Twitter

16/12/2009 - Cambio participación por copihues, estrellas y arcoiris

15 de Diciembre
Cambio participación por copihues, estrellas y arcoiris
Arturo Arriagada
El Mostrador

El voto de castigo a la Concertación representa las demandas ciudadanas por más instancias de participación, competencia y transparencia en los procesos políticos. Independiente de los símbolos utilizados por los candidatos presidenciales para representarla y promoverla, la participación ciudadana la hará realidad quien esté dispuesto a interpretar los distintos tipos de ciudadanía que quieren practicar las personas y genere instancias para ello.

Los problemas de participación que adolece el sistema político chileno están principalmente en sus partidos. Estas organizaciones no tienen mecanismos transparentes y competitivos para elegir a sus líderes y/o candidatos. Por lo mismo, son pocos los que participan. Las primarias de utilería de la Concertación explican la irrupción de Marco Enríquez-Ominami. En la derecha la cosa no es muy distinta. Mientras la UDI habla de renovación y cambio, su directiva representa lo contrario. La libertad que promulga la derecha en lo económico no aplica a la hora de elegir a sus candidatos presidenciales. La candidatura de Piñera en 2005 fue el mejor ejemplo de ello.

La elite política entiende y reduce la participación ciudadana solamente al voto, dejando fuera de su concepción de ciudadanos a aquellos que no votan pero sí quieren participar a través de otras instancias. Así partidos y actores políticos no tienen ningún incentivo para involucrar en sus dinámicas, por ejemplo, a comunidades que intentan transparentar la política recopilando información del desempeño de parlamentarios en el Congreso. Si no están inscritos no existen. Tampoco la elite política se interesa en develar las razones que llevan a los jóvenes -y no tan jóvenes- a no inscribirse. Para ello es fundamental crear mecanismos que incentiven a las personas a participar en estos procesos políticos. Especialmente para los millones de jóvenes que -en vez de ir a las urnas- estuvieron en Facebook este domingo.

Si bien la brecha digital fomenta las asimetrías de información en las personas, la educación desde los colegios y el fomento a la participación online en procesos políticos es clave. Así se puede pensar en integrar a quienes desconfían de la actual forma de hacer política, pero apoyan causas en Facebook. Intentar con primarias donde los chilenos voten a través de Internet sería un gran paso pro-participación y transparencia. Algo menos ambicioso -no por ello menos eficiente- es crear foros en los sitios Web de los partidos que intenten generar discusión en torno a lo que se entiende por política y las razones del desencanto. Todo ello en las salas de clases de colegios del país.

Las instituciones y la política como instancia de deliberación se tienen que adaptar a la lógica de comunicación y participación que opera en Internet. Si buscar información en Google es sencillo, no ocurre lo mismo en un sitio del gobierno. Mientras YouTube y Twitter obligan a decir lo importante de manera clara, empática y breve, el esquema de franjas presidenciales se agota en un público reducido, aquellos que son parte del padrón electoral.

Es cierto que Internet no moviliza por sí solo a las personas. Menos si los partidos políticos ponen enlaces a sitios de redes sociales cuando no existen mecanismos transparentes y competitivos para elegir a sus candidatos presidenciales. Esas son las contradicciones que llevan a las personas a seguir inmersos en Facebook en causas que reflejan sus estilos de vida. Para incentivar la participación tienen que haber relatos que convoquen, construidos en instancias y espacios de deliberación -como Internet-, partidos políticos y líderes que inviten a participar, basados en la competencia y la transparencia. Así, Internet será la herramienta que les permita diversificar el tipo de ciudadano al que quieren representar, y al mismo tiempo, el espacio donde las personas podrán elegir el o los tipos de ciudadanía que quieren ejercer.

15/12/2009 - #Para unirse a Frei

15 de Diciembre, 2009
#Para unirse a Frei
Arturo Arriagada
www.antimedios.cl 

Si el INJUV hubiera tomado en cuenta las formas de participación ciudadana que se dan en Internet, quizás los resultados de esta elección serían distintos y con más jóvenes votando. La campaña "para unirse a Frei" que está dando vuelta en Twitter refleja tanto las características de la participación 2.0 como las del nuevo ciudadano online.

