Eduardo Frei

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18/1/2010 - La Concertación se divorcia de la opinión pública

18 de Enero, 2010
La Concertación se divorcia de la opinión pública
Arturo Arriagada
El Mostrador

Ayer se firmó el divorcio entre la Concertación y los chilenos. Después de un matrimonio de 20 años, la mayoría de los ciudadanos consideró necesario construir una nueva relación con la Coalición por el Cambio. Pero los matrimonios dejan hijos, amigos e historias en común. Para terminar con la tristeza propia de un quiebre sentimental, Piñera tiene que darle continuidad y novedad al relato concertacionista de respeto a los derechos humanos, el ejercicio de las libertades individuales y el modelo económico con rostro humano.

Gracias a la Concertación los chilenos se convirtieron en ciudadanos más exigentes y conscientes de ejercer libremente sus derechos. Si bien la coalición de centro-izquierda promovió las "tres cuotas precio contado" y el derecho a reclamo por servicios de mala calidad, no estuvo dispuesta a crear un eficiente "servicio al cliente". Durante la campaña no escuchó las demandas de más participación, renovación de las elites políticas y el cumplimiento de promesas pendientes con diversos sectores que se arrastraban desde hace varios años. Confió en la aprobación de Bachelet quien hace rato había optado por potenciar su propio liderazgo a costa de la coalición. Los escándalos de corrupción, el conflicto mapuche, la falta de recambio en las cúpulas de los partidos, la política medioambiental -entre otros pendientes- fueron ocupando la línea de crédito de una Concertación que parecía más preocupada de mantenerse en el poder que de renovar el voto de confianza con los chilenos. Por lo mismo, apelar a los derechos humanos y a la posibilidad de volver al caos con un gobierno de derecha, fueron estrategias probadas que no estuvieron a la altura de las demandas del electorado.

A diferencias de otras campañas de la derecha, la de Piñera fue exitosa gracias a tres acciones. En primer lugar, no le hizo caso a los que pregonaban la teoría del desalojo. Entendió que el tono de los años ochenta ya no corría en el Chile del bicentenario. En segundo lugar, se mostró como un candidato liberal en lo económico y también en lo valórico. Para ello acorraló a los autoflagelantes de la UDI y aisló de la campaña a quienes tuvieron alguna vinculación con la dictadura. Por más que la Concertación intentó asociar a Piñera con la dictadura y el conservadurismo -pese a sus ambigüedades de último momento- el ahora presidente electo nunca se mostró interesado en liquidar su chapa de moderado. La Concertación impulsó el ejercicio de la libertad de los chilenos en la calle, en las urnas y en la cama y Piñera no lo desconoció. En tercer lugar, Piñera se subió al carro de los logros de la Concertación -como la protección social- y criticó duramente los errores de la coalición de centro-izquierda como la corrupción y la falta de renovación.

En sus 20 años de gobierno, la Concertación construyó un relato y una estética propia de su arcoiris, basada en la inclusión y la diversidad, la tolerancia y el respeto. Su principal arma ante todas las dificultades y contradicciones que enfrentaron en el ejercicio del poder fueron los derechos humanos y la recuperación de la democracia. Una vez que Bachelet llegó a La Moneda y que Pinochet murió sin funerales de Estado, la Concertación perdía parte importante de su ethos y comenzó a desarmarse. La tolerancia que predicaban se esfumó con las primarias para la galería que llevaron a Frei a ser el candidato en esta elección. La contradictoria renovación que representó Orrego, Tohá y Lagos Weber en el comando de Frei y la renuncia de dos de los cuatro presidentes de los partidos no fue suficiente.

En su llegada a La Moneda, Piñera tendrá que continuar el legado concertacionista. Los chilenos apostaron por la renovación de caras y la eficiencia en las políticas desarrolladas por la Concertación. Cuando entrevistaban a los adherentes de Piñera en televisión, sólo decían que Chile necesita un cambio. Piñera es un nuevo piloto que lo representa, pero tendrá que seguir aportando al cambio cultural que impulsó la Concertación hace 20 años. Por lo mismo su primera señal debe ser la explícita y transparente separación entre política y negocios. En su discurso como presidente electo ya dejó en claro que el rol de la futura oposición y la democracia de los acuerdos serán claves. La luna de miel de su gobierno dependerá del tiempo que demore la Concertación en renovarse.

Si el Chile del bicentenario es claramente mejor al del plebiscito ha sido gracias a la coalición del arcoiris. Pero la Concertación pecó de soberbia, se aferró al poder y fue incapaz de seguirle el ritmo a las demandas ciudadanas que ella misma crió y educó durante 20 años.

14/8/2009 - Fiscalización Electoral

Sin ánimo de hacer publicidad gratuita y/o engañosa, acá envío una propuesta interesante de cobertura 2.0 de las campañas presidenciales en Chile.

La Tercera, junto a la Escuela de Periodismo UDP y Tendencias Políticas lanzaron un sitio especial para cubrir la campaña presidencial. Lo interesante de esta iniciativa es la difusión de datos de cobertura de medios a los presidenciables. Por ejemplo, es posible saber que Sebastián Piñera es el candidato con mayor cobertura en medios e Internet.

Además, el aporte de la Escuela de Periodismo UDP* permite fomentar la fiscalización de los medios a las promesas de campaña. Bien sabemos que en campaña los candidatos prometen el oro y el moro o hacen diagnósticos que no siempre se ajustan a la realidad. En el sitio, estudiantes de periodismo monitorean y contrastan cada una de las promesas y frases de campaña de los candidatos con datos reales y opiniones de expertos.

