Elecciones Presidenciales Chile

19/11/2009 - Rostros y votos

15 de Noviembre, 2009
Rostros y votos
Arturo Arriagada*
Revista Capital

En cierta medida, la figuración de Karen Doggenweiler ha redefinido la influencia de las figuras televisivas que apoyan a los candidatos. Al combinar su rol de animadora con el de esposa de un candidato, fusiona los códigos de la política y la televisión a un nivel que no tiene precedentes. Al llevar su propio rating a la campaña, Doggenweiler neutraliza el que hasta ahora era un factor que favorecía a las campañas de la Concertación.

No es casualidad que los candidatos vayan detrás del apoyo de figuras televisivas para potenciar sus campañas. Así intentan asociarse con los atributos y cercanía de quienes los respaldan y -de paso- convertir el rating en votos. El apoyo público de una celebridad a un candidato en tiempo de elecciones es lo que se conoce como "endorsement". En diciembre de 2007, la animadora de televisión estadounidense Oprah Winfrey -lo más parecido en popularidad a nuestro Don Francisco- apoyó públicamente a Barack Obama. Es tal el arrastre de Winfrey en ese país -su programa The Oprah Show alcanza los 8 millones de televidentes en cada emisión- que una reciente investigación de la Universidad de Maryland estimó en 1.000.000 de votos el respaldo a Obama durante las primarias demócratas.

A diferencia de Oprah, en esta elección estamos en presencia de la animadora de uno de los programas con más rating de la televisión chilena que -al mismo tiempo- es una potencial primera dama. En su doble rol, Doggenweiler aumenta la presencia de la campaña de ME-O en los medios de comunicación. Si la audiencia cautiva de ella en TVN es de 25 puntos de rating, su performance en espacios tan variados como Tolerancia Cero o Buenos Días a Todos, la potencia y diversifica considerablemente. Sin quererlo, en esta elección la señora de ME-O es como una candidata más. Ya que duplica los esfuerzos de su marido -al participar en el CEP y al salir a terreno por su cuenta-, los otros candidatos están en desventaja en esta dimensión, porque no pueden replicar el factor "Karen". El resto de las potenciales "primera dama" está saliendo de sus casas cuando Karen ha estado diariamente en el living de los hogares de los chilenos. Además, al existir figuras televisivas en política en distintos cargos de elección popular, el efecto de los respaldos de este tipo a los candidatos se ve disminuido.

Pero más allá del potencial rating que Doggenweiler pueda convertir en votos, su participación en esta campaña cambia la forma tradicional de "endorsement" electoral en Chile. Si hasta 2005 los candidatos de la Concertación sacaban desde debajo de la manga el apoyo de las figuras del "mundo de la cultura" -que se materializaba en fotos y apariciones en la franja electoral- la presencia de Doggenweiler desafía la efectividad del endorsement tradicional como recurso político. Al hacerlo más explícito, activo y constante desde los medios a la esfera de la política, Doggenweiler le da una nueva dimensión al respaldo como herramienta de campaña y empieza a sacar del clóset a otras figuras televisivas. Si hace un tiempo Felipe Camiroaga se inclinaba tímidamente hacia la candidatura de Eduardo Frei, bajo el nuevo "endorsement"-aparte de sacarse la foto y estar en la franja- el animador del matinal de Chile tendría que salir a terreno y explicitar pública y mediáticamente su apoyo al candidato de turno.

En ese contexto, el respaldo público a Frei del actor Pancho Reyes -figura insigne de las mil y una batallas concertacionistas- se vio opacado ante la presencia de Karen. La falta de novedad -tanto en el uso del recurso como en el personaje elegido- reducen mucho el impacto de esa acción político-comunicacional. Si bien el candidato de la Concertación llevó a Reyes al centro de Santiago para presentarlo a la prensa y sacarle una frase de apoyo, su impacto se ve disminuido ante la novedad de códigos y mensajes que representa Doggenweiler en su doble rol.

Cuando son varias las figuras del espectáculo que han entrado a competir en la cancha de la política electoral nacional -ya sea como candidatos o como un elemento central de una candidatura- el endorsement tradicional, tipo Pancho Reyes, ya no tiene el mismo efecto político. Con esa jugada, los asesores del candidato de la Concertación dan muestras de estar pegados en los 90 y ajenos a la realidad del Chile actual, esa del reality, del zapping y de las ganas de ser partícipes de un proyecto nuevo y cercano a la gente.

