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Ciudadanía digital, democracia análoga Arturo Arriagada Revista Poder Febrero, 2009
Hasta ahora las campañas políticas son como un reality. Candidatos y aspirantes a famosos se muestran cercanos, honestos y consecuentes para obtener el voto de ciudadanos y audiencias. Pero los reality parecen ser más eficientes que las campañas en captar el interés de los jóvenes. Con la implementación del voto voluntario -y para convocar a quienes hasta ahora no votan- los políticos tendrán que poner más atención a los intereses de personas que se relacionan con el mundo a través de internet y la televisión.
En una sociedad donde los medios de comunicación configuran la vida cotidiana de las personas, la política como instancia de deliberación de los asuntos públicos se ha ido adaptando a la lógica de los medios. Las frases cortas en vez de grandes discursos, la delgada línea entre la vida pública y privada de los políticos y el cambio de las ideologías por apuestas más cercanas a la publicidad de estilos de vida, son algunos ejemplos de esa adaptación. Si la política se ha simplificado para convertirse en un "evento mediático", ¿por qué los casi 3 millones de jóvenes no-inscritos no logran sintonizar con esta nueva "programación"?.
Las transformaciones sociales que ha vivido Chile en los últimos 20 años han redefinido el concepto de "ser-ciudadano". La participación en actividades políticas, en partidos y organizaciones sociales, el voto como un deber y la discusión de asuntos públicos gracias a la información de los medios, podría asociarse a un tipo de ciudadano más propio de los 60 que del bicentenario. En cambio, para esos millones de no-inscritos en los registros electorales, ser ciudadano sería una instancia menos comprometida con las instituciones. El voto no es una obligación y la expresión política se lleva a la práctica a través de decisiones de consumo, voluntariado o activismo. Estas personas no siempre confían en los medios como fuente de información y potencian sus relaciones sociales a través de internet. Al primer grupo Lance Bennett, académico de la universidad de Washington, los llama los "ciudadanos obedientes" y al segundo los bautiza como los "ciudadanos actuales".
El "ciudadano actual" representa la desconexión con una cultura política que genera desconfianza. En Chile, un 43% de los jóvenes entre 18 y 29 años no está dispuesto a participar en las elecciones en el futuro, mientras un 41% considera que sus acciones no inciden en las decisiones de las autoridades, según la encuesta Feedback-UDP de 2009. Hasta ahora los políticos piden que los escuchen, pero estos datos dan cuenta que ellos no están poniendo atención a las motivaciones, demandas e iniciativas de los "ciudadanos actuales". Lo más preocupante es que a menor nivel socioeconómico, mayor la desconfianza y el desinterés en participar.
Poco a poco internet emerge como un espacio para el ejercicio de la política. En el Reino Unido en las elecciones de 2005, diversos estudios confirmaron que los jóvenes -a diferencia de los adultos- participaron del proceso político en internet, considerándolo un espacio confiable y efectivo. En Estados Unidos, durante la campaña de Obama ocurrió lo mismo: en el caso de los jóvenes, internet pasó a ser una herramienta de conexión y compromiso ciudadano con la política, reconocida y validada por el candidato.
En Chile, las dinámicas de organización, comunicación y participación que se dieron en las protestas en Facebook por la "estatua del Papa" dieron cuenta del mismo fenómeno. De la deliberación sobre este asunto público en foros se pasó a la acción en las calles y a la conversación cotidiana sobre el tema. Todo ello a través de la recomendación. A su vez, reflejó las temáticas que motivan a esos jóvenes a participar, mucho más asociados a la defensa de un estilo de vida con resultados en el corto plazo. Así, combinan intereses colectivos -como el cuidado del medio ambiente o el uso de espacios públicos- con el individualismo propio del consumo y los estilos que defienden. Además, la mezcla de humor y entretención en este tipo de participación política no se asocia a la estructura y lenguaje del actual discurso político, más vertical que horizontal. Con esas prácticas los "ciudadanos actuales" atacan la falta de autenticidad que ven en el ejercicio de la política y que los aleja de participar (Estudio Lado Humano-UDP, 2009).
La falacia de la participación que promovieron los candidatos presidenciales en sus campañas online sería una tarea pendiente para los "ciudadanos actuales". Sus sitios web no siempre fomentaron la formación de comunidades que establecieran vínculos de acuerdo a los intereses particulares de los usuarios. Más bien operaron como canchas con reglas y temas predefinidos por los candidatos. Es distinto organizar una "pichanga" en la calle entre desconocidos que jugar obligado con los compañeros de oficina en la fiesta de fin de año. Así se entiende que tan solo un 2,9% de los chilenos haya utilizado internet para obtener información en las elecciones pasadas (ICSO-UDP, 2009).
El desafío para los políticos es generar incentivos que estimulen la participación de los "ciudadanos actuales". El debate sobre la reforma de salud en Estados Unidos y la campaña online de Obama para llevar a la práctica el lobby ciudadano representa un estilo de gobierno que va más allá del voto. También intenta empoderar a los ciudadanos para que se hagan cargo del destino de su país, lo que implica expandir la agenda de temas de discusión pública. Para evitar fomentar la desigualdad entre los ciudadanos obedientes y actuales, la masificación de internet en Chile va a tener que dejar de ser materia pendiente. Por lo mismo, el futuro gobierno debiera insistir en validar cada vez más la participación online.
Para lograr que los millones de "ciudadanos actuales" acudan a votar a las urnas en las próximas elecciones, los políticos no la tienen fácil. Si hasta ahora la participación política se reducía al voto, con el cambio en el sistema electoral la participación online toma relevancia para concretarse en las urnas. Ahora los futuros gobernantes tendrán incentivos potentes para prestarle atención a las dinámicas de conversación y participación online de esas personas. En internet los políticos podrán construir sus propios estadios, pero las reglas, los jugadores y el estilo del partido que se juega lo tienen que elegir los ciudadanos.