Ya que todavía no hemos visto debates reales entre los candidatos -y lo más probable es que tampoco los veamos- el sitio de La Tercera puede ser un buen insumo a la hora de elegir al próximo presidente de Chile. Eso sí, el desafío para La Tercera será lograr que la fiscalización sea igual para todos los candidatos. Además, podría incluir los datos de cobertura del resto de los medios -con nombre y apellido- y no solo de Internet.

Adjunto el link del sitio VOTA 2009

Saludos,

A.

 

10/6/2009 - Tarjetita de invitación

Tarjetita de invitación
Arturo Arriagada
www.antimedios.cl

Si las elecciones presidenciales son como un matrimonio entre la ciudadanía y los candidatos, las campañas políticas -y sus correspondientes "ideas fuerza"- son la invitación a dicha celebración. Si bien quedan algunos meses para que comience la campaña presidencial de manera oficial, los actuales slogan disponibles en las páginas Web de los candidatos no dan para pensar en grandes celebraciones.

Las ideas fuerza de una campaña política nos permiten entender las lecturas que hacen del país quienes aspiran a gobernarlo. A su vez, sirven para identificar a los candidatos y asociarlos con sus propuestas. Por historia personal y carisma, Obama se podía dar el lujo de hacer un copy- paste de las frases de Luther King para explicar su proyecto de gobierno. Pero su célebre "yes we can" resumía de manera precisa la lectura que él hacía de los decepcionados ciudadanos norteamericanos. Al contarnos el país en el que soñaba vivir, Bachelet utilizó la misma estrategia en su campaña en 2005. Su "Estoy Contigo" representaba las ganas de los chilenos por más participación e inclusión social. Aunque todavía no se han definido los slogan de los candidatos, lo que se encuentra en sus actuales páginas Web dan algunas señales para pensar lo que veremos en la campaña presidencial de este año.

Reacio a mostrarse como un ex presidente, Eduardo Frei opta en su plataforma online por apelar al sentimiento nacional. "Chile gana con Frei" es su idea fuerza disponible en www.efrei.cl. Arrancando de sus socios de la Concertación y con un mensaje más propio de los años ´70 que de un ex presidente que inauguró los gaseoductos, Frei invita a los chilenos a sumarse a su candidatura. Su invitación anticipa un matrimonio que intenta celebrar con empanadas y vino tinto pero en un frío y moderno centro de eventos, cuyos invitados están más nerviosos que los novios.

En la misma lógica ajena a los partidos, en www.pinera2010.cl el candidato de la Alianza habla de un "Chile con todo... Chile con todos". Si en 2005 sus ganas por verse en los libros de historia lo llevaron a presentarse como "Piñera Presidente", en esta elección opta por ser un motivador entre Bonvallet y Donald Trump. En su parte de matrimonio -con logos de multitienda en las cuales probablemente tendría alguna participación- Piñera invitaría a todo el país a la celebración y haría una encuesta para saber qué quieren comer los invitados.

Cuando la estrategia es imitar modelos exitosos, no siempre las adaptaciones dan buenos resultados. Tanto Frei como Piñera aspiran a interpretar los "sueños" de los chilenos para sumar apoyos. Preocupado del destino del ser humano en un mundo incierto, Frei aspira a convertirse en el Al Gore criollo. En sus ganas de parecerse a Obama, Piñera se asocia más al Lavín del ´99 y 2005 cuando invita a los chilenos a liderar el "cambio" y escuchar sus "sueños". Hay que recordar que las campañas presidenciales de Gore en 2000 y Lavín -en sus dos versiones- terminaron por convertirse en derrotas con sabor a triunfo, pero derrotas al fin y al cabo.

Con un lenguaje novedoso y con menos recursos y adherentes que Frei y Piñera, Marco Enríquez-Ominami se define como "El futuro" y afirma "Porque Chile cambió" en www.marco2010.cl. Si bien hasta ahora su lectura del país se asocia a la crítica del politburó chilensis, su idea fuerza refleja tanto la novedad en sí misma de su candidatura como las ganas de entrar en una batalla donde todos -menos él- son viejos conocidos. Más que ser un matrimonio innovador, Enríquez-Ominami nos invita a una celebración transgresora. En viernes santo con Jodorowsky como maestro de ceremonia y el Liguria a cargo del banquete.

Si bien en sus campañas los candidatos están integrando el uso de nuevas formas de comunicación online, no siempre se hacen cargo de la invitación que están extendiendo a la ciudadanía. Para demostrar esto, un sencillo ejemplo. Un amigo me dijo que su voto en esta elección presidencial va a ir para el candidato que esté en contra de las centrales hidroeléctricas. Ya que hasta ese momento ninguno de los candidatos se había manifestado con claridad al respecto en los medios, mi amigo le mandó un mail a Piñera, Frei y Enríquez-Ominami a través de sus sitios Web. Hasta ahora el único que le ha contestado su pregunta es Marco Enríquez-Ominami. Algunos dirán que el autonominado candidato tiene más tiempo para contestar preguntas que Frei o Piñera. Pero lo importante acá es el vínculo que el candidato generó con un potencial votante. Ahora mi amigo promueve la candidatura de Enríquez-Ominami por Facebook e incita a sus amigos a votar por él. Si un candidato quiere ser exitoso en su campaña 2.0 invitando a la ciudadanía a ser parte de su proyecto, tiene que aspirar a lograr un diálogo con los electores a través de sus plataformas online. No sólo de links vive la campaña 2.0.

Esta nueva forma de invitar a la ciudadanía a participar en campañas electorales cobra relevancia por tres razones. 1) Porque es la plataforma que los candidatos pueden usar para difundir sus mensajes sin el filtro de los medios de comunicación. En sus sitios Web, los candidatos pueden proponer temas de campaña que golpeen a los medios masivos y pasar a ser parte de sus agendas. 2) Porque al presentar sus campañas en Internet, los candidatos aspiran cautivar el interés de nuevos electores -como mi amigo- especialmente jóvenes. Con su invitación online, Obama logró materializar su idea fuerza -change, yes we can- en una nueva forma de comunicarse con los ciudadanos a través de la red, transformando la fidelidad y el entusiasmo online en votos a través del diálogo. 3) La posibilidad que ofrece la comunicación online para establecer vínculos más cercanos y efectivos entre candidatos y ciudadanos es parte de una nueva forma de hacer política.

