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29/12/2011 - Medios en Chile: Pecar por Omisión

27 de Diciembre de 2011
Medios en Chile: pecar por omisión
Arturo Arriagada
El Mostrador

La transición a la que hoy en día se ven enfrentados los medios chilenos es pasar del "pecar por omisión" al "transparentar sin transar". Para contradecir a quienes critican su desempeño por promover los intereses de sus dueños, los medios tienen que transparentar sus conflictos de interés y hacerse cargo de su papel en la sociedad. Un proceso que implica reflexionar respecto a la centralidad de los medios en la vida cotidiana y la necesidad de diversificar los discursos y voces que a través de ellos circulan en la esfera pública.

10/8/2011 - Muchos sapos, pocas nueces

De acuerdo a La Tercera, el gobierno decidió poner fin al "monitoreo" a las redes sociales. Acá el artículo publicado hoy. 

En tanto, ayer salió publicada esta columna en El Post sobre el informe que publicó La Moneda la semana pasada con los datos del monitoreo. Con el informe publicado, el gobierno perdió la oportunidad de analizar datos valiosos que permitan mejorar las instancias de participación política de los chilenos. 

Saludos,

A.

9 de Agosto, 2011
Muchos sapos, pocas nueces
Arturo Arriagada
El Post

Con la reciente publicación del informe "Tendencias en Redes Sociales", el gobierno pierde una oportunidad de analizar datos valiosos para mejorar las instancias de participación de los chilenos en política. Si la nueva forma de gobernar invocaba a la transparencia como uno de sus valores fundamentales, la precaria información que contiene este informe sólo alimenta las teorías conspirativas en torno a esta iniciativa, además de convertirse en información poco útil tanto para el propio gobierno como para la opinión pública.

Hace más de un mes, el gobierno manifestó su interés por "escuchar a la ciudadanía". Para ello decidió observar y analizar las conversaciones de los chilenos en las redes sociales. Ese interés fue considerado como un paso hacia la validación de la participación política online por parte de las elites, pero también dio cabida a las teorías conspirativas. Para muchos, el monitoreo no era más que la invasión a la privacidad por parte del Estado, reviviendo incluso lo peor de la dictadura. Así fue como distintas organizaciones de la sociedad civil solicitaron -a través de la ley de acceso a información pública- la publicación de los datos del monitoreo.

Este interés del gobierno es otro paso más en la intersección de las dimensiones políticas y de consumo en nuestra vida cotidiana. Analizar las conversaciones en las redes sociales no es distinto a lo que se hace en un supermercado o multitienda -cuando a través de "puntos", "Rut" y "códigos"- mapean los hábitos de los consumidores. De esta forma, técnicas propias del management pasan a ser parte del repertorio de herramientas gubernamentales para la toma de decisiones políticas. Lo mismo ocurrió cuando las encuestas de opinión pública pasaron a ser insumos fundamentales para los gobiernos. Si son bien diseñadas, con metodologías y procesos de aplicación transparentes, las encuestas se convierten en fuentes de información útil tanto para los gobiernos, los medios y los ciudadanos. Por lo mismo, cuesta entender la precariedad en el análisis y la falta de transparencia en las metodologías y datos del informe entregado por La Moneda.

El reporte -que abarca el periodo entre el 13 de Junio y el 13 de Julio- sólo da cuenta del número de menciones al gobierno en relación a temas como las demandas estudiantiles, el rol del Sernac en el caso La Polar, las propuestas del GANE y el cambio de gabinete. Este informe habla muy mal de la capacidad del gobierno para analizar información valiosa. Por lo mismo, para no alimentar sospechas, el gobierno debiera detallar las fuentes que está monitoreando (Facebook, Twitter, Blogs, medios online, etc.). También podrían incluir las conversaciones online que las personas tienen durante los fines de semana (el informe sólo incluye días de semana). De igual forma, y en los casos que corresponda, es relevante saber el total de gente que está siendo observada, al igual que su género, edad y locación geográfica.

Independiente de estos consejos para "maquillar" los próximos informes, si el gobierno contrató a la empresa Brandmetric para levantar la información, también debiera autorizarla para que se hagan públicos sus datos. Al igual que lo que ocurre con algunas encuestas, todos podrían acceder a las bases de datos y analizar la valiosa información que hoy se está levantando. De paso, esta acción causaría mucho más impacto que las teorías conspirativas que han surgido a raíz del monitoreo.