15 de Noviembre, 2009 Rostros y votos Arturo Arriagada* Revista Capital
En cierta medida, la figuración de Karen Doggenweiler ha redefinido la influencia de las figuras televisivas que apoyan a los candidatos. Al combinar su rol de animadora con el de esposa de un candidato, fusiona los códigos de la política y la televisión a un nivel que no tiene precedentes. Al llevar su propio rating a la campaña, Doggenweiler neutraliza el que hasta ahora era un factor que favorecía a las campañas de la Concertación.
No es casualidad que los candidatos vayan detrás del apoyo de figuras televisivas para potenciar sus campañas. Así intentan asociarse con los atributos y cercanía de quienes los respaldan y -de paso- convertir el rating en votos. El apoyo público de una celebridad a un candidato en tiempo de elecciones es lo que se conoce como "endorsement". En diciembre de 2007, la animadora de televisión estadounidense Oprah Winfrey -lo más parecido en popularidad a nuestro Don Francisco- apoyó públicamente a Barack Obama. Es tal el arrastre de Winfrey en ese país -su programa The Oprah Show alcanza los 8 millones de televidentes en cada emisión- que una reciente investigación de la Universidad de Maryland estimó en 1.000.000 de votos el respaldo a Obama durante las primarias demócratas.
A diferencia de Oprah, en esta elección estamos en presencia de la animadora de uno de los programas con más rating de la televisión chilena que -al mismo tiempo- es una potencial primera dama. En su doble rol, Doggenweiler aumenta la presencia de la campaña de ME-O en los medios de comunicación. Si la audiencia cautiva de ella en TVN es de 25 puntos de rating, su performance en espacios tan variados como Tolerancia Cero o Buenos Días a Todos, la potencia y diversifica considerablemente. Sin quererlo, en esta elección la señora de ME-O es como una candidata más. Ya que duplica los esfuerzos de su marido -al participar en el CEP y al salir a terreno por su cuenta-, los otros candidatos están en desventaja en esta dimensión, porque no pueden replicar el factor "Karen". El resto de las potenciales "primera dama" está saliendo de sus casas cuando Karen ha estado diariamente en el living de los hogares de los chilenos. Además, al existir figuras televisivas en política en distintos cargos de elección popular, el efecto de los respaldos de este tipo a los candidatos se ve disminuido.
Pero más allá del potencial rating que Doggenweiler pueda convertir en votos, su participación en esta campaña cambia la forma tradicional de "endorsement" electoral en Chile. Si hasta 2005 los candidatos de la Concertación sacaban desde debajo de la manga el apoyo de las figuras del "mundo de la cultura" -que se materializaba en fotos y apariciones en la franja electoral- la presencia de Doggenweiler desafía la efectividad del endorsement tradicional como recurso político. Al hacerlo más explícito, activo y constante desde los medios a la esfera de la política, Doggenweiler le da una nueva dimensión al respaldo como herramienta de campaña y empieza a sacar del clóset a otras figuras televisivas. Si hace un tiempo Felipe Camiroaga se inclinaba tímidamente hacia la candidatura de Eduardo Frei, bajo el nuevo "endorsement"-aparte de sacarse la foto y estar en la franja- el animador del matinal de Chile tendría que salir a terreno y explicitar pública y mediáticamente su apoyo al candidato de turno.
En ese contexto, el respaldo público a Frei del actor Pancho Reyes -figura insigne de las mil y una batallas concertacionistas- se vio opacado ante la presencia de Karen. La falta de novedad -tanto en el uso del recurso como en el personaje elegido- reducen mucho el impacto de esa acción político-comunicacional. Si bien el candidato de la Concertación llevó a Reyes al centro de Santiago para presentarlo a la prensa y sacarle una frase de apoyo, su impacto se ve disminuido ante la novedad de códigos y mensajes que representa Doggenweiler en su doble rol.
Cuando son varias las figuras del espectáculo que han entrado a competir en la cancha de la política electoral nacional -ya sea como candidatos o como un elemento central de una candidatura- el endorsement tradicional, tipo Pancho Reyes, ya no tiene el mismo efecto político. Con esa jugada, los asesores del candidato de la Concertación dan muestras de estar pegados en los 90 y ajenos a la realidad del Chile actual, esa del reality, del zapping y de las ganas de ser partícipes de un proyecto nuevo y cercano a la gente.
* Agradezco los comentarios y sugerencias de Luis Argandoña.
16 de Octubre, 2009 La multiplicación online de los panes Arturo Arriagada Revista Qué Pasa
¿Qué tienen en común Twitter, Facebook, Ebay, MySpace y Obama? La estrategia que utilizaron para masificar sus distintas propuestas en internet. En su último libro el profesor de NYU Adam Penenberg la bautiza como Viral loop.
En el año 2000 un par de amigos creó www.hotornot.com, un sitio que invita a subir tu foto para que cualquier persona te ponga una nota de 1 a 10. Para difundirlo, los creadores enviaron un mail a 42 amigos. El primer día recibieron 37 mil visitas, al octavo tenían 1.8 millón de visitas diarias y en 2006 -con sus 13 billones de votos- vendieron el sitio en 20 millones de dólares.
El viral loop -o ciclo de expansión viral- sería como la versión online del milagro de la multiplicación de los panes. Al recomendar www.hotornot.com a sus amigos, las personas se convirtieron en una especie de Jesús 2.0 que activó la multiplicación exponencial de usuarios del sitio.
El poder del viral loop está en la recomendación de los pares. De esta manera, las personas terminan por satisfacer una demanda que no siempre fue prioritaria. Pensemos en Facebook, Twitter, YouTube o Skype. Todas aplicaciones gratuitas que no ofrecen contenido -sólo lo organizan- y operan como plataformas para que los usuarios generen y compartan su propia información. También son ellos quienes difunden esos servicios sólo por el interés de recomendarlos y -al mismo tiempo- mientras más gente los usa, mayores son los incentivos para quienes no los conocen.
El potencial de la economía en internet también funciona en otras dimensiones de la vida social, como la política. Al igual que www.hotornot.com, el viral loop le permitió a Barack Obama convocar nuevos adherentes y expandir sus propuestas. De esta forma el golazo de Obama fue llevar la participación online a las urnas. Para ello puso a disposición la plataforma www.mybo.com y logró hacer conversar las demandas ciudadanas en 27 mil grupos.