* Agradezco los comentarios y sugerencias de Luis Argandoña. 

 

5/11/2009 - Linkeando, creando, poder popular

Este artículo es un análisis de los sitios Web de los actuales candidatos presidenciales. Fue publicado en el último número de revista Poder. La versión que adjunto es la aparecida en la revista. Para ver una versión más detallada y extendida -con más cuadros, metodología y referencias- lo pueden hacer acá.

Saludos,

A.

¡Linkeando, creando, poder popular!
Revista Poder
Noviembre, 2009
Arturo Arriagada

Los chilenos estamos frente a una de las elecciones presidenciales más importantes de la historia. No sólo por lo incierto de sus resultados, sino también porque las demandas ciudadanas de mayor participación en los procesos políticos comienzan a encontrar en internet su espacio natural. Si la campaña por el No reflejó el poder de la televisión para estimular la deliberación y participación política, la elección presidencial de 2009 será recordada -entre otras cosas- por ser la primera que integra el uso de internet en distintas dimensiones de la campaña.

Las consecuencias de esta evolución tiene a candidatos y ciudadanos en un proceso de adaptación. La idea del "linkeando, creando, poder popular" que representa una campaña online puede generar expectativas y decepciones en los ya desmotivados electores. Mientras que el monitoreo y el vendaval de links e información acorrala a los candidatos quienes tienen que adaptar sus discursos y prácticas a este nuevo escenario.

El desafío para los candidatos es convertir la participación online de los ciudadanos en votos. Aunque les duela, el poder popular a través de internet se está instalando en aquellos que tienen entre 18 y 29 años. Va a llegar un momento en que el sistema político tendrá que integrar las nuevas formas de los chilenos de ejercer su ciudadanía. Hasta ahora aquellas personas que no votan -pero que sí comentan en Facebook- están desarrollando una ciudadanía bipolar, participan sin participar del todo. En tanto el sistema político logre darle cabida a esas expresiones y demandas, el país estaría ante una forma más inclusiva de hacer política, de ser ciudadano y de democracia.

Ahora bien, ¿de qué manera los actuales candidatos a La Moneda están usando internet como herramienta para estimular la participación de los electores y como plataforma para difundir sus mensajes? En 2008, el Pew Institute realizó un estudio para evaluar de qué manera Barack Obama y John McCain usaron internet en la elección presidencial de Estados Unidos. En el mismo año, pero en una versión local, la Universidad Diego Portales y la empresa Storm hicieron lo mismo con los candidatos municipales. Usando las dimensiones de análisis de ambos estudios -participación y compromiso; uso de redes sociales; e información y transparencia- este artículo evalúa de qué forma los actuales candidatos están enfrentando la campaña online.

Participación y compromiso
El gran potencial de internet como herramienta de campaña es la posibilidad de fomentar la participación, generar interacción entre los usuarios y comprometerlos con la causa. Quien más partido le saca en esta dimensión es Marco Enríquez-Ominami. Desde la recolección de dinero hasta el uso de Wiki -donde invita a las personas a construir entre todos su programa de gobierno- el díscolo saca una pequeña ventaja sobre el resto de los candidatos. Para organizar a sus seguidores, ME-O creó el sitio
www.chilecambio.cl donde los usuarios pueden crear sus propias páginas personales, organizar encuentros y proponer temas de discusión. Sebastian Piñera -a través del sitio www.chilecontodos.cl- y Eduardo Frei -en www.oceanosazules.cl- también estimulan la participación y el compromiso en sus seguidores.

A través de estas plataformas ME-O y Piñera invitan a los usuarios a hacer campaña con y por ellos. Los sitios de ME-O y Piñera -en términos de la participación y el compromiso que fomentan- aventajan la propuesta online de Eduardo Frei que está mas enfocada en potenciar la discusión de temas país que en estimular la adhesión a la campaña. Esto último, Frei lo hace en www.efrei.cl donde invita a los usuarios a participar, pero sólo a través de un formulario solicitando datos. Así mismo, y en otro esfuerzo por ampliar sus plataformas digitales, el candidato de la Concertación estrenó hace algunos días el sitio www.nuestrofrei.cl pero se queda solo en el nombre porque hasta ahora ese sitio no incluye herramientas de participación y organización. Jorge Arrate -quien tiene un sitio mantenido por seguidores- utiliza www.arratepresidente.cl sólo como un espacio de difusión.