El tener poca claridad respecto a las metodologías y análisis de los datos que el gobierno está implementando para escuchar a los ciudadanos en el mundo online, sólo alimenta las teorías conspirativas en torno a esta iniciativa. Para que los chilenos no piensen que hay muchos sapos y pocas nueces, la información del monitoreo debiera ser pública para que todos puedan evaluar y analizar lo que ocurre en las redes sociales. Ese sería un gran paso para estimular y validar diversas acciones de participación política online que ya están siendo parte de la vida cotidiana de miles de ciudadanos.

11/7/2011 - Especial sobre medios en The Economist

 La última edición de The Economist viene con un interesante especial sobre los cambios en la industria de medios de comunicación. Disponible acá.  

Adjunto dos artículos que me parece interesante comentar. El primero plantea que la cobertura de los medios tiene que priorizar la transparencia y la fiscalización por sobre la objetividad. Cuando lo privado se hace público, en la era de Internet, cuesta entender que los medios sigan apelando a la objetividad como su principal capital. Hoy los medios más consumidos -y por ende los más rentables- fiscalizan al gobierno de turno y revelan sus preferencias políticas. En Chile esa es tarea pendiente, pero no por ello lejana. Por ejemplo, un 55% de los encuestados señaló en 2010 que los diarios debieran hacer públicas sus preferencias políticas en tiempos de elecciones (Conicyt, UDP & Feedback, 2010). Lo mismo tiene que ocurrir con analistas de medios que no revelan sus conflictos de interés ni sus afiliaciones al momento de analizar fenómenos sociales. Cuando los analistas transparentan sus intereses contribuyen tanto a la calidad del debate público como a la credibilidad de los medios de comunicación que les dan tribuna.

The internet is making news more participatory, social, diverse and partisan, reviving the discursive ethos of the era before mass media. That will have profound effects on society and politics 

El segundo artículo, acerca de los cambios en la industria de medios de comunicación en la era de Internet, propone que las audiencias -ahora productores y consumidores de información- acceden hoy en día a una diversa gama de flujos informativos. Y es ese acceso y diversidad lo que nos hará volver a la era de la deliberación en espacios públicos. "The internet is making news more participatory, social, diverse and partisan, reviving the discursive ethos of the era before mass media. That will have profound effects on society and politics", plantea el artículo. Ahora bien, este tipo de afirmaciones hay que leerlas con cautela. Por ejemplo, una cosa es que en la era de Internet la transparencia sea un valor preciado por ciudadanos y consumidores, y otra es que sean los medios, las tecnologías y sus transformaciones las que determinen el surgimiento de demandas sociales. En Chile hay una relación positiva entre aquellos jóvenes que participan políticamente y utilizan redes sociales, aunque quienes lo hacen son aquellos de nivel socioeconómico más alto. El baile de los que sobran se traspasa al mundo online y todavía ese tipo de predicciones de The Economist hay que leerlas sin olvidar el contexto desde donde se plantean. 

Este tipo de discursos asociados a la democratización y la participación como consecuencia del uso de tecnologías, olvida las formas que tienen las personas de entender esos conceptos y cómo los construyen en la práctica a través de los usos que le dan a Facebook o Twitter. Con esto no desconozco el papel que las redes sociales pueden tener en movimientos sociales, pero de ahí a atribuirle esos movimientos al uso de Facebook y Twitter, como lo han hecho algunos medios nacionales, es otra cosa. El fetichismo tecnológico no puede nublar procesos sociales como el del movimiento estudiantil, ni tampoco esconder las motivaciones de quienes participan en ellos o el papel que tienen tecnologías como las redes sociales en su articulación y desempeño. 

26/5/2011 - Analistas Transparentes

26 de Mayo, 2011

Analistas transparentes

Arturo Arriagada

El Mostrador

Cuando los analistas transparentan sus intereses contribuyen tanto a la calidad del debate público como a la credibilidad de los medios de comunicación que les dan tribuna. Si los medios chilenos adolecen de falta de pluralismo, los analistas poco transparentes fomentan las asimetrías de información y como consecuencia atentan contra la calidad de la democracia.