En Chile -con distintos niveles de efectividad- los candidatos presidenciales están aplicando el viral loop en sus campañas. Si bien en esta elección no veremos sus frutos, los postulantes ya saben que para fomentar la confianza ciudadana en el sistema político se requiere de modernización. No es posible que en el mundo online las posibilidades para la participación ciudadana sean inversamente proporcionales y con lógicas tan distintas a las del mundo offline. El desafío del próximo presidente de Chile será convertir en inscripciones en los registros electorales la participación ciudadana de Facebook o Twitter.
28 de Septiembre de 2009 Medios y política: como el padre Gatica Arturo Arriagada El Mostrador
Al ser actores clave para la sustentabilidad de la democracia, tanto el sistema político como de medios de comunicación tienen que establecer mecanismos que fomenten la competencia y transparencia. Entre otros beneficios, las campañas electorales tendrían mayor utilidad y relevancia para los electores a la hora de decidir su voto.
En reciente columna publicada en este medio, José Miguel Izquierdo -asesor de Sebastián Piñera- argumenta que la publicación del informe de Transparencia Internacional (TI) refleja una falta de profesionalismo de los medios de comunicación. A su juicio, estos no pueden excusarse en un informe para "difundir una determinada línea editorial". Izquierdo considera esto como "una señal de que el sistema político y de comunicación social chileno carece de los filtros necesarios para soportar una campaña dura y cerrada".
En Chile el problema que afecta a los medios de comunicación -especialmente a la prensa escrita- no es de línea editorial ni de filtros, sino de transparencia y competencia. Si Izquierdo argumenta que los medios se escudan en un informe -en este caso de una institución prestigiosa y respetada como TI- lo mismo podría señalarse cuando esos medios difunden sin ningún filtro encuestas de opinión pública de dudosas metodologías.
Ya sea en la omisión de sus posiciones políticas al momento de cubrir una campaña, en los conflictos de interés entre sus dueños o en la escasez de indicadores y competencia propios de una industria desarrollada, los medios -al igual que el sistema político- terminan pareciéndose al padre Gatica, predican pero no practican la transparencia. Para una ciudadanía cada vez más escéptica de sus representantes, la revelación de escándalos se ha convertido en la única posibilidad de fiscalización del poder político y económico. En 20 años de democracia, la prensa en Chile ha evolucionado positivamente hacia la fiscalización del sector público, no así del privado.
Si bien los chilenos evalúan positivamente la denuncia de escándalos por parte de los medios, no ocurre lo mismo con la fiscalización del poder político. De acuerdo a la encuesta ICSO-UDP de 2008, un 69% considera a los medios como canales de información sobre los asuntos que afectan al país. Un 67% cree que aportan en la denuncia de escándalos. En tanto, sólo un 52% considera que los medios contribuyen a transparentar el trabajo de la clase política.
Ya que EE.UU. siempre se toma como referente en materia de campañas políticas y transparencia, gran parte de la valoración positiva de las audiencias a diarios exitosos como el Washington Post descansa en las limitaciones que tienen sus dueños para compartir la propiedad en otras empresas. Si en Chile ocurriera algo similar -condición que el candidato de la Coalición por el Cambio todavía no cumple como propietario de CHV- los medios podrían aspirar a una mayor fiscalización del sector público y privado.
EE.UU. también representa un ejemplo donde -muchas veces- los medios de comunicación hacen públicos sus apoyos a distintos candidatos durante las campañas electorales. Lo vimos en la campaña presidencial recién pasada en ese país donde el New York Times apoyó públicamente a Obama, mientras su competidor el New York Post hizo lo mismo con McCain.
Dado el importante rol que cumplen como canales de información entre políticos y electores, el problema actual de los medios no está en sus filtros ni en sus líneas editoriales. Para disminuir las asimetrías de información en la ciudadanía -especialmente en periodos electorales- el sistema de medios chileno -al igual que el político- requiere de mayor competencia y transparencia. La misma que debiera ser fomentada por los actuales candidatos presidenciales y sus asesores. Con ello podrán estimular la participación y credibilidad de la ciudadanía en los procesos políticos e instituciones.
Varias columnas se han escrito después de la foto que se sacaron los periodistas chilenos con Obama. Creo que la de Carlos Peña -publicada el domingo pasado en El Mercurio- es la que explica de mejor forma las consecuencias que tiene este acto en la calidad de la democracia y en la confianza de la ciudadanía en la prensa. Lo importante no es la foto, sino lo que representa, esos conflictos de interés -entre periodistas y políticos, dueños de medios y empresarios- que hacen de nuestra sociedad un espacio donde muchas veces reina la desconfianza y la sospecha.
A.
El discreto encanto del poder Carlos Peña Domingo, 28 de junio de 2009 El Mercurio, Reportajes, D5 http://www.udp.cl/difusion/columnas/columnistas/pena/poder.htm
La foto con Obama es más que el resultado del carisma. Es una tímida metáfora de los vicios de una parte del periodismo chileno: deseos de asimilarse con aquello que miran, lazos personales allí donde no debe haber ni amor ni odio, televisoras de propiedad de un candidato, viajes de periodistas pagados por la Presidencia.
Uno de los desafíos del periodismo es que debe relacionarse con quienes ejercen el poder (de otra manera habría información que quedaría fuera de su alcance); pero, al mismo tiempo, hacer su escrutinio crítico (esta es una de las razones por las que se considera que un periodismo independiente es básico para la salud de la democracia).
En otras palabras, para ser el cuarto poder -como lo llamó Burke-, el periodismo debe tomar distancia de todos los otros poderes.
Así, quienes ejercen el oficio deben ser capaces de vincularse con políticos, empresarios, funcionarios, obispos y figuras públicas; pero no deben dejarse cooptar, ni seducir, en modo alguno por ellos.