En general todos los candidatos presentan información y utilizan herramientas para su transmisión, sólo con pequeñas diferencias. Piñera usa todas las herramientas analizadas para difundir su información, desde los Podcasts hasta los mensajes de texto por celular. Arrate es el único que en su sitio Web no presenta un buscador de información ni utiliza una plataforma para enviar mensajes de texto a sus seguidores.

Redes sociales
De las cuatro redes sociales analizadas -Facebook, Flickr, YouTube y Twitter- Piñera es quien tiene mayor presencia en tres. Es el más seguido en Facebook (66.704 personas), Twitter (22.015) y quien más videos ha subido a YouTube (162). Aunque ME-O es el más visto en YouTube, el que más escribe en Twitter y el que más fotos ha subido a Fickr. Por lejos aparecen Frei y Arrate, quienes no han logrado encantar mayormente a los ciudadanos con su presencia online.

Piñera y ME-O tienen en Facebook un sólido movimiento de participantes y han concentrado sus energías en internet con equipos especializados. Ambos candidatos cuentan con grupos y aplicaciones creadas para estimular la participación en campaña. El primero, por ejemplo, creó un grupo invitando a sus seguidores a usar chapitas con la frase "Cambiar Chile no cuesta tanto". El segundo, en tanto, desarrolló una aplicación especial para Facebook donde los usuarios pueden contarle a Piñera el "Chile que quieren".

Si bien todos los candidatos tienen canales propios en YouTube donde suben sus videos, ME-O gana en el rating online. Su video dirigido a los sordo-mudos del país -donde habla con señales- es el más visto en su canal con 23.549 reproducciones. Aunque es Piñera quien ha logrado recolectar el mayor número de comentarios entre sus seguidores en YouTube. En tanto los videos de Frei y Arrate no logran superan las 2.000 reproducciones.

Información y transparencia
Si los sitios de los candidatos son el espacio donde se encuentran con los ciudadanos sin el filtro de los medios de comunicación, ¿qué tipo de información es la que le ofrecen a sus potenciales votantes? De los cuatro candidatos, sólo tres ponen su biografía y currículum. Frei es el único candidato que pone su biografía en Flickr y en Facebook pone un link hacia su página personal en el Senado.

Cualquier chileno que ingrese al sitio Web de los candidatos presidenciales se encontrará con un montón de noticias, discursos y presentaciones generadas por los candidatos y algunas de los medios de comunicación. En su campaña, Obama delegó en sus adherentes la tarea de discutir y contrarrestar el efecto de artículos negativos que aparecían en la prensa respecto de su candidatura. El cuestionamiento a la información de los medios no se observa en los sitios de los candidatos.
Si bien todos los candidatos ponen a disposición de los ciudadanos material de difusión de sus campañas, a la hora de transparentar sus gastos sólo Piñera y ME-O publican sus números. Independiente de lo detallados y reales que sean los datos, sólo dos de los cuatro candidatos presidenciales revelan lo que han gastado.

15/9/2009 - Prueba de cámara

15 de Septiembre, 2009
Prueba de cámara
El Mostrador
Arturo Arriagada
Universidad Diego Portales

Mientras no exista una entidad encargada de producir y regular los debates presidenciales en Chile, los chilenos seguirán sin la posibilidad de obtener información relevante para votar.

Así como las pruebas de cámara permiten elegir al mejor actor para interpretar un papel en una película, los debates presidenciales debieran ser una instancia para que los ciudadanos vean en acción a potenciales presidentes de la república para luego decidir por quien votar. Pero en Chile los debates parecen ser un encuentro entre miembros de la elite que interpretan siempre al mismo personaje que teme discutir y así diferenciar sus posiciones frente a los temas de interés público.

Hasta ahora los candidatos hacen oídos sordos ante esta situación porque saben que tienen una audiencia cautiva en los debates donde participan. Por ejemplo, el promedio de rating de los tres debates realizados durante la campaña presidencial de 2005 fue de 41 puntos (casi 2 millones de personas), casi lo mismo que el alcanzado por la serie "¿Donde está Elisa?" en las últimas semanas. En este contexto, candidatos y medios no saben -ni les interesa saber- de qué manera reaccionan las personas que presencian los debates. En tanto los ciudadanos tampoco tienen espacios para demandar mejoras en esta simulada instancia de deliberación pública.