Es común enfrentarse a la opinión de diversos analistas en los medios de comunicación que omiten dar cuenta de sus labores profesionales a la hora de interpretar fenómenos sociales. Abundan nombres, apellidos y profesiones genéricas, pero escasean la especificidad de sus labores y la posición desde la que hablan. Muchas veces justifican sus dichos con el emblema de la fragmentación de roles -que se traduce en que hoy hablo desde la posición X representando los intereses de X y mañana lo hago desde la posición Y representando los intereses de Y-. Es esa fragmentación la que termina por distorsionar el intercambio público de ideas. Cuando estalló el caso de colusión de las farmacias aparecieron analistas que a su vez asesoraban a las empresas investigadas sin dar cuenta alguna de sus relaciones comerciales. Lo mismo ocurre en periodos electorales cuando analistas, que a su vez asesoran a candidatos y omiten sus vínculos, terminan por alimentar dudas y sospechas sobre sus acciones e intereses.

16/5/2011 - ¿Cerca de la revolución? Cambio y continuidad en la era del “Me gusta” y el “Retuit”

¿Cerca de la revolución?
Cambio y continuidad en la era del "Me gusta" y el "Retuit"
(1)
Presentación Seminario "Medios del Siglo XXI" (2)
3 de Mayo, 2011
Arturo Arriagada (3)
Universidad Diego Portales

En esta presentación quisiera desarrollar tres ideas muy simples que dan cuenta de los cambios y continuidades que plantean los nuevos medios en la distribución del poder en las sociedades: 1) A través de sus prácticas de consumo, producción e intercambio de información, los jóvenes chilenos interesados en los asuntos públicos están redefiniendo el concepto de ciudadanía y las formas de ejercerla. 2) Internet desestabiliza los centros de poder y diversifica los flujos de información, pero también promueve lo que podríamos llamar "chorreo informativo". 3) Que la gente no esté dispuesta a pagar por la información de los medios online plantea un desafío al periodismo como disciplina, lo que obliga a deconstruir y reconstruir el concepto y formato de "noticia" y lo que se entiende por "información".

18/11/2010 - Meet the new ifamily

Meet the new iFamily
Prospect Magazine
Sonia Livingstone (Media & Communications Department, LSE)
17th November 2010 - Issue 177

Are the modern media damaging domestic life? Our new report shows a more complicated picture

Reports on the media and family life tend to generate familiar headlines: tales of teenagers glued to Facebook and mobiles; a generational divide packed with anxious questions over what the modern media are “doing” to families. Our new study, Changing Media, Changing Families, published on 17th November, takes a different approach. Families, we argue, have a dynamic relationship with the media, so we must ask not only what effects media have on families, but also how the changes in modern family life are changing media itself.

The quantity of media consumed by families in the last decade has grown vastly. About half of the average teenager’s waking hours are now spent consuming it in some form—a trend that is becoming true of the wider population. And this means the media have shifted from being an incidental part of our private and cultural lives to an increasingly indispensable infrastructure that dominates social relationships, daily timetables and leisure.

How can these patterns of usage be indicators, as well as causes, of social change? One example is the growing tendency for children to spend not only their teenage but also their young adult years in the home, born of shifts in everything from the cost of living and housing to the job market and cultural norms. This creates a demand for personalised media goods, such as a computer or television in the bedroom, that allow family members their own “media bubbles” within the home.

And our increasing ability to personalise the space around us is in tension with another central aspect of modern media—its power to connect people. Thanks to mobiles, email and social networking sites like Facebook, we can better keep in touch with the people closest to us, and with wider and more diffuse contacts beyond them. This is at once hugely enabling—allowing, for instance, communication and support between members of divergent families spanning countries and continents—yet potentially restricting, in that we tend to spend more time within one or another network of personal contacts.

Such a paradox is evident, above all, in the status of children and their freedom and independence. With families having fewer children in each generation, it seems that parents spend more on each child, treating them as “special.” Parents protect children from the perceived dangers of public places by creating safe leisure environments at home—equipping their homes with giant television screens and games consoles. Even when children are not at home, mobile technology lets parents stay in touch. And yet, via the massed media of a modern home, children are more able to access information about the adult world at younger and younger ages; something parents may understandably feel that, unlike access to public spaces, they cannot regulate or even entirely understand.

In simple terms, the huge increase in the power and the quantity of media consumed by families results in a predictable outcome: our lifestyles are more intensely “mediated” than ever before, at once augmented and cushioned by technology. Evidently, too, children can have a powerful accelerating effect on a society’s use of media, in terms both of parents acquiring media goods for the benefit of their offspring, and children pressuring parents to keep up to date and to diversify their media use and interests. Without families, the industry would have no market.