Si bien los actuales candidatos aprendieron a ser políticos con los códigos del siglo pasado, tienen que aprender de a poco el nuevo lenguaje que utiliza la política 2.0. Más cercano, recíproco e interactivo que el de las grandes concentraciones y las cuñas para la tele. Para ello los candidatos pueden soltar un poco las amarras de sus campañas y delegarlas en parte en una ciudadanía ansiosa por participar en ellas. Por ejemplo, sólo Enríquez-Ominami posee en Facebook un espacio para que la gente se organice por su cuenta en torno a una actividad de campaña o un tema de discusión. El resto sólo recoleta datos, mails y teléfonos donde el ciudadano sigue siendo un receptor pasivo de la información del candidato. Lo anterior refleja el miedo por parte de los actores políticos de soltar un poco el sartén y delegar en las personas la reflexión de sus temas de campaña en el mundo online. Sería interesante ver un grupo de gente que organice un encuentro comunitario para discutir las propuestas de un candidato a través del sitio Web del mismo.

Siempre tomamos una decisión cuando recibimos una invitación de matrimonio. Si el parte es atractivo y transmite tanto la historia de amor de los novios como sus ganas por compartirla, nos dan ganas de celebrar con ellos. En cambio si el parte se centra sólo en los apellidos de las familias, el matrimonio puede pasar a ser un trámite o sencillamente desecharse. La invitación que Frei y Piñera envían a los ciudadanos a través de sus ideas fuerza es confusa. Cuando sus rostros en la prensa reflejan el cansancio de su propia historia política, en sus plataformas online se muestran como los representantes del "cambio" para realizar los "sueños" de miles de chilenos. Si bien se rejuvenecen en el mundo online, todavía no le han contestado el mail a mi amigo. Hasta ahora, sin tener permiso para casarse y con menos pretensión que Frei y Piñera, Enríquez-Ominami se hace cargo de esta "nueva" forma de hacer política. A seis meses de la elección presidencial, la invitación de los novios para esta elección pronostica un matrimonio más tradicional que transgresor y cuya asistencia -al parecer- será más por la cercanía histórica con los novios que por su historia de amor con la ciudadanía.

 

11/5/2009 - La telepolítica 2.0

11 de Mayo, 2009
La telepolítica 2.0
Arturo Arriagada
El Mostrador

Las apariciones mediáticas de los candidatos presidenciales en la última semana demostraron que el mensaje -cuando cumple con los criterios de noticia que buscan los medios- es más importante que la persona que lo difunde. A diferencia de sus competidores, la campaña de Enríquez-Ominami parece comprender de mejor forma los códigos de la política mediatizada.

La política mediatizada es un proceso que involucra a políticos, medios de comunicación y electores. Para convertir sus propuestas de campaña en noticia, los candidatos intentan captar la atención de los medios y así difundir sus mensajes masivamente al electorado. Los medios -por su parte- actúan como filtros de información en función de sus propios intereses políticos, ideológicos y económicos. Así surgen diferencias en la cobertura que los medios le dan a las campañas. Los electores siguen el debate político a través de los medios y acceden a información para decidir sus preferencias. Parte del éxito de una campaña política depende de qué forma los candidatos logran superar el filtro de los medios de comunicación y así comunicar sus ideas al electorado. Los hechos por los que hicieron noticia Enríquez-Ominami, Piñera y Frei durante la semana pasada reflejaron las destrezas y dificultades de los candidatos frente a los medios.

Dos noticias marcaron la campaña de Enríquez-Ominami. Una encuesta nacional le dio un 14% de intención de voto y apareció en la portada de LUN chascón y con la lengua afuera bajo el título "The Ominami Show". En su afán por mostrarse como un outsider, Enríquez-Ominami le saca la lengua al sistema político actual y reemplaza su falta de recursos con presencia mediática. Al dar a conocer la grabación de un documental de su campaña política, Enríquez-Ominami logró superar el filtro de los medios y combinar su discurso político de cambio con la imagen de político moderno. Aunque al mismo tiempo, la portada en LUN refleja las debilidades de una candidatura que -a falta de apoyo político- depende exclusivamente de la cobertura mediática. Si los medios no lo cubren, la candidatura de Marquito no existe para la opinión pública. El protagonista del "Ominami Show" tiene que combinar exitosamente su alto rating mediático con propuestas que no lo excluyan de la agenda pública. Su desafío está en lograr que los medios lo cubran tanto cuando hable de propuestas de gobierno como cuando cuente los detalles de su propio reality.

Más por errores ajenos que propios, la semana de Piñera y Frei quedará como una advertencia para sus estrategias comunicacionales. Para comunicar que su candidatura incluye a distintos colores políticos, el candidato de la Alianza lanzó con bombos y platillos la "Coalición por el Cambio". La bomba mediática para ese día era el apoyo a Piñera del senador PPD, ex-ministro de Allende y gurú tecnológico, Fernando Flores. Cuando tuvo que salir a justificar su apoyo a Piñera, Flores terminó garabateando a un periodista en CNN.

Ya que son los medios los que controlan el mensaje y no quienes lo intentan comunicar a través de ellos, la noticia en la prensa fue la reacción de Flores y no la nueva coalición de Piñera. Después de esto es probable que la campaña de Piñera siga más asociada a la Alianza que a una nueva coalición. Por lo mismo, el candidato tendrá que pautear a sus futuras contrataciones para que no vuelvan a desviar la atención de sus intereses de campaña. Pero no todo fue pérdida para el candidato, ya que el asunto sacó por un rato de la agenda las críticas en contra de su fideicomiso ciego voluntario.

