18 de Enero, 2010
La Concertaci贸n se divorcia de la opini贸n p煤blica
Arturo Arriagada
El Mostrador
Ayer se firm贸 el divorcio entre la Concertaci贸n y los chilenos. Despu茅s de un matrimonio de 20 a帽os, la mayor铆a de los ciudadanos consider贸 necesario construir una nueva relaci贸n con la Coalici贸n por el Cambio. Pero los matrimonios dejan hijos, amigos e historias en com煤n. Para terminar con la tristeza propia de un quiebre sentimental, Pi帽era tiene que darle continuidad y novedad al relato concertacionista de respeto a los derechos humanos, el ejercicio de las libertades individuales y el modelo econ贸mico con rostro humano.
Gracias a la Concertaci贸n los chilenos se convirtieron en ciudadanos m谩s exigentes y conscientes de ejercer libremente sus derechos. Si bien la coalici贸n de centro-izquierda promovi贸 las "tres cuotas precio contado" y el derecho a reclamo por servicios de mala calidad, no estuvo dispuesta a crear un eficiente "servicio al cliente". Durante la campa帽a no escuch贸 las demandas de m谩s participaci贸n, renovaci贸n de las elites pol铆ticas y el cumplimiento de promesas pendientes con diversos sectores que se arrastraban desde hace varios a帽os. Confi贸 en la aprobaci贸n de Bachelet quien hace rato hab铆a optado por potenciar su propio liderazgo a costa de la coalici贸n. Los esc谩ndalos de corrupci贸n, el conflicto mapuche, la falta de recambio en las c煤pulas de los partidos, la pol铆tica medioambiental -entre otros pendientes- fueron ocupando la l铆nea de cr茅dito de una Concertaci贸n que parec铆a m谩s preocupada de mantenerse en el poder que de renovar el voto de confianza con los chilenos. Por lo mismo, apelar a los derechos humanos y a la posibilidad de volver al caos con un gobierno de derecha, fueron estrategias probadas que no estuvieron a la altura de las demandas del electorado.
A diferencias de otras campa帽as de la derecha, la de Pi帽era fue exitosa gracias a tres acciones. En primer lugar, no le hizo caso a los que pregonaban la teor铆a del desalojo. Entendi贸 que el tono de los a帽os ochenta ya no corr铆a en el Chile del bicentenario. En segundo lugar, se mostr贸 como un candidato liberal en lo econ贸mico y tambi茅n en lo val贸rico. Para ello acorral贸 a los autoflagelantes de la UDI y aisl贸 de la campa帽a a quienes tuvieron alguna vinculaci贸n con la dictadura. Por m谩s que la Concertaci贸n intent贸 asociar a Pi帽era con la dictadura y el conservadurismo -pese a sus ambig眉edades de 煤ltimo momento- el ahora presidente electo nunca se mostr贸 interesado en liquidar su chapa de moderado. La Concertaci贸n impuls贸 el ejercicio de la libertad de los chilenos en la calle, en las urnas y en la cama y Pi帽era no lo desconoci贸. En tercer lugar, Pi帽era se subi贸 al carro de los logros de la Concertaci贸n -como la protecci贸n social- y critic贸 duramente los errores de la coalici贸n de centro-izquierda como la corrupci贸n y la falta de renovaci贸n.
En sus 20 a帽os de gobierno, la Concertaci贸n construy贸 un relato y una est茅tica propia de su arcoiris, basada en la inclusi贸n y la diversidad, la tolerancia y el respeto. Su principal arma ante todas las dificultades y contradicciones que enfrentaron en el ejercicio del poder fueron los derechos humanos y la recuperaci贸n de la democracia. Una vez que Bachelet lleg贸 a La Moneda y que Pinochet muri贸 sin funerales de Estado, la Concertaci贸n perd铆a parte importante de su ethos y comenz贸 a desarmarse. La tolerancia que predicaban se esfum贸 con las primarias para la galer铆a que llevaron a Frei a ser el candidato en esta elecci贸n. La contradictoria renovaci贸n que represent贸 Orrego, Toh谩 y Lagos Weber en el comando de Frei y la renuncia de dos de los cuatro presidentes de los partidos no fue suficiente.
En su llegada a La Moneda, Pi帽era tendr谩 que continuar el legado concertacionista. Los chilenos apostaron por la renovaci贸n de caras y la eficiencia en las pol铆ticas desarrolladas por la Concertaci贸n. Cuando entrevistaban a los adherentes de Pi帽era en televisi贸n, s贸lo dec铆an que Chile necesita un cambio. Pi帽era es un nuevo piloto que lo representa, pero tendr谩 que seguir aportando al cambio cultural que impuls贸 la Concertaci贸n hace 20 a帽os. Por lo mismo su primera se帽al debe ser la expl铆cita y transparente separaci贸n entre pol铆tica y negocios. En su discurso como presidente electo ya dej贸 en claro que el rol de la futura oposici贸n y la democracia de los acuerdos ser谩n claves. La luna de miel de su gobierno depender谩 del tiempo que demore la Concertaci贸n en renovarse.
Si el Chile del bicentenario es claramente mejor al del plebiscito ha sido gracias a la coalici贸n del arcoiris. Pero la Concertaci贸n pec贸 de soberbia, se aferr贸 al poder y fue incapaz de seguirle el ritmo a las demandas ciudadanas que ella misma cri贸 y educ贸 durante 20 a帽os.