These changes are not just a matter of cause and effect. They are fuelled by wider social trends: falling birth rates, an ageing population, immigration and newly diffuse notions of family, and a shifting balance between public and private provisions of education. All of these, however, reinforce a contradiction: the power of the modern media to connect people, but also to create personalised retreats away from each other and everyday life.

How these tensions play out, and whether they work for the benefit of society and families alike, is still unknown. The question is further complicated by the fact that the growing power of digital tools tends to go hand-in-hand with an increase in inequality, as more privileged families adopt new tools faster and with greater success than others. We are not, however, the passive creations of our media; it is high time we stopped blaming it for the ills of society, childhood and families. Our report is a starting point for some better informed debate over the intertwined evolution of families and the media.

10/3/2010 - Ciudadanía digital, democracia análoga

Ciudadanía digital, democracia análoga
Arturo Arriagada
Revista Poder
Febrero, 2009

Hasta ahora las campañas políticas son como un reality. Candidatos y aspirantes a famosos se muestran cercanos, honestos y consecuentes para obtener el voto de ciudadanos y audiencias. Pero los reality parecen ser más eficientes que las campañas en captar el interés de los jóvenes. Con la implementación del voto voluntario -y para convocar a quienes hasta ahora no votan- los políticos tendrán que poner más atención a los intereses de personas que se relacionan con el mundo a través de internet y la televisión.

En una sociedad donde los medios de comunicación configuran la vida cotidiana de las personas, la política como instancia de deliberación de los asuntos públicos se ha ido adaptando a la lógica de los medios. Las frases cortas en vez de grandes discursos, la delgada línea entre la vida pública y privada de los políticos y el cambio de las ideologías por apuestas más cercanas a la publicidad de estilos de vida, son algunos ejemplos de esa adaptación. Si la política se ha simplificado para convertirse en un "evento mediático", ¿por qué los casi 3 millones de jóvenes no-inscritos no logran sintonizar con esta nueva "programación"?.

Las transformaciones sociales que ha vivido Chile en los últimos 20 años han redefinido el concepto de "ser-ciudadano". La participación en actividades políticas, en partidos y organizaciones sociales, el voto como un deber y la discusión de asuntos públicos gracias a la información de los medios, podría asociarse a un tipo de ciudadano más propio de los 60 que del bicentenario. En cambio, para esos millones de no-inscritos en los registros electorales, ser ciudadano sería una instancia menos comprometida con las instituciones. El voto no es una obligación y la expresión política se lleva a la práctica a través de decisiones de consumo, voluntariado o activismo. Estas personas no siempre confían en los medios como fuente de información y potencian sus relaciones sociales a través de internet. Al primer grupo Lance Bennett, académico de la universidad de Washington, los llama los "ciudadanos obedientes" y al segundo los bautiza como los "ciudadanos actuales".

El "ciudadano actual" representa la desconexión con una cultura política que genera desconfianza. En Chile, un 43% de los jóvenes entre 18 y 29 años no está dispuesto a participar en las elecciones en el futuro, mientras un 41% considera que sus acciones no inciden en las decisiones de las autoridades, según la encuesta Feedback-UDP de 2009. Hasta ahora los políticos piden que los escuchen, pero estos datos dan cuenta que ellos no están poniendo atención a las motivaciones, demandas e iniciativas de los "ciudadanos actuales". Lo más preocupante es que a menor nivel socioeconómico, mayor la desconfianza y el desinterés en participar.

Poco a poco internet emerge como un espacio para el ejercicio de la política. En el Reino Unido en las elecciones de 2005, diversos estudios confirmaron que los jóvenes -a diferencia de los adultos- participaron del proceso político en internet, considerándolo un espacio confiable y efectivo. En Estados Unidos, durante la campaña de Obama ocurrió lo mismo: en el caso de los jóvenes, internet pasó a ser una herramienta de conexión y compromiso ciudadano con la política, reconocida y validada por el candidato.

