25 de Mayo de 2009
En la medida de lo posible
Arturo Arriagada
El Mostrador
El apoyo ciudadano a Michelle Bachelet no puede explicarse sólo por la crisis económica y el bolsillo de los chilenos. Su discurso polÃtico -ese que logró construir entre aciertos y errores- refleja también la decepción frente a un sistema polÃtico que se sigue conformando con lograr cambios en la medida de lo posible.
Bachelet está de fiesta y celebró su 67% en las encuestas con un efectivo discurso el pasado 21 de Mayo para insistir en su gran legado, la protección social. Rompió la piñata en plena crisis económica y se dio el lujo de entregar bonos a los chilenos más necesitados. Sus invitados no pudieron pelar el evento -y quienes lo intentaron- terminaron quedando como mal educados. Fue el caso de Piñera quien se quejó porque el bono de $40 mil pesos era muy poco, en tanto Frei esperaba una atención más personalizada por parte de la anfitriona. Son esas mismas declaraciones las que permiten interpretar el 67% de Bachelet.
Bachelet llegó a La Moneda representando el cambio -al ser la primera mujer Presidenta de Chile- sin total claridad sobre cómo lograrlo. Si bien el criterio era cuestionable, la idea de la paridad intentó marcar una diferencia. Con la seguridad que da ganar una elección -pero sin la delicadeza que entregan los años de oficio polÃtico- manifestó su desconfianza ante los partidos y la elite concertacionista. Ese acto afectó sensibilidades que luego terminaron por pasarle la cuenta.
Cuando empezaron los tiempos difÃciles -cartillazo a ministros, Pingüinos, cambios de gabinete, Transantiago, entre otros- Bachelet necesitaba de un discurso polÃtico que le permitiera echar a andar su gobierno. Mientras se hablaba de crisis de liderazgo, ella optó por crear comisiones - educación, reforma previsional, equidad- para discutir y acordar el futuro de Chile. Era la reacción por sobre la acción a las emergentes -y muchas veces postergadas- demandas sociales.
Si bien esas iniciativas tuvieron resultados disparejos, fueron señales de que Bachelet querÃa cambiar las cosas pero algo se lo impedÃa. El establishment polÃtico no se sentÃa cómodo en ese contexto y tanto la Concertación como la Alianza intentaron frenar un estilo de hacer polÃtica que simplemente no entendÃan. A esto se sumó que la figura de Ricardo Lagos -quien habÃa terminado de escribir poco tiempo atrás el manual sobre cómo ser un buen presidente- se desprestigiaba al revelarse los excesos y omisiones de su gobierno.
La lealtad de Bachelet con Lagos -sin dejar de mostrar incomodad ante el asunto- fue el inicio de su discurso polÃtico que hasta ahora está siendo comprendido y aprobado por la ciudadanÃa. Si en los 90' el entonces presidente Aylwin señalaba que la justicia llegarÃa "en la medida de lo posible", Bachelet hacÃa propia esa expresión para explicarle al paÃs el desempeño de su gobierno. Su frase sobre la intuición respecto de partir con el Transantiago fue fundamental para su discurso polÃtico.
Con la llegada de la crisis económica el malestar social se empieza a sentir, aunque Bachelet no es la que paga los costos. La encuesta nacional UDP -en noviembre de 2008- reflejaba que un 63% de los chilenos creÃa en la voluntad de la Presidenta para llevar a cabo reformas, pero que los partidos no la apoyaban. Tal cual como en su discurso polÃtico, los ciudadanos intentan -en la medida de lo posible- no culpar a Bachelet por la ausencia de cambios y viven con ella la decepción frente a un establishment polÃtico con nombre y apellidos.
Por lo mismo, el 67% de popularidad de Bachelet no es endosable a la candidatura de Frei. La actual decepción que muestran los chilenos frente a Piñera, Frei y al sistema de partidos polÃticos, tiene que ver con la ausencia de caras nuevas y de proyectos que motiven a participar en un cambio polÃtico que beneficie al paÃs. Ambos candidatos son parte de una estructura que se acostumbró a funcionar en la medida de lo posible y que le teme a esos cambios. Una cosa es el aprecio que los chilenos le tienen a Bachelet -por sus buenas intenciones- y la otra es creer que alguien como Piñera o Frei van a transformar -en la medida de lo imposible- las intenciones truncadas de Bachelet.