Para lograrlo, el periodista no debe olvidar que políticos, funcionarios y personajes públicos son el objeto de su oficio y no el destino de sus sentimientos. Debe tratarlos sin amor y sin odio. Y a la hora de relacionarse con ellos ha de hacerlo desde la más estricta hipocresía. Es imposible que sea de otro modo. ¿Cómo podrían hacer el escrutinio del poder si en vez de tomar distancia se dejaran seducir por su discreto encanto?
Suena grave o serio de más; pero no lo es.
Después de todo, los ciudadanos que han confiado en los periodistas la tarea de ver lo que ellos no pueden mirar, confían en que, puestos ante el desafío, no se dejen confundir. Por eso, los periodistas (como enseñaba Janett Malcom) en vez de dejarse seducir, deben ser capaces, cuando ello sea necesario, de engatusar a los personajes públicos o poderosos para luego traicionarlos (aún a riesgo de que no los hablen o miren nunca más).
Por eso, la foto con Obama causó esa ubicua e inefable incomodidad.
Y es que esa foto mostró cuán fácil es dejarse anestesiar, cuántas tentaciones aparecen en el camino, qué fácil es asimilarse siquiera en el breve lapso de lo que dura una foto.
Por eso, el problema no es la foto, sino lo que ella involuntariamente evoca: la abundancia de conflictos de interés y tentaciones con que en Chile tropieza el oficio de periodista.
Misiones periodísticas pagadas por quien ha de ser objeto de escrutinio (como ocurre con las giras presidenciales); políticos que hacen de panelistas y ejercen de amigos de aquellos que comentan su quehacer (algo que parece estar de moda en las radios); políticos que forman parte de directorios o consejos en la prensa escrita (ocurre en casi todos los diarios); candidatos presidenciales que son dueños de medios (como ocurre con Chilevisión); periodistas por aquí y por allá que aceptan invitaciones empresariales (y luego pasan propaganda por noticias); periodistas que con facilidad se entusiasman allí donde deben mantenerse circunspectos (es cosa de oír esas entrevistas casi familiares que se hacen a los políticos por las mañanas); medios que postergan, luego de dos o tres conversaciones, la emisión de programas (como el que anunció Contacto sobre los parlamentarios); periodistas que hacen de ghostwritter de políticos (ha habido varios, y sin duda por estos meses habrá más); preferencias editoriales que no se revelan pero que influyen (un pecado de todos); obispos que llaman a los canales (y éstos los escuchan).
Y así.
Todas las profesiones padecen, por supuesto, esos conflictos y otros todavía peores; pero los de la prensa son los que poseen repercusiones sociales más dañinas.
Y es que cuando un abogado experimenta conflictos de interés son sus clientes los directamente dañados, y cuando un terapeuta confunde los sentimientos espontáneos con la transferencia es él, o el paciente, quien se perjudica. Pero cuando los periodistas hacen de fans, de subordinados de quienes deben vigilar, de amigos o de perdonavidas, lo que se triza es la ilusión de los ciudadanos de que al mirar la televisión, abrir el diario o escuchar la radio se asomaban siquiera un poco, como dice un eslogan por allí, a la verdad de los hechos.
Y cuando esa trizadura se produce, y cuando la confianza en los periodistas se estropea, es la democracia -que no consta de tres poderes, sino de cuatro- la que resulta, no lo olvidemos, dañada.
Tarjetita de invitación Arturo Arriagada www.antimedios.cl
Si las elecciones presidenciales son como un matrimonio entre la ciudadanía y los candidatos, las campañas políticas -y sus correspondientes "ideas fuerza"- son la invitación a dicha celebración. Si bien quedan algunos meses para que comience la campaña presidencial de manera oficial, los actuales slogan disponibles en las páginas Web de los candidatos no dan para pensar en grandes celebraciones.
Las ideas fuerza de una campaña política nos permiten entender las lecturas que hacen del país quienes aspiran a gobernarlo. A su vez, sirven para identificar a los candidatos y asociarlos con sus propuestas. Por historia personal y carisma, Obama se podía dar el lujo de hacer un copy- paste de las frases de Luther King para explicar su proyecto de gobierno. Pero su célebre "yes we can" resumía de manera precisa la lectura que él hacía de los decepcionados ciudadanos norteamericanos. Al contarnos el país en el que soñaba vivir, Bachelet utilizó la misma estrategia en su campaña en 2005. Su "Estoy Contigo" representaba las ganas de los chilenos por más participación e inclusión social. Aunque todavía no se han definido los slogan de los candidatos, lo que se encuentra en sus actuales páginas Web dan algunas señales para pensar lo que veremos en la campaña presidencial de este año.
Reacio a mostrarse como un ex presidente, Eduardo Frei opta en su plataforma online por apelar al sentimiento nacional. "Chile gana con Frei" es su idea fuerza disponible en www.efrei.cl. Arrancando de sus socios de la Concertación y con un mensaje más propio de los años ´70 que de un ex presidente que inauguró los gaseoductos, Frei invita a los chilenos a sumarse a su candidatura. Su invitación anticipa un matrimonio que intenta celebrar con empanadas y vino tinto pero en un frío y moderno centro de eventos, cuyos invitados están más nerviosos que los novios.
En la misma lógica ajena a los partidos, en www.pinera2010.cl el candidato de la Alianza habla de un "Chile con todo... Chile con todos". Si en 2005 sus ganas por verse en los libros de historia lo llevaron a presentarse como "Piñera Presidente", en esta elección opta por ser un motivador entre Bonvallet y Donald Trump. En su parte de matrimonio -con logos de multitienda en las cuales probablemente tendría alguna participación- Piñera invitaría a todo el país a la celebración y haría una encuesta para saber qué quieren comer los invitados.
Cuando la estrategia es imitar modelos exitosos, no siempre las adaptaciones dan buenos resultados. Tanto Frei como Piñera aspiran a interpretar los "sueños" de los chilenos para sumar apoyos. Preocupado del destino del ser humano en un mundo incierto, Frei aspira a convertirse en el Al Gore criollo. En sus ganas de parecerse a Obama, Piñera se asocia más al Lavín del ´99 y 2005 cuando invita a los chilenos a liderar el "cambio" y escuchar sus "sueños". Hay que recordar que las campañas presidenciales de Gore en 2000 y Lavín -en sus dos versiones- terminaron por convertirse en derrotas con sabor a triunfo, pero derrotas al fin y al cabo.