En Chile, las dinámicas de organización, comunicación y participación que se dieron en las protestas en Facebook por la "estatua del Papa" dieron cuenta del mismo fenómeno. De la deliberación sobre este asunto público en foros se pasó a la acción en las calles y a la conversación cotidiana sobre el tema. Todo ello a través de la recomendación. A su vez, reflejó las temáticas que motivan a esos jóvenes a participar, mucho más asociados a la defensa de un estilo de vida con resultados en el corto plazo. Así, combinan intereses colectivos -como el cuidado del medio ambiente o el uso de espacios públicos- con el individualismo propio del consumo y los estilos que defienden. Además, la mezcla de humor y entretención en este tipo de participación política no se asocia a la estructura y lenguaje del actual discurso político, más vertical que horizontal. Con esas prácticas los "ciudadanos actuales" atacan la falta de autenticidad que ven en el ejercicio de la política y que los aleja de participar (Estudio Lado Humano-UDP, 2009).

La falacia de la participación que promovieron los candidatos presidenciales en sus campañas online sería una tarea pendiente para los "ciudadanos actuales". Sus sitios web no siempre fomentaron la formación de comunidades que establecieran vínculos de acuerdo a los intereses particulares de los usuarios. Más bien operaron como canchas con reglas y temas predefinidos por los candidatos. Es distinto organizar una "pichanga" en la calle entre desconocidos que jugar obligado con los compañeros de oficina en la fiesta de fin de año. Así se entiende que tan solo un 2,9% de los chilenos haya utilizado internet para obtener información en las elecciones pasadas (ICSO-UDP, 2009).

El desafío para los políticos es generar incentivos que estimulen la participación de los "ciudadanos actuales". El debate sobre la reforma de salud en Estados Unidos y la campaña online de Obama para llevar a la práctica el lobby ciudadano representa un estilo de gobierno que va más allá del voto. También intenta empoderar a los ciudadanos para que se hagan cargo del destino de su país, lo que implica expandir la agenda de temas de discusión pública. Para evitar fomentar la desigualdad entre los ciudadanos obedientes y actuales, la masificación de internet en Chile va a tener que dejar de ser materia pendiente. Por lo mismo, el futuro gobierno debiera insistir en validar cada vez más la participación online.

Para lograr que los millones de "ciudadanos actuales" acudan a votar a las urnas en las próximas elecciones, los políticos no la tienen fácil. Si hasta ahora la participación política se reducía al voto, con el cambio en el sistema electoral la participación online toma relevancia para concretarse en las urnas. Ahora los futuros gobernantes tendrán incentivos potentes para prestarle atención a las dinámicas de conversación y participación online de esas personas. En internet los políticos podrán construir sus propios estadios, pero las reglas, los jugadores y el estilo del partido que se juega lo tienen que elegir los ciudadanos.

15/2/2010 - Reiniciar la democracia

13/02/10
Reiniciar la democracia
Arturo Arriagada
Revista Que Pasa

A diferencia de los computadores, las democracias no tienen un botón que permita reiniciarlas. Si bien esta forma de organización social está pasando por un momento difícil, muchas voces consideran que internet la puede reanimar. Ya sea como un facilitador de la organización política o como un espacio para la deliberación de los asuntos públicos, internet puede robustecer la democracia fomentando la participación ciudadana. El desafío de políticos y ciudadanos está en darle credibilidad a la política online.

La revista Wired -en su versión británica - publicó hace unas semanas un artículo titulado Reboot Britain (Reiniciar al Reino Unido). Académicos, consultores y ciudadanos presentaron ideas para fomentar el debate público y mejorar la calidad de la democracia. La desconfianza hacia la clase política y los bajos niveles de participación ciudadana son síntomas de una enfermedad que afecta a diversas democracias en el mundo, la crisis de la representación.

James Murray -emprendedor y asesor tecnológico de laboristas y conservadores- considera que un gobierno competente tiene que promover la participación online ¿De qué forma? Dejando que los ciudadanos presenten proyectos de ley a través de internet. Allí la gente vota por ellos y, si se aprueban, el Parlamento se compromete a discutirlos. Murray también sugiere que los proyectos de ley que presenten los parlamentarios puedan ser bloqueados por los ciudadanos. En caso de recolectar 20 mil firmas online, el proyecto no se vota en el Parlamento. Si eso no ocurre, el proyecto se discute en las cámaras. Quizás esta iniciativa implique más trabajo para los parlamentarios, pero sería una señal de interés por escuchar la voz de quienes se interesan en participar más allá de las urnas.