Por lo mismo -para fomentar la verdadera discusión entre los candidatos y así disminuir las asimetrías de información entre los ciudadanos- los debates debieran ser producidos por una entidad independiente a los comandos y los canales de televisión. En el caso de EE.UU. -país al que los candidatos nacionales ponen especial atención al momento de diseñar sus campañas- existe la Commission on Presidential Debates (www.debates.org) que se encarga de producir tanto los debates como posteriores estudios para mejorar su efectividad.

Esta comisión ha llegado a interesantes conclusiones respecto a la utilidad de los debates para la ciudadanía. Por ejemplo, 1) más que cambiar posiciones, los debates reforzarían las ya existentes en los electores. 2) Los debates permiten a las personas identificar los principales temas de campaña, pero cuando aparece un candidato nuevo le prestan más atención y demandan más información del candidato desafiante por sobre el resto. 3) La discusión entre candidatos da más oportunidades para introducir temas tanto en la agenda pública como en la de los medios. 4) Las audiencias desconfían de las preguntas de los periodistas porque consideran que no necesariamente representan sus intereses.

Si hacemos un ejercicio simplista en función de estos resultados podríamos decir que en el debate de TVN 1) las posiciones iniciales de las audiencias no necesariamente van a cambiar, 2) los ojos estarán puestos en ME-O y sus temas de campaña por sobre el resto de los candidatos, 3) tan sólo la mitad del debate -donde se aceptan las réplicas- podrían convertirse en potenciales temas de la agenda pública y de los medios, 4) sólo las preguntas enviadas por el público podrían captar mayormente la atención de las audiencias.

En esta nueva campaña presidencial los candidatos pierden otra oportunidad para cautivar a nuevos electores y mejorar los procesos de participación política. Ante la ausencia de una comisión que raye la cancha tanto a los candidatos como a los medios durante los debates, los ciudadanos seguirán sin la posibilidad de ver por televisión una verdadera prueba de cámara para elegir a sus futuros gobernantes.

10/4/2009 - Debates por TV: de mal en peor

Los debates políticos televisivos están en serios problemas. Por un lado, los medios de comunicación -especialmente Internet- ofrecen la "participación" como elemento central para incentivar a los usuarios y audiencias. Por otro, la clase política insiste en el formato televisivo que atenta contra la participación y la discusión propia de una democracia madura como se dice ser la chilena. En ese contexto, cómo va a ser posible que los ciudadanos se motiven a participar como espectadores de un debate donde no-se-debate y donde no-se-puede participar a través de preguntas.

El caso de alianza entre YouTube y CNN durante las pasadas primarias en EE.UU. fue un intento por refrescar una instancia de comunicación política para incentivar la discusión y la participación ciudadana. Allí, los ciudadanos podían enviar preguntas a los candidatos a través de YouTube que serían puestas al aire en el debate transmitido por CNN. Si bien esta iniciativa no estuvo ajeno a la polémica -porque finalmente los canales seleccionaron las preguntas atentando contra la publicidad de participación total- la pseudo participación a la que apostó este nuevo formato de debate podría ser considerado como un avance.

Nada de esto ocurrió durante las primarias de la Concertación. Ni debate, ni participación. ¿Cómo los precandidatos presidenciales pueden hablarle al país proponiendo participación, cambio y un futuro próspero para la ciudadanía si nadie los puede ver intercambiar ni discutir sus ideas? Si un candidato quiere aumentar su pontencial electoral antes de diciembre, debiera proponer una sistema de debates televisivos que esté a la altura tanto del uso de los medios de comunicación por parte de los chilenos, como de las ganas de participación y desconfianza que reflejan las miles de encuestas que al parecer no leen con atención en sus escritorios.

El periodista Mauricio Hoffmann analiza en la revista Qué Pasa el rol de los debates televisivos en Chile y hace un cronología de estas instancias de "discusión" política en el país.

A.A

Debates por TV: de mal en peor
Revista Que Pasa

Mauricio Hofmann debe ser el periodista chileno con más debates presidenciales en el cuerpo. En esta crónica reseña cómo fueron, desde que retornó la democracia, estos programas: las presiones de los comandos, el tira y afloja de políticos y canales, el formato elegido y el backstage. Además, analiza la involución que ha sufrido este rito político cada vez más maqueteado y limitado, tal como el último que vimos esta semana: Frei vs. Gómez.
Por Mauricio Hofmann

 

Antes de entrar en la historia

El llamado "debate" Frei-Gómez, el lunes pasado en Talca, no hizo más que confirmar la penosa involución que ha venido mostrando lo que pudo convertirse en un gran rito de nuestra democracia. En cambio, ha devenido en un gran mito de nuestros procesos electorales, al punto que muchos le buscan otros nombres: foro, entrevista múltiple, lata o, simplemente, tongo.