Con un lenguaje novedoso y con menos recursos y adherentes que Frei y Piñera, Marco Enríquez-Ominami se define como "El futuro" y afirma "Porque Chile cambió" en www.marco2010.cl. Si bien hasta ahora su lectura del país se asocia a la crítica del politburó chilensis, su idea fuerza refleja tanto la novedad en sí misma de su candidatura como las ganas de entrar en una batalla donde todos -menos él- son viejos conocidos. Más que ser un matrimonio innovador, Enríquez-Ominami nos invita a una celebración transgresora. En viernes santo con Jodorowsky como maestro de ceremonia y el Liguria a cargo del banquete.
Si bien en sus campañas los candidatos están integrando el uso de nuevas formas de comunicación online, no siempre se hacen cargo de la invitación que están extendiendo a la ciudadanía. Para demostrar esto, un sencillo ejemplo. Un amigo me dijo que su voto en esta elección presidencial va a ir para el candidato que esté en contra de las centrales hidroeléctricas. Ya que hasta ese momento ninguno de los candidatos se había manifestado con claridad al respecto en los medios, mi amigo le mandó un mail a Piñera, Frei y Enríquez-Ominami a través de sus sitios Web. Hasta ahora el único que le ha contestado su pregunta es Marco Enríquez-Ominami. Algunos dirán que el autonominado candidato tiene más tiempo para contestar preguntas que Frei o Piñera. Pero lo importante acá es el vínculo que el candidato generó con un potencial votante. Ahora mi amigo promueve la candidatura de Enríquez-Ominami por Facebook e incita a sus amigos a votar por él. Si un candidato quiere ser exitoso en su campaña 2.0 invitando a la ciudadanía a ser parte de su proyecto, tiene que aspirar a lograr un diálogo con los electores a través de sus plataformas online. No sólo de links vive la campaña 2.0.
Esta nueva forma de invitar a la ciudadanía a participar en campañas electorales cobra relevancia por tres razones. 1) Porque es la plataforma que los candidatos pueden usar para difundir sus mensajes sin el filtro de los medios de comunicación. En sus sitios Web, los candidatos pueden proponer temas de campaña que golpeen a los medios masivos y pasar a ser parte de sus agendas. 2) Porque al presentar sus campañas en Internet, los candidatos aspiran cautivar el interés de nuevos electores -como mi amigo- especialmente jóvenes. Con su invitación online, Obama logró materializar su idea fuerza -change, yes we can- en una nueva forma de comunicarse con los ciudadanos a través de la red, transformando la fidelidad y el entusiasmo online en votos a través del diálogo. 3) La posibilidad que ofrece la comunicación online para establecer vínculos más cercanos y efectivos entre candidatos y ciudadanos es parte de una nueva forma de hacer política.
Si bien los actuales candidatos aprendieron a ser políticos con los códigos del siglo pasado, tienen que aprender de a poco el nuevo lenguaje que utiliza la política 2.0. Más cercano, recíproco e interactivo que el de las grandes concentraciones y las cuñas para la tele. Para ello los candidatos pueden soltar un poco las amarras de sus campañas y delegarlas en parte en una ciudadanía ansiosa por participar en ellas. Por ejemplo, sólo Enríquez-Ominami posee en Facebook un espacio para que la gente se organice por su cuenta en torno a una actividad de campaña o un tema de discusión. El resto sólo recoleta datos, mails y teléfonos donde el ciudadano sigue siendo un receptor pasivo de la información del candidato. Lo anterior refleja el miedo por parte de los actores políticos de soltar un poco el sartén y delegar en las personas la reflexión de sus temas de campaña en el mundo online. Sería interesante ver un grupo de gente que organice un encuentro comunitario para discutir las propuestas de un candidato a través del sitio Web del mismo.
Siempre tomamos una decisión cuando recibimos una invitación de matrimonio. Si el parte es atractivo y transmite tanto la historia de amor de los novios como sus ganas por compartirla, nos dan ganas de celebrar con ellos. En cambio si el parte se centra sólo en los apellidos de las familias, el matrimonio puede pasar a ser un trámite o sencillamente desecharse. La invitación que Frei y Piñera envían a los ciudadanos a través de sus ideas fuerza es confusa. Cuando sus rostros en la prensa reflejan el cansancio de su propia historia política, en sus plataformas online se muestran como los representantes del "cambio" para realizar los "sueños" de miles de chilenos. Si bien se rejuvenecen en el mundo online, todavía no le han contestado el mail a mi amigo. Hasta ahora, sin tener permiso para casarse y con menos pretensión que Frei y Piñera, Enríquez-Ominami se hace cargo de esta "nueva" forma de hacer política. A seis meses de la elección presidencial, la invitación de los novios para esta elección pronostica un matrimonio más tradicional que transgresor y cuya asistencia -al parecer- será más por la cercanía histórica con los novios que por su historia de amor con la ciudadanía.
20 de Abril de 2009 Opinión-El Mostrador Generación perdida Arturo Arriagada*
El Índice de Generación Digital (IGD) -estudio publicado por VTR, Educar Chile y Adimark- da cuenta de los usos y percepciones acerca de Internet que tienen los chilenos menores de 18 años y sus padres (700 y 300 encuestados, respectivamente). En un año electoral donde quizás se vea el mayor despliegue de campañas online de la historia de Chile, el informe presenta interesantes datos para entender a los votantes del futuro.
Las comparaciones generacionales frente a Internet permiten identificar los diversos intereses que hay detrás de su uso. Si un 31,5% de los padres dice usar Facebook, en el caso de los jóvenes esta cifra llega al 55%. En el uso del chat las diferencias también son significativas. Un 86% de los jóvenes usa Messenger y los padres 45%. Pero mientras un 57% de los padres utiliza Internet para leer noticias, los jóvenes sólo un 20%. Si los padres se informan a través de Internet, sus hijos conversan y crean redes sociales.