¿Es posible llevar la experiencia de la web 2.0 a la aplicación de las leyes? Aza Raskin -director de user experience de Mozilla Labs- cree que sí. Si Facebook, Twitter y Google mejoran sus servicios a través del uso que le dan los usuarios, lo mismo debiera ocurrir con la implementación de nuevas leyes. Al igual que los sitios de internet, las leyes requieren de marcha blanca para operar y responder a la particularidad del comportamiento humano.

Todavía la idea de una democracia representativa fomentada desde internet suena lejana para la realidad chilena. ¿Algunas razones? La falta de acceso a la red y el cambio de paradigma que significa validar el espacio online como un lugar para el ejercicio de la política. Pero si la clase política no se atreve a innovar para intentar recuperar la confianza de la ciudadanía, transparentando sus acciones y escuchando a los ciudadanos, todos perdemos. El gobierno de Sebastián Piñera tiene que abrir las grandes alamedas de la era digital a los chilenos. Sólo así se harán realidad los anhelos de más participación y democracia de quienes aspiran a construir una sociedad menos desigual.

21/12/2009 - Killing in the Name of (participación & democracia)

Hace un tiempo Antimedios está discutiendo el tema de la participación ciudadana a través de Internet. Algunas acciones se han visto en Chile con la "píldora de día después", la "estatua del papa" y las "becas Chile". En menor medida algo ha pasado con las elecciones presidenciales con la campaña en Twitter "#paraunirseafrei", el "Frei no More" o la estrella de Piñera que circula en las fotos de miles de usuarios. Todas acciones que develan la desconexión existente entre la política, sus instituciones y los ciudadanos.

Acá otro ejemplo. En UK Jon Morter comenzó una campaña por Facebook para que los ingleses impidieran que llegara al número uno de los rankings musicales la canción del ganador de turno del reality "X Factor" (que alcanza peaks de audiencia de 15 millones). Morter propuso que "Killing in the Name" -una canción de protesta del grupo Rage Against the Machine- fuera comprada por el público y alcanzara el número 1 del ranking navideño británico. La canción -que habla en contra de la corrupción en EE.UU., el Ku Klux Klan y su relación con la policía de ese país- ya había sido número uno en UK en 1992. En Wikipedia la historia de Killing in the Name.

La campaña de Morter alcanzó más de 480.000 seguidores en Facebook. A ella se sumaron públicamente Paul McCartney y el grupo Rage Against the Machine -que donará las ganancias- y que hicieron llegar a "Killing in the Name" al número 1 de los rankings en UK. Lo paradójico de esto es que Simon Cowell -creador del reality X Factor y quien se lleva las ganancias por las canciones que salen del programa- también tenía relación con el sello Sony que grabó "Killing in the Name". Los riesgos de la concentración de propiedad y la falta de transparencia.

La campaña de Morter no es tan distinta a las ocurridas en Chile y apela a la misma escasez de participación que vemos en distintas dimensiones en las sociedades modernas. Ya sea en la industria de la música, en los medios de comunicación y su colusión de agendas, en la política y el mercado, Internet emerge como un espacio para la liberación de frustraciones en contra de esas imperfecciones (ej: www.reclamos.cl). La diversidad de agendas y demandas ciudadanas encuentran en Internet un espacio natural que no se condice con las instancias de participación que ofrecen, por ejemplo, actores políticos como los partidos o los medios.

En un estudio realizado con Sebastián Valenzuela, entre 2000 y 2005, el 80% de las noticias aparecidas en diarios y televisión hablaron de los mismos temas. Que los medios hablen de lo mismo contribuye a fomentar las asimetrías de información, disminuyendo las posibilidades de agendas temáticas distintas y representativas de la diversidad de intereses ciudadanos. Así se estimula la desigualdad entre aquellos que son parte de una deliberación monótona sobre los asuntos públicos -como la de los políticos en los medios- y de los que encuentran otros espacios para ello -como los grupos en Facebook- porque tienen acceso a Internet.

De esta forma la competencia y transparencia en la industria de medios en Chile es clave para disminuir las asimetrías de información y fomentar la diversidad temática. Si bien los medios han sido activos en promover la cultura de la transparencia, también la falta de ella les impide extender su rol fiscalizador. La escasez de indicadores en esa industria (perfil de consumidor, propiedad, conflictos de interés, cobertura, etc.) se convierten en barreras de acceso a información para los chilenos.