El candidato de la Concertación -Eduardo Frei- debe estar pensando en el divorcio o en hacer campaña en solitario. Las desafortunadas declaraciones de Marta Larraechea difundidas en YouTube a raíz del indulto que su marido le otorgó a un narcotraficante en 1994, terminaron por hacerle honor al dicho de la señora del César. Este hecho dejó en una incómoda posición a Frei frente a la opinión pública y sus contrincantes. Si bien salió tarde a defender la decisión que tomó en ese momento -a medida que se acerque la elección- la campaña se pondrá más confrontacional. Por lo mismo, Frei deberá estar preparado para dar explicaciones por las acciones y omisiones de su gobierno. Al mismo tiempo, su comando tendrá que estar más atento a la lógica rápida y golpeadora del periodismo 2.0 que terminó por darle un golpe bajo a la candidatura del ex presidente.

En los últimos días, los intentos de los candidatos por comunicar sus ideas y encantar al electorado a través de los medios tuvieron resultados opuestos. Hasta ahora, el "Ominami Show" está demostrando comprender las reglas de la política mediatizada de mejor forma que sus rivales. La imagen y discurso del candidato outsider ha captado la atención de los medios y éstos no han aplicado un gran filtro a sus propuestas. Lo que Marquito dice, los medios lo publican porque el candidato entiende cómo se hace una noticia. Mientras intenten descansar solamente en el peso específico de sus candidaturas para captar la atención de los medios, Piñera y Frei -con la pequeña ayuda de los amigos- terminarán siendo noticia más por los dichos ajenos que por sus propias propuestas.

5/5/2009 - ¿El cambio está aquí?

04 de Mayo de 2009
¿El cambio está aquí?
Arturo Arriagada
El Mostrador

Mientras más se esfuerzan por representar el cambio, más se encierran los candidatos presidenciales en sus propios miedos y debilidades. Para que la ciudadanía no tenga que optar por el mal menor, tendrá verdaderas posibilidades de reencantar a los votantes el candidato que se atreva a hablar del futuro, pero que al mismo tiempo esté dispuesto a pagar los costos no asumidos por sus acciones en el pasado.

Piñera y Frei están obsesionados con la idea del cambio, aunque ninguno de los dos en realidad lo representa. Ambos ven en esa palabra la única alternativa para llegar a La Moneda y terminar con la ansiedad que genera la opción de tener o perder el poder. Piñera siente que su momento de hacer realidad la teoría del "desalojo" y ser parte de los libros de historia ha llegado, en tanto Frei intenta consumar el liderazgo de la Concertación en un contexto donde la coalición de centro-izquierda le hace poco honor a su nombre. Pero la estrategia del "cambio" abrazada con fervor por ambos candidatos no parece ser la mejor opción para reencantar a la ciudadanía.

Piñera y Frei no han logrado controlar la agenda política con propuestas de cambio y futuro. Mientras el primero se trata de desligar -aunque de manera poco efectiva- del conflicto "política y negocios", el segundo concentra su atención en potenciar el rol del Estado cuando la Alianza prepara una ofensiva por su rol en la compra de los aviones F-16 mientras era gobernante. Si la de Frei parece ser una estrategia más alineada con los intereses de la ciudadanía, Piñera sigue más preocupado del futuro de sus inversiones. Cuando ambos candidatos se atoran tratando de inventar la forma de gobernar sin "cuoteo", nuevamente tropiezan con la cultura política que tanto la Alianza como la Concertación han creado y ejercido tanto a nivel comunal como desde el Estado.

La alternativa que tienen Frei y Piñera de innovar es construyendo un relato que se haga cargo de las tareas pendientes de los gobiernos de la Concertación y de las fallas de la Alianza como oposición durante 18 años. Eso no tiene que ver con cambio, sino con valentía y con la disposición a pagar costos que pueden ser dolorosos. Lavín lo hizo en 1999 cuando -apelando también al cambio- tuvo gestos y propuestas alineadas con el concepto. Pidió perdón en nombre de la dictadura -para la que trabajó en su momento- y con ello intentó desligarse de Pinochet con algún éxito. Pero sus esfuerzos no alcanzaron para cambiar a los generales de su partido -la UDI- los mismos que habían estado con Pinochet y se perfilaban como futuros ministros.

Por lo mismo, la aparición de Enríquez-Ominami no hay que mirarla con liviandad. El actual diputado socialista se está haciendo cargo de debatir respecto al descontento ciudadano con una forma de hacer política que está dando indicios de ineficiencia. Al mismo tiempo, propone temas en la agenda que -independiente de la forma en que los pueda concretizar- obligan a repensar la manera en que la sociedad chilena ha evolucionado en la última década. Su estrategia de hablar de los derechos de los consumidores y la transparencia en las donaciones de campaña son algunos ejemplos. En tanto Frei y Piñera no cuenten, por ejemplo, quién financia sus campañas o cómo van a potenciar la defensa de los derechos del consumidor después del caso de las farmacias, seguirán sin hacerse cargo de los errores del pasado para proponer nuevas alternativas que generen confianza en la ciudadanía.

En 2002, Eugenio Tironi afirmaba que el cambio se instalaba en Chile después de la elección Lagos-Lavín. Siete años después seguimos viendo que ni él ni los actuales candidatos han cambiado mucho en su forma de hacer política. Tironi no contó en una reciente columna en El Mercurio -donde alababa la candidatura de Frei- que se desempeñaba como asesor de esa campaña. Piñera, por otra parte, difunde con entusiasmo su propio fideicomiso ciego cuando sigue como dueño de Chilevisión, LAN y Colo-Colo. Al parecer, el cambio no ha llegado a Chile y -hasta ahora- no tiene para cuando llegar.