Con el mensaje "yo tengo poder, yo voto" el gobierno - a través del INJUV- intentaba convencer a 2,6 millones de jóvenes para que se inscribieran en los registros electorales. Pero como ese poder lo pueden ejercer más en Internet que en la papeleta de votación, un día después de la elección Twitter refleja los errores de esa iniciativa y las debilidades de la clase política para captar la atención de los hijos de la Concertación.

Allí apareció una iniciativa llamada #para unirse a Frei. En ella los usuarios del sitio arman chistes de 140 caracteres que terminan con esa frase. Por ejemplo,"Jacocorp" dice que La Nana renuncia al Oscar para unirse Frei. Valderamasergio escribe que El feo renunció a The Clinic y Pauly Araneda que Mauricio Israel vuelve a Chile para unirse a Frei. En tanto, Valemonsh escribió que el cantante Sandro se para y abandona la clínica para unirse a Frei. Esta instancia de participación política colectiva refleja la desconexión entre la clase política y los jóvenes. Además, da pistas para mejorar las campanas online en esta elección. Acá cuatro razones que lo explican:

1. Los jóvenes no necesariamente ven el voto como una obligación o un deber. Por ello, mezclan libremente el humor y la entretención con la participación. Esa es la participación auténtica que no tiene relación con la estructura y lenguaje del discurso político. No es ni más formal, ni menos formal, sino más auténtico. Los discursos post-elección de los candidatos dan cuenta de esa desconexión.

2. Los jóvenes no tienen problemas en evaluar desde la afectividad el actuar de los políticos ("me gusta porque le creo"). Es común escuchar de ellos que no confían en la política y los partidos. Allí todo se transforma en lucha de poder e intereses (Estudio UDP-Lado Humano, 2009). Ello se combina con un mayor individualismo que los jóvenes practican a través del consumo y los estilos de vida (cuicos, flaites, pokemones, ecológicos, etc.). La incorporación de Sebastián Bowen al comando de Frei finalmente no inyectó novedad en las dinámicas de campaña, en los procesos de toma de decisión de ese grupo, etc. Bowen tuvo que adaptarse a la política tradicional en vez de ser un puente que la renovara y su discurso no llegó a la juventud.

3. A través del uso de Internet los jóvenes mantienen distintos tipos de relaciones con otras personas y grupos. De esta forma conversan e intercambian información en una lógica distinta a la de diarios, revistas y televisión. Si los medios pueden reforzar su percepción negativa de la política, en Internet los jóvenes construyen sus propias discusiones y percepciones respecto de los temas públicos. Se basan más en la recomendación de una noticia o tema que en la obligación de leer un titular.

4. Internet es un espacio para el ejercicio de la política. Allí se puede debatir, intercambiar ideas, fomentar la acción y llevarla a la práctica. Pero los temas tienen que motivar, como fue la campaña en contra de la estatua del Papa que hizo lo suyo en Facebook. Para lograrlo, es necesario desarrollar instancias que permitan a los jóvenes migrar hacia ellas. En Facebook algunos candidatos han sido más exitosos que otros en lograrlo. El caso de ME-O es destacable, ya que logró establecer lazos con sus electores a costa de un considerable esfuerzo al actualizar personalmente la información de su sitio. Así generó incentivos hacia los usuarios para que leyeran sus mensajes, impulsando el debate.

La clase política tiene que integrar estas nuevas formas de participación en los procesos de toma de decisión. Ya es hora que la discusión en torno al sistema electoral tome fuerza y se adapte a estas nuevas formas de ser ciudadano. Así -más en serio que en broma- los jóvenes estarán interesados en seguir desde sus computadores la campaña electoral "para unirse a Frei" o al que mejor los represente.

16/11/2009 - La falacia de la participacion

Viernes 13 de Noviembre, 2009
La falacia de la participación
Arturo Arriagada
El Mostrador

La reciente decisión de no autorizar la instalación de la "estatua del Papa" en Bellavista puede ser considerada como un triunfo para los ciudadanos que protestaron en las calles y en Facebook. Al mismo tiempo refleja la necesidad de integrar al sistema político estas nuevas formas de participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones públicas.