En la titánica tarea de convertir la indiferencia en participación, los actores políticos deben destrabar el sistema para que los jóvenes voten (voluntariamente con la inscripción automática). Pero también tienen que buscar formas para potenciar las conversaciones y redes sociales de esos grupos. Así podrán hacer mejores lecturas de lo que quiere la juventud chilena. Por ejemplo, existe evidencia que la utilización de juegos online en campañas políticas informa y atrae de manera efectiva la atención de potenciales votantes, especialmente jóvenes.
El IDG muestra que un 80% de los jóvenes dice tener ideales y sueños, pero solo a un 18% les interesa la política. La interacción online de esos ideales y sueños representa nuevas formas de ser ciudadano que no se interpretan solamente con un link al Facebook de un candidato. Si los jóvenes conversan en los medios online también construyen capital social, es decir, lazos de confianza y reciprocidad con sus pares (conocidos o desconocidos). En el caso de las actuales campañas 2.0, mientras menos trabas tengan los jóvenes para postear en los sitios de los candidatos, mejor. Las protestas estudiantiles de 2006 fueron un ejemplo que demostró las consecuencias de las conversaciones online de los sub-18.
Más que poner un montón de links y texto en sitios web, la gracia de Obama fue su capacidad de interpretar los sueños de jóvenes y adultos para luego usar toda una plataforma de difusión (online y offline) que los vinculara. Así logró convertirse en el verdadero link entre aquellos ciudadanos motivados por el cambio. Además se nutrió de la experiencia previa de Howard Dean y las donaciones online en 2004.
Por lo mismo, podrán compararse con el éxito de Obama los candidatos que logren interpretar a la generación de chilenos más ilustrada de la historia en el uso de Internet. Es probable que esto no lo veamos en las presidenciales de diciembre. Aunque sus lecciones serán útiles para que la atención de la clase política se centre de una vez por todas en una generación cuyos ideales y sueños no pueden desaparecer por la culpa de líderes escasos de ideas.
* Arturo Arriagada es profesor e investigador de la Escuela de Periodismo, Universidad Diego Portales.
En el primer envio de 2009, una columna del director de la Escuela de Periodismo de la UDP, Andres Azocar. En EE.UU. hoy asume Barack Obama, el representante de un cambio que el mundo espera y que se inicio en parte a traves del uso de tecnologia para convocar a distintos ciudadanos con ganas de cambiar el destino de su pais. Azocar analiza las dificultades que tiene la clase politica nacional para poder promover el cambio en Chile, asi como tambien las posibilidades de hacerlo con tecnologia que permita juntar a esos ciudadanos desencantados y difundir sus ideas.
Arturo Arriagada
Obama: un dificil modelo de replicar en Chile Andres Azocar
La locura que ha desatado la asunción de Obama a la presidencia de EE.UU. tiene mucho que ver con las lecciones que dejó su campaña, la orientación de su mensaje aglutinador y especialmente el uso de herramientas de internet que, al menos en apariencia, fueron claves para atraer a más de 11 millones de jóvenes a las urnas por primera vez. Eso es lo que observan de cerca los comandos de Piñera y Frei, que han comenzado a diseñar su propia, y ambiciosa, estrategia "2.0". Sin embargo, no parece ser tan fácil imitar el trabajo del equipo de Obama. No en el corto plazo.
La campaña de Obama, liderada entre otros por David Axelrod, Joe Rospars y Chris Hughes (cofundador de Facebook) está basada en la generación de comunidades (el mensaje siempre estuvo segmentado por nicho) y a la partipación activa y sin restricciones. Un 62% de los partidarios de Obama estuvo dispuesto a pedir a otros que votaran por su candidato, según un estudio del Pew Institute; un millón de personas aceptó que sus celulares estuvieran abarrotados por SMS del candidato y 2 millones de perfiles en línea se acumulan en Mybarakobama.com. Estas cifras no fueron sólo una estrategia digital basada en el hoy famoso Custumer Relationship Management (CRM). Obama prometió participación permanente, un gobierno en línea y un cambio que no se quedó en un discurso hueco e insípido. Hablar de cambio no es complejo, llevarlo a cabo hoy requiere escuchar, responder, volver a escuchar (es decir, conversar) y arriesgarse. Fue la coherencia de su discurso lo que generó que un 59% de sus votantes tuvieran alguna participación en la campaña online del candidato.
Obama sabe que el nivel de expectativa es alto. No basta reproducir el programa de gobierno en un website y recibir comentarios, como claramente es insuficiente tener herramientas diseñadas para un periodo electoral y que desaparecerán apenas se alcance el poder. Obama ya puso a disposición de la ciudadanía Change.gov, para mantener informados (y activos) a sus electores en el periodo de transición. Y ha sido un éxito. El Pew Institute mostró que un 27% de los votantes de Obama ya han visitado el sitio. Además, el presidente número 44 de Estados Unidos ya insinuó que la poderosa base de datos que acumuló como candidato (13 millones de personas) será clave para la nueva democracia. ¿Qué harán los lobbistas, todas las fuentes de presión en Washington y los poderosos congresistas frente a un audiencia gigante que en pocos segundos puede estar al tanto que el programa de gobierno está bloqueado sin razón lógica aparente? Con el fin del dominio de los medios tradicionales y el alto nivel de organización (información) en la red, serán pocos los que se arrieguen a medir las probabilidades de la impunidad. Esta parece otra lección muy compleja de replicar en Chile. A pesar que tenemos uno de los mejores promedios per cápita en Facebook, aún son redes sin músculos, incapaces de hacer otra cosa que admitir amigos. Sumar tampoco parece un verbo atractivo para los parlamentarios chilenos ni para el gobierno. La exclusión y el cuoteo no van de la mano del manual diseñado por Obama. Las comunidades activas, fiscalizarán de la misma forma. Un escenario, sin duda, poco atractivo para nuestros dirigentes.