27/4/2009 - Tironi, el mentalista

27 de Abril, 2009
El Mostrador
Tironi, el mentalista
Arturo Arriagada
Escuela de Periodismo
Universidad Diego Portales

"A la derecha le falta un Tironi". Ese es el diagnóstico al que llega la Alianza cada vez que pierde una elección presidencial. El eterno asesor comunicacional de la Concertación se ha encargado de leer con éxito la mente de los chilenos para levantar o salvar campañas presidenciales. Ahora el desafío de Tironi está en interpretar a un país cansado después de un matrimonio de 20 años con la coalición de gobierno, mientras la derecha sigue buscando cómo hacer esa pega.

En política, los asesores comunicacionales son como los mentalistas. Su tarea es leer e interpretar las ideas y los sentimientos de los ciudadanos para llevarlos a una campaña política. Eugenio Tironi ha hecho lo mismo con la Concertación y su forma de enfrentar las campañas presidenciales. Desde la vuelta a la democracia, Tironi ha sido una pieza clave para que la coalición de centro-izquierda -que cumplió la mayoría de edad en el poder- interprete los sueños y aspiraciones de los chilenos.

Como uno de los cerebros de la campaña por el No, Tironi desembarcó en La Moneda como director de comunicaciones en el gobierno de Patricio Aylwin. En una época donde todo lo que decía el gobierno tenía que ser entendido en un contexto de negociación permanente con Pinochet y sus boys, el asesor comunicacional se encargó que los chilenos no perdieran la confianza en la alegría prometida. Para ello apeló cuando pudo a la idea del "fin de la transición", mientras la memoria colectiva seguía con recuerdos de Pinochet y las instituciones comenzaban recién a funcionar de manera independiente.

Con la tarea cumplida - ya que la de Frei en 1993 era una carrera corrida- Tironi se refugió en el sector privado para leer la mente de los consumidores y asesorar a empresas desde su propia consultora. Tras su salida de la política contingente, Tironi fue el blanco favorito de aquellos concertacionistas "autoflagelantes". Por ser uno de los defensores del "transar para avanzar" con Pinochet para luego convertirse en asesor de empresas, los dolidos con la Concertación le enrostraban a Tironi la pérdida de identidad de una coalición que ya no operaba sólo con el fantasma de la dictadura a cuestas, sino con sus propias e iniciales desavenencias.

Fuera de las tormentosas aguas de La Moneda, Tironi reapareció nuevamente en tiempos de campaña. Fue en 1999 para salvar a Ricardo Lagos de su propio funeral en la segunda vuelta de su campaña presidencial. Mientras los lavinistas creyeron haber encontrado en el "cambio" el mejor slogan para ganar una elección, Tironi hizo lo suyo para empapar a la Concertación y al país del espíritu de la campaña del No. Si Lagos se veía a sí mismo como un dios del Olimpo que aterrizaba en La Moneda, Tironi le arremangó la camisa, lo hizo sonreír ante las cámaras y le propuso que hablara de un "Chile mucho mejor". Como en una pelea de niños por quedarse con el mismo juguete, Tironi lograba una vez más dejar llorando a la derecha.

Pero no todo ha sido éxito para el mentalista de la Concertación. En la que sería su gran derrota comunicacional, Tironi vio el derrumbe de la campaña presidencial de Soledad Alvear ante el cariño popular hacia Michelle Bachelet. Y como esta última desconfiaba de las elites concertacionistas, la entonces candidata del "estoy contigo" optó por marginar a Tironi de su equipo de campaña. En esa época, Tironi anunciaba el fin de la cultura de la Concertación.

En la misma campaña, con Bachelet al frente representando el verdadero cambio y en la búsqueda por tener a su propio Tironi, el candidato de la UDI Joaquín Lavín nombró como jefa de campaña a Cristina Bitar. Hasta ahora, esa fue la única vez en que la derecha se atrevió a darle cabida a una persona que -si bien no tenía experiencia en la trinchera de las campañas políticas- fue convocada para interpretar las aspiraciones y deseos de los ciudadanos. Pero la irrupción de Piñera y los conflictos de poder dentro del propio comando lavinista, terminaron por marginar a Bitar de un comando que nunca le dio la posibilidad de ejercer el rol de mentalista de la derecha.

En la actual campaña de Frei, Tironi ha vuelto a aparecer en un escenario adverso para la Concertación y con Piñera liderando en las encuestas. Su desafío es doble. Por un lado, probar que la experiencia adquirida en interpretar los deseos de la ciudadanía está intacta. Por otro, reencantar a los chilenos con la Concertación y su candidato que lo que menos representa es el cambio al que el país aspira. La llegada de Tironi al comando de Frei no fue fácil. En ese momento su empresa de comunicaciones asesoraba a Salcobrand, una de las cadenas farmacéuticas acusadas por colusión de precios. Aunque dio explicaciones -y guardando las proporciones con la situación de Piñera- el asesor de Frei está en una posición donde tiene que elegir entre la política y los negocios. No puede abrir un flanco fácil para que la derecha le dispare. En un contexto de desconfianza ciudadana ante las relaciones entre políticos, empresas y Estado -que él ha representado como pocos- Tironi está en el momento justo para dedicarse de lleno a la campaña de Frei y recuperar su poder dentro de la Concertación.