Hasta ahora son 10.901 los chilenos en Facebook que están en contra de la instalación del monumento frente a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. De ellos un número considerable salió a las calles a protestar. Lo mismo ocurrió hace unos años cuando el Tribunal Constitucional negó la entrega de la Píldora del Día Después. Aunque no lograron revertir la medida -y con menos tribuna en los medios masivos- 20 mil personas salieron a las calles y otras miles protestaron por Facebook. Cuando se detectaron las fallas en las Beca Chile, Facebook y Twitter unidos no fueron vencidos.

Mientras más hablan los políticos de la apatía ciudadana y el descrédito de su actividad, más demuestran su poca sintonía con los ciudadanos. Si bien el uso de Internet todavía no es masivo en el país -para obtener información, proponer nuevos temas de discusión, debatir con los pares y asociarse en actividades conjuntas- funciona como el escenario natural de una emergente forma de participación ciudadana basada en la colaboración y el intercambio de información. Más que ignorarla, la clase política debiera pensar en fomentar esta participación online, especialmente en aquellos que no tienen acceso a Internet y la información que allí circula. Reducir la participación política al voto es ignorar los cambios que está generando el uso de Internet en la forma de ser ciudadanos.

El revuelo por la estatua del Papa se debió -entre otras cosas- al rol fiscalizador de algunos medios de comunicación que promovieron el debate, a ciudadanos interesados en manifestar su opinión y a un sistema político que permite a las autoridades tomar decisiones a puerta cerrada. Esta combinación fue un incentivo para que miles de ciudadanos expresaran su descontento. Si a esto le sumamos las aparentes instancias de participación ciudadana que han intentado dar los dirigentes políticos, se termina de armar el puzzle. Es cosa de recordar los procesos que determinaron la actual carrera presidencial.

Para la clase política la participación ciudadana es como esas ex pololas con las que se pasan las penas. Se acuerdan de ella cuando la necesitan, pero no se interesan en mejorar lo malo para salvar la relación y hacer que perdure en el tiempo. Peor aún, algunos la siguen maltratando a través de sus slogans y temas de campaña. Del "más Estado" al "gobernar con los mejores", los candidatos presidenciales no se atreven a dar un salto en sus campañas para hacer efectivas las demandas de participación de los chilenos.

Mientras más se desgastan intentando copiar la forma de la campaña de Obama, los candidatos presidenciales se olvidan que el fondo de su mensaje es la participación activa de los ciudadanos a través del uso de Internet y de incentivos bien dirigidos para concretarla. El debate sobre la reforma de salud en EE.UU. y la campaña online de Obama para incentivar el lobby ciudadano son un estilo de gobierno que entiende la participación más allá del voto, empoderando a las personas para que se hagan cargo del destino de su país.

Hasta ahora -y con todas sus limitaciones- Marco Enríquez-Ominami ha logrado representar el descontento de las personas hacia la falacia de la participación. También lleva este discurso a su campaña online donde invita a los ciudadanos a ser parte de su proyecto, a que hagan campaña por él y así ganar la elección. Pero ME-O necesita de los votos de los inscritos para llegar a La Moneda y no de aquellos que sólo participan en causas en Facebook.

29/6/2009 - Michael Jackson y los medios

Michael Jackson y los medios de comunicación fueron siempre una sociedad dinámica, lucrativa y masiva. Más allá de su legado musical -que es evidente, especialmente en sus primeros 3 discos como solista- Jackson fue un símbolo de la cultura norteamericana, sobre todo en la década de los ´80. Sus contratos con marcas, auspicios, giras, discos, tecnología de punta en sus shows, manejo de los medios para su promoción, etc., transmitieron el sueño del Tío Sam y todos nosotros lo consumimos como un producto más, gracias a los medios. Los medios también encontraron en Jackson la posibilidad de indagar en la vida íntima de un fenómeno cultural que estaba dando señales de colapso.

Siempre vi a Michael Jackson por televisión, desde Thriller y su notable video de 14 minutos. Creo que tenía 4 años. Su muerte me sorprendió y la he seguido en los medios, aunque a diferencia de otras noticias impactantes, hice un ejercicio. No leí -ni he leido hasta hoy- los diarios de Chile para seguir la noticia, en vez de eso me concentré en leer la prensa de UK.

