% de la cobertura de su campaña fue neutra (versus un 70% en el caso de Piñera y un 72% de Frei), la cobertura positiva (23%) y negativa (11%) superó al resto de los candidatos. Piñera logró un 15% de menciones positivas y negativas, mientras Frei obtuvo el doble de cobertura negativa (18%) en relación al tratamiento positivo de los medios (9%).
Hasta ahora los canales de televisión están cubriendo a los candidatos a La Moneda según lo que dictan las encuestas. Pero aunque MEO aparezca con menor frecuencia que Piñera y Frei, logra obtener la mayor cobertura positiva. Ahora hay que ver qué tan efectivas serán esas apariciones para convertir el rating en 36 mil firmas que le permitan inscribir su candidatura.
18 de Mayo de 2009 Medios y encuestas transparentes Arturo Arriagada El Mostrador
Cuando los medios de comunicación no definen criterios de transparencia a la hora de difundir resultados de encuestas de opinión pública, fomentan las asimetrÃas de información en la ciudadanÃa. La elección presidencial de diciembre se presenta como una oportunidad para mejorar una deficiencia que termina por afectar la calidad de la democracia.
En periodos electorales, las encuestas se transforman en un insumo importante de información tanto para los medios como para la opinión pública. A través de las encuestas -propias y ajenas- los medios intentan controlar la agenda pública, y aplican filtros para informar los resultados en función de sus propios intereses editoriales. Al mismo tiempo, las personas encuentran en las encuestas un termómetro electoral cuya temperatura pasa a ser parte del diagnóstico que realizan al momento de tomar una decisión polÃtica.
Las encuestas electorales se legitiman como instrumentos de medición creÃbles cuando sus metodologÃas son rigurosas y transparentes y sus niveles de predicción son similares a la realidad que intentan describir. Al igual que las encuestas, los medios sustentan su credibilidad en la rigurosidad de la información que presentan. Por lo mismo, da para presentar una queja ante el Sernac la cobertura que -muchas veces- los medios realizan de las encuestas de opinión pública. Si sabemos que las personas se informan a través de los medios sobre los asuntos públicos, la difusión de encuestas con escasos niveles de transparencia en la presentación de sus resultados puede generar asimetrÃas de información en la ciudadanÃa y afectar sus decisiones polÃticas.
Ante la escasez de regulación, los medios podrÃan establecer requisitos de información mÃnima para publicar como noticia los resultados de una encuesta (ajena o propia). Algunas de las exigencias podrÃan ser una ficha técnica detallada (tipo de muestra, tipo de encuesta, porcentaje de cobertura nacional, tasa de respuesta y reemplazo de los encuestados, número de casos, fecha del trabajo de campo), la entidad que encargó y financió el estudio, la disponibilidad de la base de datos y los cuestionarios para uso público. Si las organizaciones que quieren difundir sus encuestas entregan esa información, los medios y la ciudadanÃa podrán discriminar entre encuestas metodológicamente rigurosas y los intereses de aquellos que las encargan. Igualmente, las entidades que realizan encuestas tendrÃan más incentivos para mejorar la calidad de sus estudios y lograr una mejor difusión de sus resultados por parte de los medios.
La democracia y el mercado consideran como requisito esencial para su funcionamiento la existencia de información que permita a las personas tomar decisiones. Quienes se encargan de generar esos flujos de información son los medios de comunicación. Las versiones on line de los medios podrÃan construir sitios interactivos donde se explique de manera sencilla cada uno de los detalles de una ficha técnica de una encuesta. De esta forma -por ejemplo- las personas podrán comprender que si una encuesta fue realizada en Santiago, no es posible referirse a sus resultados como "los chilenos".
Por mientras, habrá que ver si algún medio se anima a comparar los resultados de encuestas electorales pasadas con la votación final que obtuvieron los candidatos presidenciales en esas elecciones. Ese serÃa un buen primer paso para que, más temprano que tarde, las personas puedan tomar decisiones polÃticas en igualdad de condiciones gracias a medios y encuestas transparentes.
11 de Mayo, 2009 La telepolÃtica 2.0 Arturo Arriagada El Mostrador
Las apariciones mediáticas de los candidatos presidenciales en la última semana demostraron que el mensaje -cuando cumple con los criterios de noticia que buscan los medios- es más importante que la persona que lo difunde. A diferencia de sus competidores, la campaña de EnrÃquez-Ominami parece comprender de mejor forma los códigos de la polÃtica mediatizada.