La marca Tironi ya se notó en la inclusión de Sebastián Bowen -un ex Techo para Chile- al comando del ex presidente. Esta maniobra nuevamente le enrostró a la derecha las diferencias de hacer campaña con y sin Tironi cerca. En la misma semana que Piñera daba bote con cada una de sus apariciones mediáticas, Frei presentaba mediáticamente un comando que reflejaba la mezcla entre experiencia y cambio requeridas para un futuro gobierno concertacionista. Si bien esos jóvenes estarán rodeados de los mismos de siempre de la Concertación, será Tironi quien tendrá que darles la cabida necesaria ante los medios y el propio comando.

En la vereda del frente, Piñera y la Alianza todavía no se animan a darle la pasada a las nuevas generaciones en el equipo de campaña cuando los Sub-35 lo piden a gritos. Aunque para eso no necesita un Tironi, ya que es más propio de sus conflictos de identidad, la Alianza sí lo requiere para salir del clóset y dar a conocer el país que sueñan dejarle a sus nietos. ¿Más mercado y menos Estado? ¿Management o política? ¿Chorreo o salario justo? ¿Gobernar con los mejores o con los semilleros partidistas? ¿Construir sin destruir?

Ahora las campañas están entrando en la fase donde se develan las ideas y los relatos de los candidatos. De la mano de Tironi, con la inclusión de Bowen al comando de Frei, la Concertación aspira a renovarlo y convocar a la fundación de una "Patria Nueva". Aunque la confianza que otorgan las victorias pasadas son un capital al que no podrá volver a echar mano fácilmente, Tironi tiene que lograr interpretar las ansias de un Estado fuerte y eficiente de los chilenos. Mientras, y en la que puede ser la última oportunidad de los actuales líderes de la Alianza para llegar a La Moneda, Piñera tiene que preocuparse de construir un relato atractivo y que refleje sus reales intereses de cambiar Chile, de qué forma y con quiénes aspira a lograrlo. En caso contrario, Tironi otra vez los dejará llorando.

 

10/4/2009 - Debates por TV: de mal en peor

Los debates políticos televisivos están en serios problemas. Por un lado, los medios de comunicación -especialmente Internet- ofrecen la "participación" como elemento central para incentivar a los usuarios y audiencias. Por otro, la clase política insiste en el formato televisivo que atenta contra la participación y la discusión propia de una democracia madura como se dice ser la chilena. En ese contexto, cómo va a ser posible que los ciudadanos se motiven a participar como espectadores de un debate donde no-se-debate y donde no-se-puede participar a través de preguntas.

El caso de alianza entre YouTube y CNN durante las pasadas primarias en EE.UU. fue un intento por refrescar una instancia de comunicación política para incentivar la discusión y la participación ciudadana. Allí, los ciudadanos podían enviar preguntas a los candidatos a través de YouTube que serían puestas al aire en el debate transmitido por CNN. Si bien esta iniciativa no estuvo ajeno a la polémica -porque finalmente los canales seleccionaron las preguntas atentando contra la publicidad de participación total- la pseudo participación a la que apostó este nuevo formato de debate podría ser considerado como un avance.

Nada de esto ocurrió durante las primarias de la Concertación. Ni debate, ni participación. ¿Cómo los precandidatos presidenciales pueden hablarle al país proponiendo participación, cambio y un futuro próspero para la ciudadanía si nadie los puede ver intercambiar ni discutir sus ideas? Si un candidato quiere aumentar su pontencial electoral antes de diciembre, debiera proponer una sistema de debates televisivos que esté a la altura tanto del uso de los medios de comunicación por parte de los chilenos, como de las ganas de participación y desconfianza que reflejan las miles de encuestas que al parecer no leen con atención en sus escritorios.

El periodista Mauricio Hoffmann analiza en la revista Qué Pasa el rol de los debates televisivos en Chile y hace un cronología de estas instancias de "discusión" política en el país.

A.A

Debates por TV: de mal en peor
Revista Que Pasa

Mauricio Hofmann debe ser el periodista chileno con más debates presidenciales en el cuerpo. En esta crónica reseña cómo fueron, desde que retornó la democracia, estos programas: las presiones de los comandos, el tira y afloja de políticos y canales, el formato elegido y el backstage. Además, analiza la involución que ha sufrido este rito político cada vez más maqueteado y limitado, tal como el último que vimos esta semana: Frei vs. Gómez.
Por Mauricio Hofmann

 

Antes de entrar en la historia

El llamado "debate" Frei-Gómez, el lunes pasado en Talca, no hizo más que confirmar la penosa involución que ha venido mostrando lo que pudo convertirse en un gran rito de nuestra democracia. En cambio, ha devenido en un gran mito de nuestros procesos electorales, al punto que muchos le buscan otros nombres: foro, entrevista múltiple, lata o, simplemente, tongo.

La seudoconfrontación Frei-Gómez batió todos los récords de restricciones, al punto que los demás canales "se bajaron" y sólo TVN lo transmitió. Y únicamente para la zona.

Quisiera creer que no es un anticipo de cómo viene la mano para el o los debates Piñera-Frei, que ojalá incluyan, una vez más, a todos los candidatos.

A la luz de la experiencia y la observación de lo que ocurre en otras latitudes, propongo un número no limitado de debates, ojalá entre parejas distintas de candidatos, organizados autónomamente por cada uno de los canales o por otros medios, con libertad editorial para abordar temas, moderados por un solo periodista que interrogue libremente y estimule la confrontación abierta de ideas y propuestas, sólo cuidando la equidad de los tiempos, y transmitidos en vivo también por los medios on-line.

El debut de la exclusión

El histórico enfrentamiento Aylwin-Büchi, el 9 de octubre de 1989, lo organizó Canal 13, lo dirigió Gonzalo Bertrán y se desarrolló en uno de sus estudios. Lo condujo Hernán Precht y a cargo de las preguntas estuvieron Raquel Correa, Bernardo de la Maza, Rosario Guzmán Errázuriz y Claudio Sánchez. Fue histórico, porque era el primero después de la dictadura, pero ya en esos tiempos se inauguró la era de las exclusiones y del control total por parte de los comandos, porque dejó fuera al tercer candidato: Francisco Javier Errázuriz.