La seudoconfrontación Frei-Gómez batió todos los récords de restricciones, al punto que los demás canales "se bajaron" y sólo TVN lo transmitió. Y únicamente para la zona.

Quisiera creer que no es un anticipo de cómo viene la mano para el o los debates Piñera-Frei, que ojalá incluyan, una vez más, a todos los candidatos.

A la luz de la experiencia y la observación de lo que ocurre en otras latitudes, propongo un número no limitado de debates, ojalá entre parejas distintas de candidatos, organizados autónomamente por cada uno de los canales o por otros medios, con libertad editorial para abordar temas, moderados por un solo periodista que interrogue libremente y estimule la confrontación abierta de ideas y propuestas, sólo cuidando la equidad de los tiempos, y transmitidos en vivo también por los medios on-line.

El debut de la exclusión

El histórico enfrentamiento Aylwin-Büchi, el 9 de octubre de 1989, lo organizó Canal 13, lo dirigió Gonzalo Bertrán y se desarrolló en uno de sus estudios. Lo condujo Hernán Precht y a cargo de las preguntas estuvieron Raquel Correa, Bernardo de la Maza, Rosario Guzmán Errázuriz y Claudio Sánchez. Fue histórico, porque era el primero después de la dictadura, pero ya en esos tiempos se inauguró la era de las exclusiones y del control total por parte de los comandos, porque dejó fuera al tercer candidato: Francisco Javier Errázuriz.

Ya antes del gran evento, políticos de ambos bandos estrenaron su inclinación a tratar de controlar o, al menos, conocer ilegítimamente las preguntas de los periodistas. Sabemos de contactos y gestiones que apuntaron en ese sentido, y que se han repetido en los debates posteriores.

El capítulo siguiente fue el debate Frei-Lagos por las primarias de la Concertación, en 1993. Lo organizó Megavisión en mayo de ese año. Sergio Campos fue el presentador, y compartí testera de interrogadores con Gloria Stanley y Joaquín Villarino. Eran los tiempos en que se podía contrapreguntar y generar un cierto intercambio entre los contrincantes, a ratos tenso, aunque de todas maneras ya hubo las primeras críticas a lo que para muchos fue un foro y no un debate.

Buscando filtraciones

A semanas de la elección, a fines del 93, también tuve la oportunidad de participar en el debate presidencial Frei-Alessandri, organizado por Anatel. Se realizó en el Salón de Honor del ex Congreso Nacional y fue moderado por Bernardo Donoso. Representando a Megavisión, compartí con Raquel Correa (Canal 13), Jaime Moreno Laval (en ese tiempo en Canal 11), Roberto Pulido (La Red) y Patricia Politzer (TVN).
Antes de la "gran noche" nos reunimos para conocer el formato y dividirnos las áreas temáticas, en términos generales. Tan generales que ni siquiera respetamos esa división durante el debate. Recuerdo que yo había manifestado mi disposición a abordar los temas económicos, pero terminé haciendo preguntas muy políticas, para molestia -amistosa, en todo caso- de alguno de mis colegas. Pero lo peor fue otra cosa: en los comandos se supo de esa reunión previa y mediante algún "emisario" hicieron lo posible por conocer las preguntas con antelación... Creo que los intentos no sirvieron de nada.

Lo bueno es que fue el debate de formato menos restringido que recuerdo: cada periodista tenía tres minutos para preguntar a los candidatos, tiempo que podía usar libremente; podíamos interrumpir, contrapreguntar y hasta cambiar de tema dentro de esos minutos. El contrincante tenía después la posibilidad de replicar. El siguiente periodista interrogaba a ese mismo candidato y el adversario tenía igual posibilidad de contestarle. Otro aporte que tuvo debut y despedida en esa oportunidad fueron las preguntas del público: una muestra estadísticamente representativa de la población, elegida por una empresa de encuestas, de la que se seleccionaron aleatoriamente las preguntas. Lo mejor es que ese público -y no sólo los invitados de cada comando- estaba presente en el lugar, y aportó alguna espontaneidad a las reacciones en el salón.