Hay otros datos que también juegan en contra de replicar la experiencia estadounidense. En un país que tiene un nivel de penetración de internet por sobre el 80% (Chile un 44%), la gente usa los diversos canales de internet para organizarse desde hace muchos años. Por lo mismo, al amparo del mensaje de Obama crecieron iniciativas colectivas, que obviamente el equipo de Obama capturó rápidamente. Los ejemplos más lúcidos fueron Moveon, una red social de jóvenes que sumó 4,2 millones de personas; Youobama , para que la gente subiera video sobre el porqué votarían por el candidato demócrata y My.Bo, una comunidad online de un millón de personas. Si los candidatos en Chile no son capaces de abrir la campaña, este tipo de experiencia sólo nacerá a través de un contrato a honorarios, lo que tiene un futuro que podemos adivinar por anticipado.
Una clase política que cierra puertas, una elite enclaustrada y candidatos sin capacidad de diálogo amplio y coherente -no basta escuchar, hay que actuar-, tienen pocas posibilidades de sumar y generar altos niveles de participación. Obama ganó en las redes sociales, en los celulares, en los videojuegos y en la participación (golpeando puertas), porque asumió que ese mundo (este mundo) exigía un candidato con otro estilo de política para otro tipo de democracia. Quizás este sea el paso más complejo de dar para nuestra anticuada clase dirigente.
Algún día podré contarle a mis hijos que vi por televisión las elecciones de EE.UU. cuando ganó Barack Obama. Algo que ellos van a leer en los libros de historia.
Adjunto el discurso que realizó Obama anoche para celebrar su victoria y el editorial que hoy publica el New York Times explicando la importancia de su triunfo.
Gran discurso y gran poder para comunicar sus ideas. Barack Obama, el nuevo presidente de EE.UU., que a ratos parece ser una nueva inspiración para todo el mundo.
Arturo Arriagada
Barack Obama November 5, 2008
If there is anyone out there who still doubts that America is a place where all things are possible; who still wonders if the dream of our founders is alive in our time; who still questions the power of our democracy, tonight is your answer.
It's the answer told by lines that stretched around schools and churches in numbers this nation has never seen; by people who waited three hours and four hours, many for the very first time in their lives, because they believed that this time must be different; that their voice could be that difference.
It's the answer spoken by young and old, rich and poor, Democrat and Republican, black, white, Latino, Asian, Native American, gay, straight, disabled and not disabled - Americans who sent a message to the world that we have never been a collection of Red States and Blue States: we are, and always will be, the United States of America.
It's the answer that led those who have been told for so long by so many to be cynical, and fearful, and doubtful of what we can achieve to put their hands on the arc of history and bend it once more toward the hope of a better day.
It's been a long time coming, but tonight, because of what we did on this day, in this election, at this defining moment, change has come to America.
I just received a very gracious call from Senator McCain. He fought long and hard in this campaign, and he's fought even longer and harder for the country he loves. He has endured sacrifices for America that most of us cannot begin to imagine, and we are better off for the service rendered by this brave and selfless leader. I congratulate him and Governor Palin for all they have achieved, and I look forward to working with them to renew this nation's promise in the months ahead.
I want to thank my partner in this journey, a man who campaigned from his heart and spoke for the men and women he grew up with on the streets of Scranton and rode with on that train home to Delaware, the Vice President-elect of the United States, Joe Biden.
I would not be standing here tonight without the unyielding support of my best friend for the last sixteen years, the rock of our family and the love of my life, our nation's next First Lady, Michelle Obama. Sasha and Malia, I love you both so much, and you have earned the new puppy that's coming with us to the White House. And while she's no longer with us, I know my grandmother is watching, along with the family that made me who I am. I miss them tonight, and know that my debt to them is beyond measure.
To my campaign manager David Plouffe, my chief strategist David Axelrod, and the best campaign team ever assembled in the history of politics - you made this happen, and I am forever grateful for what you've sacrificed to get it done.
But above all, I will never forget who this victory truly belongs to - it belongs to you.
I was never the likeliest candidate for this office. We didn't start with much money or many endorsements. Our campaign was not hatched in the halls of Washington - it began in the backyards of Des Moines and the living rooms of Concord and the front porches of Charleston.
It was built by working men and women who dug into what little savings they had to give five dollars and ten dollars and twenty dollars to this cause. It grew strength from the young people who rejected the myth of their generation's apathy; who left their homes and their families for jobs that offered little pay and less sleep; from the not-so-young people who braved the bitter cold and scorching heat to knock on the doors of perfect strangers; from the millions of Americans who volunteered, and organized, and proved that more than two centuries later, a government of the people, by the people and for the people has not perished from this Earth. This is your victory.
I know you didn't do this just to win an election and I know you didn't do it for me. You did it because you understand the enormity of the task that lies ahead. For even as we celebrate tonight, we know the challenges that tomorrow will bring are the greatest of our lifetime - two wars, a planet in peril, the worst financial crisis in a century. Even as we stand here tonight, we know there are brave Americans waking up in the deserts of Iraq and the mountains of Afghanistan to risk their lives for us. There are mothers and fathers who will lie awake after their children fall asleep and wonder how they'll make the mortgage, or pay their doctor's bills, or save enough for college. There is new energy to harness and new jobs to be created; new schools to build and threats to meet and alliances to repair.
The road ahead will be long. Our climb will be steep. We may not get there in one year or even one term, but America - I have never been more hopeful than I am tonight that we will get there. I promise you - we as a people will get there.
There will be setbacks and false starts. There are many who won't agree with every decision or policy I make as President, and we know that government can't solve every problem. But I will always be honest with you about the challenges we face. I will listen to you, especially when we disagree. And above all, I will ask you join in the work of remaking this nation the only way it's been done in America for two-hundred and twenty-one years - block by block, brick by brick, calloused hand by calloused hand.
What began twenty-one months ago in the depths of winter must not end on this autumn night. This victory alone is not the change we seek - it is only the chance for us to make that change. And that cannot happen if we go back to the way things were. It cannot happen without you.
So let us summon a new spirit of patriotism; of service and responsibility where each of us resolves to pitch in and work harder and look after not only ourselves, but each other. Let us remember that if this financial crisis taught us anything, it's that we cannot have a thriving Wall Street while Main Street suffers - in this country, we rise or fall as one nation; as one people.