Ya antes del gran evento, políticos de ambos bandos estrenaron su inclinación a tratar de controlar o, al menos, conocer ilegítimamente las preguntas de los periodistas. Sabemos de contactos y gestiones que apuntaron en ese sentido, y que se han repetido en los debates posteriores.

El capítulo siguiente fue el debate Frei-Lagos por las primarias de la Concertación, en 1993. Lo organizó Megavisión en mayo de ese año. Sergio Campos fue el presentador, y compartí testera de interrogadores con Gloria Stanley y Joaquín Villarino. Eran los tiempos en que se podía contrapreguntar y generar un cierto intercambio entre los contrincantes, a ratos tenso, aunque de todas maneras ya hubo las primeras críticas a lo que para muchos fue un foro y no un debate.

Buscando filtraciones

A semanas de la elección, a fines del 93, también tuve la oportunidad de participar en el debate presidencial Frei-Alessandri, organizado por Anatel. Se realizó en el Salón de Honor del ex Congreso Nacional y fue moderado por Bernardo Donoso. Representando a Megavisión, compartí con Raquel Correa (Canal 13), Jaime Moreno Laval (en ese tiempo en Canal 11), Roberto Pulido (La Red) y Patricia Politzer (TVN).
Antes de la "gran noche" nos reunimos para conocer el formato y dividirnos las áreas temáticas, en términos generales. Tan generales que ni siquiera respetamos esa división durante el debate. Recuerdo que yo había manifestado mi disposición a abordar los temas económicos, pero terminé haciendo preguntas muy políticas, para molestia -amistosa, en todo caso- de alguno de mis colegas. Pero lo peor fue otra cosa: en los comandos se supo de esa reunión previa y mediante algún "emisario" hicieron lo posible por conocer las preguntas con antelación... Creo que los intentos no sirvieron de nada.

Lo bueno es que fue el debate de formato menos restringido que recuerdo: cada periodista tenía tres minutos para preguntar a los candidatos, tiempo que podía usar libremente; podíamos interrumpir, contrapreguntar y hasta cambiar de tema dentro de esos minutos. El contrincante tenía después la posibilidad de replicar. El siguiente periodista interrogaba a ese mismo candidato y el adversario tenía igual posibilidad de contestarle. Otro aporte que tuvo debut y despedida en esa oportunidad fueron las preguntas del público: una muestra estadísticamente representativa de la población, elegida por una empresa de encuestas, de la que se seleccionaron aleatoriamente las preguntas. Lo mejor es que ese público -y no sólo los invitados de cada comando- estaba presente en el lugar, y aportó alguna espontaneidad a las reacciones en el salón.

Pero allí sólo estaban Frei y Alessandri, a pesar de que nos acercábamos a la elección presidencial con más candidatos de la historia: corrían el alternativo Manfred Max Neef, el economista José Piñera, el sacerdote Eugenio Pizarro y el empresario humanista Cristián Reitze. No hubo caso: los comandos dominantes los excluyeron.

Megavisión, entonces, se autoasignó la tarea de dar tribuna a estos otros aspirantes. Hubo dos debates "alternativos", ambos con un José Piñera que "iba a todas": Uno con el cura Pizarro, y el otro con el economista Max-Neef. Me tocó conducir y moderar en solitario el primero de ellos en exteriores: en plena Plaza de la Constitución, rodeados de transeúntes.

Como buenos candidatos de minorías, ansiosos de tener una tribuna para exponer sus ideas, Piñera y Pizarro aceptaron la confrontación sin condiciones y confiando en el criterio del periodista-conductor para administrar preguntas y tiempos. Por supuesto que todas sus intervenciones fueron más entretenidas que las de Frei y Alessandri -obviamente: sus riesgos eran también menores-, el formato fue libre, ambos estaban sentados en butacas sin "parapetos" delante y el marco de La Moneda iluminada atrás le dio un carácter especial.

Ganan los comandos

Seis años después, cinco canales organizaron el debate concertacionista entre Ricardo Lagos y Andrés Zaldívar. El 13 no participó. Se repitió el escenario del viejo Congreso Nacional y el esquema de interrogatorios libres por cada periodista dentro de tres minutos con cada candidato. Moderó una vez más Bernardo Donoso (UCV) y las preguntas estuvieron a cargo de Cecilia Serrano (TVN), Fernando Villegas (Canal 11), Nicolás Vergara (La Red) y Juan Manuel Astorga (Canal 2). Para furia de la oposición, parecía que se estaba decidiendo allí quién sería el futuro presidente.

Pero Joaquín Lavín escaló en las encuestas en los meses siguientes y llegó en una expectante posición al debate con Lagos, antes de la primera vuelta, en 1999.

Fuera del Hotel Crowne Plaza se había apostado la candidata Gladys Marín junto a decenas de adherentes suyos, que nos gritaron "¡tongo!, ¡tongo!" cuando los periodistas participantes llegamos al recinto. Claro: Marín había sido excluida por los comandos de los mismos dos candidatos que tantas veces nos han predicado sobre la no exclusión. Tampoco estaban la ambientalista Sara Larraín, el humanista Tomás Hirsch y el candidato del jingle de campaña más recordado de todos los tiempos: Arturo Frei Bolívar.

Representé esta vez a TVN, y mis compañeros fueron Carolina Jiménez de Canal 13, Susana Horno de Megavisión, Claudia Araneda de Chilevisión, Felipe Vidal de La Red y Juan Manuel Astorga de Canal 2.