Pero allí sólo estaban Frei y Alessandri, a pesar de que nos acercábamos a la elección presidencial con más candidatos de la historia: corrían el alternativo Manfred Max Neef, el economista José Piñera, el sacerdote Eugenio Pizarro y el empresario humanista Cristián Reitze. No hubo caso: los comandos dominantes los excluyeron.

Megavisión, entonces, se autoasignó la tarea de dar tribuna a estos otros aspirantes. Hubo dos debates "alternativos", ambos con un José Piñera que "iba a todas": Uno con el cura Pizarro, y el otro con el economista Max-Neef. Me tocó conducir y moderar en solitario el primero de ellos en exteriores: en plena Plaza de la Constitución, rodeados de transeúntes.

Como buenos candidatos de minorías, ansiosos de tener una tribuna para exponer sus ideas, Piñera y Pizarro aceptaron la confrontación sin condiciones y confiando en el criterio del periodista-conductor para administrar preguntas y tiempos. Por supuesto que todas sus intervenciones fueron más entretenidas que las de Frei y Alessandri -obviamente: sus riesgos eran también menores-, el formato fue libre, ambos estaban sentados en butacas sin "parapetos" delante y el marco de La Moneda iluminada atrás le dio un carácter especial.

Ganan los comandos

Seis años después, cinco canales organizaron el debate concertacionista entre Ricardo Lagos y Andrés Zaldívar. El 13 no participó. Se repitió el escenario del viejo Congreso Nacional y el esquema de interrogatorios libres por cada periodista dentro de tres minutos con cada candidato. Moderó una vez más Bernardo Donoso (UCV) y las preguntas estuvieron a cargo de Cecilia Serrano (TVN), Fernando Villegas (Canal 11), Nicolás Vergara (La Red) y Juan Manuel Astorga (Canal 2). Para furia de la oposición, parecía que se estaba decidiendo allí quién sería el futuro presidente.

Pero Joaquín Lavín escaló en las encuestas en los meses siguientes y llegó en una expectante posición al debate con Lagos, antes de la primera vuelta, en 1999.

Fuera del Hotel Crowne Plaza se había apostado la candidata Gladys Marín junto a decenas de adherentes suyos, que nos gritaron "¡tongo!, ¡tongo!" cuando los periodistas participantes llegamos al recinto. Claro: Marín había sido excluida por los comandos de los mismos dos candidatos que tantas veces nos han predicado sobre la no exclusión. Tampoco estaban la ambientalista Sara Larraín, el humanista Tomás Hirsch y el candidato del jingle de campaña más recordado de todos los tiempos: Arturo Frei Bolívar.

Representé esta vez a TVN, y mis compañeros fueron Carolina Jiménez de Canal 13, Susana Horno de Megavisión, Claudia Araneda de Chilevisión, Felipe Vidal de La Red y Juan Manuel Astorga de Canal 2.

Esta vez los comandos habían ganado. No sólo porque las dos coaliciones principales dejaron fuera del debate a todos los demás candidatos; también porque excluyeron al público y tomaron el control de las listas de invitados. Y lo peor: lograron terminar con los cuestionarios libres, donde el único límite era el tiempo disponible para cada periodista.

Fue una experiencia tortuosa, porque cada uno tenía que hacer unas increíbles preguntas únicas para ambos contendores. Esto prácticamente excluyó toda posibilidad de interrogar a un candidato sobre un tema especialmente complicado para él, porque significaba entregar "en bandeja" a su adversario la posibilidad de darle el tiro de gracia.

Tuvimos que hacer grandes esfuerzos para formular preguntas "equitativas" para ambos, aunque incorporando argumentos distintos para cada uno, tratando de que esas preguntas tan complejas no resultaran más largas que las respuestas.

Recuerdo que mi primera pregunta buscaba que ambos explicaran a sus seguidores por qué cada uno representaba cuestiones opuestas a las que sugerían sus historias y pensamientos políticos, planteando algo así como "señor Lagos, usted como ministro de Obras Públicas de Frei fue el ministro que ha permitido a la empresa privada hacer los negocios más millonarios de la historia, a través del sistema de concesiones, mientras que usted, señor Lavín, tiene un programa que contempla un gasto público inédito en Chile y superior incluso al de su adversario socialista". Quise describir a un Lagos campeón de la empresa privada y a un Lavín campeón del estatismo, pero por supuesto cada uno respondió lo que quiso y los seguidores de uno y otro quedaron tan confundidos como antes.