Let us resist the temptation to fall back on the same partisanship and pettiness and immaturity that has poisoned our politics for so long. Let us remember that it was a man from this state who first carried the banner of the Republican Party to the White House - a party founded on the values of self-reliance, individual liberty, and national unity. Those are values we all share, and while the Democratic Party has won a great victory tonight, we do so with a measure of humility and determination to heal the divides that have held back our progress. As Lincoln said to a nation far more divided than ours, "We are not enemies, but friends...though passion may have strained it must not break our bonds of affection." And to those Americans whose support I have yet to earn - I may not have won your vote, but I hear your voices, I need your help, and I will be your President too.
And to all those watching tonight from beyond our shores, from parliaments and palaces to those who are huddled around radios in the forgotten corners of our world - our stories are singular, but our destiny is shared, and a new dawn of American leadership is at hand. To those who would tear this world down - we will defeat you. To those who seek peace and security - we support you. And to all those who have wondered if America's beacon still burns as bright - tonight we proved once more that the true strength of our nation comes not from our the might of our arms or the scale of our wealth, but from the enduring power of our ideals: democracy, liberty, opportunity, and unyielding hope.
For that is the true genius of America - that America can change. Our union can be perfected. And what we have already achieved gives us hope for what we can and must achieve tomorrow.
This election had many firsts and many stories that will be told for generations. But one that's on my mind tonight is about a woman who cast her ballot in Atlanta. She's a lot like the millions of others who stood in line to make their voice heard in this election except for one thing - Ann Nixon Cooper is 106 years old.
She was born just a generation past slavery; a time when there were no cars on the road or planes in the sky; when someone like her couldn't vote for two reasons - because she was a woman and because of the color of her skin.
And tonight, I think about all that she's seen throughout her century in America - the heartache and the hope; the struggle and the progress; the times we were told that we can't, and the people who pressed on with that American creed: Yes we can.
At a time when women's voices were silenced and their hopes dismissed, she lived to see them stand up and speak out and reach for the ballot. Yes we can.
When there was despair in the dust bowl and depression across the land, she saw a nation conquer fear itself with a New Deal, new jobs and a new sense of common purpose. Yes we can.
When the bombs fell on our harbor and tyranny threatened the world, she was there to witness a generation rise to greatness and a democracy was saved. Yes we can.
She was there for the buses in Montgomery, the hoses in Birmingham, a bridge in Selma, and a preacher from Atlanta who told a people that "We Shall Overcome." Yes we can.
A man touched down on the moon, a wall came down in Berlin, a world was connected by our own science and imagination. And this year, in this election, she touched her finger to a screen, and cast her vote, because after 106 years in America, through the best of times and the darkest of hours, she knows how America can change. Yes we can.
America, we have come so far. We have seen so much. But there is so much more to do. So tonight, let us ask ourselves - if our children should live to see the next century; if my daughters should be so lucky to live as long as Ann Nixon Cooper, what change will they see? What progress will we have made?
This is our chance to answer that call. This is our moment. This is our time - to put our people back to work and open doors of opportunity for our kids; to restore prosperity and promote the cause of peace; to reclaim the American Dream and reaffirm that fundamental truth - that out of many, we are one; that while we breathe, we hope, and where we are met with cynicism, and doubt, and those who tell us that we can't, we will respond with that timeless creed that sums up the spirit of a people:
Yes We Can. Thank you, God bless you, and may God Bless the United States of America.
Anoche se emitió en cuatro canales de televisión nacional en EE.UU. un "infomercial" de 30 minutos pagado por Barack Obama. La puntada final para cerrar una campaña cuyo éxito deberá ratificarse en las votaciones del próximo 4 de noviembre.
En el infomercial es posible ver el atractivo del discurso de Obama. En un país donde reina el conflicto y la decepción, él surge con un mensaje optimista, de cambio, renovación y confianza en mejorar la calidad de vida de los estadounidenses (y por qué no decirlo, del resto del mundo).
Al ver a Obama, me acordé de la franja presidencial de Michelle Bachelet. Su mensaje, su discurso de esperanza, la claridad para explicar por qué la desigualdad en Chile es la primera prioridad para cualquier gobierno, etc. Su historia, su empatía, su rol de madre, en fin. Obama y Bachelet fueron efectivos al generar expectativas en los ciudadanos, convocando adherentes a través de sus experiencias de vida y sus propuestas de cambio. El problema de las expectativas es que hay que estar a la altura de ellas. Bachelet cometió errores al no equilibrar las expectativas (como la paridad de género, el cartillazo a los minisitros, no escuchar a los deudores habitacionales, entre otros).
Si bien el contexto de Obama es distinto que el de Bachelet, tendrá que cuidarse para estar a la altura de las expectativas. Es probable que luego de la crisis económica el "capitalismo" siga vivo y no muera como muchos anuncian. En un gobierno de Obama puede que las cosas no cambien demasiado, a excepción de una y que también vivió Chile gracias a Bachelet: que aquellos que se consideran excluidos puedan llegar al poder.
Un candidato presidencial en Chile que aspire a generar expectativas en los ciudadanos, es aquel que se atreva a proponer un país donde la técnica y la política permitan mejorar la calidad de vida de las personas. La técnica para modernizar al Estado y la política para dialogar con los chilenos cómo esas mejoras pueden ser aprovechadas por todos y generar nuevas oportunidades.
Viendo las celebraciones y justificaciones de las coaliciones depués de las elecciones municipales, la falta de sintonía entre la ciudadanía y los políticos se refleja en el poco interés de estos útimos por explicar sus motivaciones y visiones de mundo. Hasta ahora ni Piñera ni ninguno de los potenciales candidatos de la Concertación se han atrevido a contarnos por qué quieren ser presidentes de Chile y por qué uno debiera levantarse a votar por ellos o por qué sus coaliciones merecen la atención de los chilenos. Al parecer su diagnóstico es que las expectativas de la gente no importan tanto como salvar a sus coaliciones. Por lo menos Bachelet y Obama se atrevieron a generar expectativas en los ciudadanos, comunicando sus intenciones.
Arturo Arriagada
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