Me imagino que los artículos en Chile deben estar centrados en las locuras de Jackson, algunos medios le deben haber dedicado algo de atención al legado musical, en tanto otros tienen que haber entrevistado varias veces al periodista chileno que lo denunció hace algunos años -y que Jackson demandó- por los casos de pedofilia en los que posteriormente se vio envuelto. En UK algo de eso hubo -acá también existe una versión de LUN y otra de El Mercurio y otra de La Nación- pero también me encontré con una gran sorpresa, un par de artículos del Observer (la edición dominical del diario The Guardian) que lograron separar muy bien al Jackson artista del Jackson freak, pero sobre todo, con un estilo de periodismo directo, incisivo y analítico.

Gran atención le di a un artículo donde entrevistaban a jóvenes que nacieron después de 1995 -cuando Jackson ya no era tan exitoso- y que daba cuenta de dos cosas. La primera fue que el periodismo saca lo mejor de sí cuando se libra de ese formato limitado y repetitivo que conocemos de noticia. Una periodista fue a varios colegios públicos entrevistando a jóvenes de 15 a 18 años, profundizando en sus emociones, así como también aplicando una gran pluma y sentido del humor para dar cuenta del fenómeno Jackson desde una perspectiva novedosa, la de los niños que conocieron al Jackson blanco, freak, etc. Habrá salido algo así en Chile? (lo pregunto porque no he leído los diarios chilenos). La segunda fue ver cómo cualquiera de nosotros puede ser un buen entrevistado. Niños de distintas razas aparecieron en este artículo entregando frases como "Perdimos a una leyenda... las cirugías plásticas? Cada cual con lo suyo". Niños de colegios públicos dando su opinión en uno de los diarios más importantes de UK. Hemos visto en Chile a escolares dando su opinión en la prensa en ocasiones que no sean la de un paro o protestas estudiantiles?

Pero lo mejor de todo, fue encontrarme con esta columna de Paul Morley. A su juicio, la vida de Jackson se parece a la evolución de los medios de comunicación.

"The media had become as bizarre in its obsessions and anxieties as Jackson himself" 

Adjunto la notable columna de Morley, el link al artículo donde entrevistan a los escolares y un video donde se analiza el impacto de la muerte de Jackson en Twitter. Todos publicados por The Guardian.

Con este envío, Antimedios homenajea el legado musical de Michael Jackson.

A.

The untimely, shady death of Michael Jackson
The Observer
Paul Morley
Sunday, 29 of June, 2009.
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2009/jun/28/michael-jackson-deat...

As soon as he was gone, he was everywhere, regaining a flashy, bewitching agility he hadn't had since the early Eighties when he really was a kind of king. He was everywhere, and everyone had something to say, even if they didn't really know what to say. As soon as it was clear that he was really dead, and that it was now Michael Jackson 1958-2009, the instantly surreal truth being obtained and announced not by a traditional media outlet, but by a furtive, deadpan celebrity website, a whole host of Michael Jacksons was released into the air.

The loved Jackson, the gloved Jackson, the wealthy Jackson, the bankrupt Jackson, the Motown Jackson, the moonwalking Jackson, the MTV Jackson, the despised Jackson, the genius, the mutant, the addict, the oddball, the victim, the black, the white, the creepy, the glorious, the narcissist, the pathetic, the gentle, the monster.

You could take your pick as to which Jackson you want to remember, which version of the monster, or the genius, or the dissolving man behind the mask. He was everywhere, but now that death had returned his full transfixing powers as a spinning, gliding master of self-publicity, any truth about who he really was and what he'd been up to was shattered into a thousand glittering pieces. Once we stayed up late to watch the exciting premier of the Thriller video. Now we stayed up late to watch another form of extraordinary choreography intended to turn one fascinating, paranoid, fiendishly otherworldly entertainer into an immortal.

The crazed rush was on to try and fix just one Jackson in place; the trailblazing star, or the abused innocent, the loneliest man alive, or the greatest entertainer of all time. The uneasy combination of frantic web action and obsessive, hasty, flamboyantly superficial news coverage meant it was possible to witness a certain sort of immortality start to take form. The tweeters, the websites, the pundits, the acquaintances, the impersonators, the colleagues, the hangers-on, the fan club members, the newsreaders, the correspondents, the international celebrities all performed their duties so obediently that the whole event seemed to follow a script with the full approval of Jackson. (Imagine how well he's planned the funeral.)