Esta vez los comandos habían ganado. No sólo porque las dos coaliciones principales dejaron fuera del debate a todos los demás candidatos; también porque excluyeron al público y tomaron el control de las listas de invitados. Y lo peor: lograron terminar con los cuestionarios libres, donde el único límite era el tiempo disponible para cada periodista.

Fue una experiencia tortuosa, porque cada uno tenía que hacer unas increíbles preguntas únicas para ambos contendores. Esto prácticamente excluyó toda posibilidad de interrogar a un candidato sobre un tema especialmente complicado para él, porque significaba entregar "en bandeja" a su adversario la posibilidad de darle el tiro de gracia.

Tuvimos que hacer grandes esfuerzos para formular preguntas "equitativas" para ambos, aunque incorporando argumentos distintos para cada uno, tratando de que esas preguntas tan complejas no resultaran más largas que las respuestas.

Recuerdo que mi primera pregunta buscaba que ambos explicaran a sus seguidores por qué cada uno representaba cuestiones opuestas a las que sugerían sus historias y pensamientos políticos, planteando algo así como "señor Lagos, usted como ministro de Obras Públicas de Frei fue el ministro que ha permitido a la empresa privada hacer los negocios más millonarios de la historia, a través del sistema de concesiones, mientras que usted, señor Lavín, tiene un programa que contempla un gasto público inédito en Chile y superior incluso al de su adversario socialista". Quise describir a un Lagos campeón de la empresa privada y a un Lavín campeón del estatismo, pero por supuesto cada uno respondió lo que quiso y los seguidores de uno y otro quedaron tan confundidos como antes.

Una campaña, dos debates

Terminaba la administración Lagos cuando llegó el día del debate Bachelet-Alvear, por las primarias de la Concertación, el 26 de abril de 2005. Se realizó en el centro de eventos SurActivo de Hualpén. Ahora Canal 13 se sumó a TVN en la organización. Los interrogadores fuimos Consuelo Saavedra y Amaro Gómez-Pablos -por el canal público-, Constanza Santa María y yo -por UCTV- y Nibaldo Mosciatti, por el Canal Regional del Bío Bío. Fue el debate en que Bachelet dio un paso errado al responder sobre su posición frente al TLC con China, teniendo en cuenta la violación de los derechos humanos en ese país. Y fue el debate después del cual Alvear equivocó el camino, al acusar a su contrincante de haber usado un torpedo.

Ese primer encuentro fue producido por TVN. Canal 13 no alcanzó a cumplir con su parte: le tocaba organizar el segundo, pero Alvear "se bajó" antes.

Mientras, en la Alianza irrumpía Sebastián Piñera. Y se dio la situación inédita de dos candidatos de una misma coalición -Lavín era el otro- en la primera vuelta. Y ambos obligados, por lo tanto, a enfrentarse en un debate.

Éste fue el 18 de octubre de 2005. Se marcaron al menos otros dos hitos: fue el primer debate con más de dos candidatos (Bachelet, Piñera, Lavín y Hirsch), y el primero transmitido al exterior: lo organizaron Canal 13 y CNN en Español y se transmitió a toda América Latina. Lo condujeron Constanza Santa María y la periodista Glenda Umaña, que también estaban encargadas de hacer las preguntas.

El primer problema fue que el equipo del 13 tuvo que enfrentar dos negociaciones: una con la CNN, que insistía en una pauta temática sin interés para la mayoría de los chilenos, muy centrada todavía en Pinochet; y otra con los comandos, con la dificultad adicional de que ¡eran cuatro! Y las preguntas volvieron a ser iguales ¡ahora para los cuatro! O sea, aun peor que en el debate Lagos-Lavín. Necesariamente esas interrogantes debían ser muy generales, casi conceptuales y de respuestas sumamente previsibles.

Por primera vez, en esa última campaña hubo un segundo debate presidencial entre los mismos cuatro candidatos, en el centro de eventos CasaPiedra, organizado por Anatel. Como representante de Canal 13, me tocó ser el presentador inicial del programa de televisión, y compartí la tarea con Mauricio Bustamante de TVN, Libardo Buitrago de Mega, e Iván Núñez de CHV.

Es el último transmitido a todo el país y, a mi juicio, el más limitado hasta ahora. Primero, por condiciones objetivas: cuatro interrogadores y cuatro candidatos, lo que forzaba a una organización de turnos y rotativas francamente demencial: ocho preguntas iguales para los cuatro (apenas dos por periodista, francamente limitante), un minuto y medio para responder, una contrapregunta y 30 segundos adicionales de respuesta.
Los comandos se salieron una vez más con la suya. Sin encontrar nada más atractivo, Las Últimas Noticias tituló al día siguiente con la anécdota: "Los chascarros de Hofmann le pusieron color al debate". Claro; yo estaba tan confundido y francamente aburrido, que di la palabra cuando no correspondía a Joaquín Lavín, y no anuncié los comerciales cuando tenía que hacerlo.

A mediados de los 90 ya se había instalado la práctica de los comandos de frenar toda iniciativa que apuntara a bajar los niveles de rigidez, que presentaran los canales. Los equipos televisivos a cargo de organizar estos eventos siempre buscaron ampliar los márgenes mediante largas negociaciones, de las cuales felizmente los periodistas participantes quedamos al margen y libres de compromisos; pero cada vez, los comandos frustraron esas ideas. Y por parejo: quienes hemos participado en estas instancias desde la vereda de la televisión siempre nos quedamos con la sensación de que, en cada oportunidad, el menos dispuesto a ceder era el comando que más ganador se sentía; pero, curiosamente, también la candidatura menos optimista se sumó casi siempre a todo lo que "resguardara" a su candidato. La conclusión es que los partidos dominantes nunca han estado convencidos de que los debates son buenos; los asumen sólo como algo inevitable, pero no deseable, en una democracia.

 

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