Si www.reclamos.cl es un sitio que recoge las quejas de los ciudadanos en contra de servicios de empresas, el Colegio de Periodistas podría generar un espacio similar para fomentar la calidad del trabajo periodístico. Lo que está haciendo www.ojodelmedio.blogspot.com va en esa dirección. Instancias similares podrían surgir en el Consejo Nacional de Televisión y la Asociación Nacional de la Prensa. Así se podría ampliar tanto el rol fiscalizador y de monitoreo que estos organismos promueven respecto del trabajo de los medios en Chile, pero lo más importante, estimularían la competencia y la transparencia para romper con las asimetrías de información que también fomentan la desigualdad.

El detalle de la campaña Morter y Rage Against the Machine se describe en este artículo de The Guardian

Saludos,

A.

16/12/2009 - Cambio participación por copihues, estrellas y arcoiris

15 de Diciembre
Cambio participación por copihues, estrellas y arcoiris
Arturo Arriagada
El Mostrador

El voto de castigo a la Concertación representa las demandas ciudadanas por más instancias de participación, competencia y transparencia en los procesos políticos. Independiente de los símbolos utilizados por los candidatos presidenciales para representarla y promoverla, la participación ciudadana la hará realidad quien esté dispuesto a interpretar los distintos tipos de ciudadanía que quieren practicar las personas y genere instancias para ello.

Los problemas de participación que adolece el sistema político chileno están principalmente en sus partidos. Estas organizaciones no tienen mecanismos transparentes y competitivos para elegir a sus líderes y/o candidatos. Por lo mismo, son pocos los que participan. Las primarias de utilería de la Concertación explican la irrupción de Marco Enríquez-Ominami. En la derecha la cosa no es muy distinta. Mientras la UDI habla de renovación y cambio, su directiva representa lo contrario. La libertad que promulga la derecha en lo económico no aplica a la hora de elegir a sus candidatos presidenciales. La candidatura de Piñera en 2005 fue el mejor ejemplo de ello.

La elite política entiende y reduce la participación ciudadana solamente al voto, dejando fuera de su concepción de ciudadanos a aquellos que no votan pero sí quieren participar a través de otras instancias. Así partidos y actores políticos no tienen ningún incentivo para involucrar en sus dinámicas, por ejemplo, a comunidades que intentan transparentar la política recopilando información del desempeño de parlamentarios en el Congreso. Si no están inscritos no existen. Tampoco la elite política se interesa en develar las razones que llevan a los jóvenes -y no tan jóvenes- a no inscribirse. Para ello es fundamental crear mecanismos que incentiven a las personas a participar en estos procesos políticos. Especialmente para los millones de jóvenes que -en vez de ir a las urnas- estuvieron en Facebook este domingo.

Si bien la brecha digital fomenta las asimetrías de información en las personas, la educación desde los colegios y el fomento a la participación online en procesos políticos es clave. Así se puede pensar en integrar a quienes desconfían de la actual forma de hacer política, pero apoyan causas en Facebook. Intentar con primarias donde los chilenos voten a través de Internet sería un gran paso pro-participación y transparencia. Algo menos ambicioso -no por ello menos eficiente- es crear foros en los sitios Web de los partidos que intenten generar discusión en torno a lo que se entiende por política y las razones del desencanto. Todo ello en las salas de clases de colegios del país.

Las instituciones y la política como instancia de deliberación se tienen que adaptar a la lógica de comunicación y participación que opera en Internet. Si buscar información en Google es sencillo, no ocurre lo mismo en un sitio del gobierno. Mientras YouTube y Twitter obligan a decir lo importante de manera clara, empática y breve, el esquema de franjas presidenciales se agota en un público reducido, aquellos que son parte del padrón electoral.

Es cierto que Internet no moviliza por sí solo a las personas. Menos si los partidos políticos ponen enlaces a sitios de redes sociales cuando no existen mecanismos transparentes y competitivos para elegir a sus candidatos presidenciales. Esas son las contradicciones que llevan a las personas a seguir inmersos en Facebook en causas que reflejan sus estilos de vida. Para incentivar la participación tienen que haber relatos que convoquen, construidos en instancias y espacios de deliberación -como Internet-, partidos políticos y líderes que inviten a participar, basados en la competencia y la transparencia. Así, Internet será la herramienta que les permita diversificar el tipo de ciudadano al que quieren representar, y al mismo tiempo, el espacio donde las personas podrán elegir el o los tipos de ciudadanía que quieren ejercer.

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