Una campaña, dos debates

Terminaba la administración Lagos cuando llegó el día del debate Bachelet-Alvear, por las primarias de la Concertación, el 26 de abril de 2005. Se realizó en el centro de eventos SurActivo de Hualpén. Ahora Canal 13 se sumó a TVN en la organización. Los interrogadores fuimos Consuelo Saavedra y Amaro Gómez-Pablos -por el canal público-, Constanza Santa María y yo -por UCTV- y Nibaldo Mosciatti, por el Canal Regional del Bío Bío. Fue el debate en que Bachelet dio un paso errado al responder sobre su posición frente al TLC con China, teniendo en cuenta la violación de los derechos humanos en ese país. Y fue el debate después del cual Alvear equivocó el camino, al acusar a su contrincante de haber usado un torpedo.

Ese primer encuentro fue producido por TVN. Canal 13 no alcanzó a cumplir con su parte: le tocaba organizar el segundo, pero Alvear "se bajó" antes.

Mientras, en la Alianza irrumpía Sebastián Piñera. Y se dio la situación inédita de dos candidatos de una misma coalición -Lavín era el otro- en la primera vuelta. Y ambos obligados, por lo tanto, a enfrentarse en un debate.

Éste fue el 18 de octubre de 2005. Se marcaron al menos otros dos hitos: fue el primer debate con más de dos candidatos (Bachelet, Piñera, Lavín y Hirsch), y el primero transmitido al exterior: lo organizaron Canal 13 y CNN en Español y se transmitió a toda América Latina. Lo condujeron Constanza Santa María y la periodista Glenda Umaña, que también estaban encargadas de hacer las preguntas.

El primer problema fue que el equipo del 13 tuvo que enfrentar dos negociaciones: una con la CNN, que insistía en una pauta temática sin interés para la mayoría de los chilenos, muy centrada todavía en Pinochet; y otra con los comandos, con la dificultad adicional de que ¡eran cuatro! Y las preguntas volvieron a ser iguales ¡ahora para los cuatro! O sea, aun peor que en el debate Lagos-Lavín. Necesariamente esas interrogantes debían ser muy generales, casi conceptuales y de respuestas sumamente previsibles.

Por primera vez, en esa última campaña hubo un segundo debate presidencial entre los mismos cuatro candidatos, en el centro de eventos CasaPiedra, organizado por Anatel. Como representante de Canal 13, me tocó ser el presentador inicial del programa de televisión, y compartí la tarea con Mauricio Bustamante de TVN, Libardo Buitrago de Mega, e Iván Núñez de CHV.

Es el último transmitido a todo el país y, a mi juicio, el más limitado hasta ahora. Primero, por condiciones objetivas: cuatro interrogadores y cuatro candidatos, lo que forzaba a una organización de turnos y rotativas francamente demencial: ocho preguntas iguales para los cuatro (apenas dos por periodista, francamente limitante), un minuto y medio para responder, una contrapregunta y 30 segundos adicionales de respuesta.
Los comandos se salieron una vez más con la suya. Sin encontrar nada más atractivo, Las Últimas Noticias tituló al día siguiente con la anécdota: "Los chascarros de Hofmann le pusieron color al debate". Claro; yo estaba tan confundido y francamente aburrido, que di la palabra cuando no correspondía a Joaquín Lavín, y no anuncié los comerciales cuando tenía que hacerlo.

A mediados de los 90 ya se había instalado la práctica de los comandos de frenar toda iniciativa que apuntara a bajar los niveles de rigidez, que presentaran los canales. Los equipos televisivos a cargo de organizar estos eventos siempre buscaron ampliar los márgenes mediante largas negociaciones, de las cuales felizmente los periodistas participantes quedamos al margen y libres de compromisos; pero cada vez, los comandos frustraron esas ideas. Y por parejo: quienes hemos participado en estas instancias desde la vereda de la televisión siempre nos quedamos con la sensación de que, en cada oportunidad, el menos dispuesto a ceder era el comando que más ganador se sentía; pero, curiosamente, también la candidatura menos optimista se sumó casi siempre a todo lo que "resguardara" a su candidato. La conclusión es que los partidos dominantes nunca han estado convencidos de que los debates son buenos; los asumen sólo como algo inevitable, pero no deseable, en una democracia.

 

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