La polÃtica mediatizada es un proceso que involucra a polÃticos, medios de comunicación y electores. Para convertir sus propuestas de campaña en noticia, los candidatos intentan captar la atención de los medios y asà difundir sus mensajes masivamente al electorado. Los medios -por su parte- actúan como filtros de información en función de sus propios intereses polÃticos, ideológicos y económicos. Asà surgen diferencias en la cobertura que los medios le dan a las campañas. Los electores siguen el debate polÃtico a través de los medios y acceden a información para decidir sus preferencias. Parte del éxito de una campaña polÃtica depende de qué forma los candidatos logran superar el filtro de los medios de comunicación y asà comunicar sus ideas al electorado. Los hechos por los que hicieron noticia EnrÃquez-Ominami, Piñera y Frei durante la semana pasada reflejaron las destrezas y dificultades de los candidatos frente a los medios.
Dos noticias marcaron la campaña de EnrÃquez-Ominami. Una encuesta nacional le dio un 14% de intención de voto y apareció en la portada de LUN chascón y con la lengua afuera bajo el tÃtulo "The Ominami Show". En su afán por mostrarse como un outsider, EnrÃquez-Ominami le saca la lengua al sistema polÃtico actual y reemplaza su falta de recursos con presencia mediática. Al dar a conocer la grabación de un documental de su campaña polÃtica, EnrÃquez-Ominami logró superar el filtro de los medios y combinar su discurso polÃtico de cambio con la imagen de polÃtico moderno. Aunque al mismo tiempo, la portada en LUN refleja las debilidades de una candidatura que -a falta de apoyo polÃtico- depende exclusivamente de la cobertura mediática. Si los medios no lo cubren, la candidatura de Marquito no existe para la opinión pública. El protagonista del "Ominami Show" tiene que combinar exitosamente su alto rating mediático con propuestas que no lo excluyan de la agenda pública. Su desafÃo está en lograr que los medios lo cubran tanto cuando hable de propuestas de gobierno como cuando cuente los detalles de su propio reality.
Más por errores ajenos que propios, la semana de Piñera y Frei quedará como una advertencia para sus estrategias comunicacionales. Para comunicar que su candidatura incluye a distintos colores polÃticos, el candidato de la Alianza lanzó con bombos y platillos la "Coalición por el Cambio". La bomba mediática para ese dÃa era el apoyo a Piñera del senador PPD, ex-ministro de Allende y gurú tecnológico, Fernando Flores. Cuando tuvo que salir a justificar su apoyo a Piñera, Flores terminó garabateando a un periodista en CNN.
Ya que son los medios los que controlan el mensaje y no quienes lo intentan comunicar a través de ellos, la noticia en la prensa fue la reacción de Flores y no la nueva coalición de Piñera. Después de esto es probable que la campaña de Piñera siga más asociada a la Alianza que a una nueva coalición. Por lo mismo, el candidato tendrá que pautear a sus futuras contrataciones para que no vuelvan a desviar la atención de sus intereses de campaña. Pero no todo fue pérdida para el candidato, ya que el asunto sacó por un rato de la agenda las crÃticas en contra de su fideicomiso ciego voluntario.
El candidato de la Concertación -Eduardo Frei- debe estar pensando en el divorcio o en hacer campaña en solitario. Las desafortunadas declaraciones de Marta Larraechea difundidas en YouTube a raÃz del indulto que su marido le otorgó a un narcotraficante en 1994, terminaron por hacerle honor al dicho de la señora del César. Este hecho dejó en una incómoda posición a Frei frente a la opinión pública y sus contrincantes. Si bien salió tarde a defender la decisión que tomó en ese momento -a medida que se acerque la elección- la campaña se pondrá más confrontacional. Por lo mismo, Frei deberá estar preparado para dar explicaciones por las acciones y omisiones de su gobierno. Al mismo tiempo, su comando tendrá que estar más atento a la lógica rápida y golpeadora del periodismo 2.0 que terminó por darle un golpe bajo a la candidatura del ex presidente.
En los últimos dÃas, los intentos de los candidatos por comunicar sus ideas y encantar al electorado a través de los medios tuvieron resultados opuestos. Hasta ahora, el "Ominami Show" está demostrando comprender las reglas de la polÃtica mediatizada de mejor forma que sus rivales. La imagen y discurso del candidato outsider ha captado la atención de los medios y éstos no han aplicado un gran filtro a sus propuestas. Lo que Marquito dice, los medios lo publican porque el candidato entiende cómo se hace una noticia. Mientras intenten descansar solamente en el peso especÃfico de sus candidaturas para captar la atención de los medios, Piñera y Frei -con la pequeña ayuda de los amigos- terminarán siendo noticia más por los dichos ajenos que por sus propias propuestas.
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