It was immediately clear that the nature and timing of this end had been coming for such a long time. Even while the whole thing was disconcerting and in the middle of it all someone had actually died, it was also the most obvious thing in the world. Now that it had arrived, this punchline to all the scintillating music and living, seedy chaos, everyone knew their place, as if Jackson's final mortal act as extreme self-obsessed entertainment illusionist was to ensure that the news of his death was itself a kind of glittering if slightly tawdry spectacle.

In those first remarkable moments, death had allowed the myth of Jackson to surge into life, and his career got the focused injection of publicity he had recently been unable to generate consistently without dangerous self-sacrifice. The 24-hour news channels couldn't believe their luck, all this archive, tension, scandal, revelation, mourning, scorning and gossip. Jackson played a massive, needy part in shaping an entertainment universe which now largely consists of constant gossip about the antics and eccentricities of damaged celebrities, and his death was confirmation that the presentation of round-the-clock news certainly when it comes to popular culture is little more than formally presented, gravely delivered, hastily assembled tittle tattle.

Everything had been destined to lead to this untimely, shady death, and once that death arrived, a certain kind of natural order was established. Jackson was where he'd been heading all along - a sudden tragic end, a twist of mystery, a sad, final trip low across the LA sky to the coroner's, coverage that seemed in part pre-recorded ready for the big day.

The whole thing concluded the only way it could - in a resounding blast of grotesque but compelling publicity for a figure who had become all that he had become - the king and the imprisoned, the adored and the humiliated, the accused and the indulged - because of publicity. Jackson had been publicised to death. As soon as he died, the response came in the form of pure publicity, an almost relieved acceptance that finally the damned thing had at last been resolved.

He was no good to us alive, falling apart physically and mentally, making repeated attempts to repair his image and reputation, reminding us again and again that the neurotic energy, dangerous perfectionism and desperate ambition he'd turned into dazzling, video-age show business had eventually turned back on him and started to eat him up.

There was only one real way to rescue Jackson from the enduring pain of decline and reclusiveness. It wasn't going to involve taking on 50 dates at the O2 Arena, and no doubt revealing a poignant lack of wit, speed and power, and escaping to exile after a couple of disastrous shows.

When he was alive, it was never clear quite how to approach the perverse, shape-shifting, scandalous, ruined, faintly repulsive idea of Jackson, how to deal with the transformation from irresistible child star to weird, shattered, self-pitying, fallen idol. Dead, in acceptably mysterious and fairly dubious circumstances, he has joined those he loved and admired for their life-after-death adventures - Garland, Dean, Monroe, Presley, Lennon, Diana - and because one of the many Michael Jacksons seems to have had the kind of pointless, chaotic fame that we now think of as being the result of time spent on reality television, there's another chain of celebrity disaster he also belongs to that drops all the way down to Jade Goody.

It was the loony, minor celebrity element in late-period, now final-period, Jackson - a celebrity Big Brother appearance, even a pantomime, would have been more beneficial than all that demanding singing and dancing he was facing - that actually helped give his death something Presley's and Diana's couldn't have. An element of the busy, hustling, hyper, self-aware 21st century, as reflected by TMZ, Fox, Perez Hilton and Google.

He'd hung on long after parts of his mind, business and body were falling off, but his sense of timing was in the end immaculate. He sprang to life in the Sixties, got himself into position in the Seventies, was anointed in the Eighties, started to disintegrate, and then hung on for dear life until the media and the web were in the right ever-vigilant, tabloid-minded, freakishly amoral, multi-channelled, search-saturated, tweetist state properly to cover his death with the correct combination of pomp and prurience.

The media had become as bizarre in its obsessions and anxieties as Jackson himself. The cultural stars were in alignment. Even as he lost ultimate control he somehow took absolute control of the coverage of his life and death, disappearing behind hundreds of versions of himself, now always in our lives whether we liked the idea or not. He had been disgraced as a living legend, but death had given him back, one way or another, the kind of grace he craved. The grace that comes when your fame, and your name, cannot be taken away.

Distribuir contenido