Revista Poder
Julio, 2009
Debates presidenciales: matrimonio sin sexo
Se acercan los debates presidenciales. Pero no se entusiasme. Como en el pasado, las versiones 2009 probablemente sucumban ante las condiciones de candidatos y comandos para evitar que se consuma el real intercambio de ideas.
Por Arturo Arriagada
En Chile los debates presidenciales son como un matrimonio sin sexo, los candidatos se juntan pero no discuten. Siendo una oportunidad para el intercambio de ideas, los debates se han transformado en mon贸logos cuoteados por candidatos, comandos y los canales de televisi贸n que los transmiten. Para encender la pasi贸n -y en la medida que incluyan la participaci贸n de los ciudadanos a trav茅s de las nuevas tecnolog铆as- los actuales candidatos a La Moneda tienen una oportunidad de organizar verdaderos debates que se hagan cargo de las demandas ciudadanas por una mayor representaci贸n en la deliberaci贸n de los asuntos p煤blicos.
En democracias representativas como la nuestra, los debates presidenciales son fundamentales para candidatos y ciudadanos. Como en una entrevista de trabajo, los candidatos pueden dar cuenta de su experiencia, habilidades y proyectos en caso de ser elegidos. En tanto, los ciudadanos encuentran una oportunidad para obtener informaci贸n y as铆 decidir su voto. Al ser los medios de comunicaci贸n el principal canal de interacci贸n entre pol铆ticos y ciudadanos, los debates encuentran en la televisi贸n un espacio natural donde desarrollarse.
En principio, esta instancia de deliberaci贸n promet铆a conectar las preferencias ciudadanas con los asuntos p煤blicos, mientras los candidatos comunicaban sus mensajes a millones de potenciales electores. En Chile eso no ha ocurrido y los debates sucumben ante un formato r铆gido y poco transparente. Por una parte, los candidatos controlan el mensaje al establecer condiciones que atentan contra el objetivo esencial del debate. Por otra, los ciudadanos no pueden enviar preguntas ni presentar quejas ante alguna entidad que regule la realizaci贸n de estos encuentros. Por ejemplo, en Estados Unidos hay una organizaci贸n independiente (Commission on Presidential Debates) que se encarga de producir los debates y de realizar estudios para mejorar su efectividad.
Cuando internet y la pol铆tica empezaron su romance hace ya unos 10 a帽os se prometieron mutuamente fomentar la participaci贸n ciudadana. Los optimistas de esta relaci贸n ve铆an en la Red la posibilidad para que ciudadanos y pol铆ticos impulsaran cambios sociales a trav茅s del intercambio de informaci贸n. Los pesimistas consideraban que -adem谩s de disminuir a煤n m谩s la calidad del debate p煤blico- el acceso a internet limitar铆a las posibilidades de participaci贸n pol铆tica. Un poco antes del triunfo de Barack Obama -el ahora 铆cono de los optimistas- los gigantes medi谩ticos CNN y YouTube organizaron un debate entre los candidatos dem贸cratas y republicanos que corr铆an por obtener la nominaci贸n de sus partidos. El mundo vio por televisi贸n c贸mo uno a uno respond铆an las preguntas de 30 segundos que ciudadanos comunes y corrientes subieron en video al sitio web. Era la convergencia de medios -televisi贸n m谩s internet- forzando los l铆mites de la democracia representativa.
Pese a ser promocionado como una revoluci贸n pol铆tica, este experimento pol铆tico-medi谩tico-ciudadano no logr贸 estar a la altura de las expectativas que gener贸. En vez de emitir las preguntas m谩s votadas en YouTube -uno de los grandes atractivos del nuevo formato- CNN a 煤ltima hora eligi贸 bajo sus propios criterios editoriales qu茅 preguntas calificaban para ser presentadas en el debate. La hiperdemocratizaci贸n pareci贸 ser s贸lo una efectiva estrategia de marketing. En el debate dem贸crata los ocho candidatos contestaron 38 preguntas de 3.000 videos subidos a YouTube, mientras que igual n煤mero de candidatos conservadores contestaron 31 de 4.927 videos.
Desde el punto de vista de la participaci贸n, los debates de CNN y YouTube crearon un incentivo para que los ciudadanos -especialmente los m谩s j贸venes- se interesaran en la campa帽a electoral y discutieran sobre las candidaturas de una manera asociada a sus pr谩cticas cotidianas como el uso de YouTube. Por ejemplo, de los 2,6 millones de personas que vieron el debate dem贸crata, 407.000 ten铆an entre 18 y 34 a帽os.
Al mismo tiempo, los debates lograron promover una instancia para el accountabiity pol铆tico, donde ciudadanos y candidatos establecen v铆nculos de reciprocidad respecto a sus acciones y omisiones a trav茅s de un simple video. Aunque la decisi贸n de CNN de omitir el criterio de los videos m谩s populares fue tambi茅n una se帽al que el nivel de discusi贸n online no siempre est谩 a la altura de las circunstancias. Es cosa de revisar los comentarios de blogs para tener una noci贸n.
Hasta ahora, todos los candidatos presidenciales chilenos han confirmado su participaci贸n en el primer debate de estas caracter铆sticas en el pa铆s, organizado por el portal Terra y Radio Cooperativa. Es de esperar que no echen pie atr谩s a 煤ltimo momento y que los organizadores tomen en cuenta la experiencia de CNN y YouTube, especialmente la relacionada con los l铆mites y expectativas de la participaci贸n online. A seis meses de la elecci贸n, los candidatos presidenciales no pueden rehuir de un debate donde el intercambio y deliberaci贸n de ideas interprete la necesidad de di谩logo entre ciudadanos y no s贸lo entre miembros de la elite.
Datos de rating debates televisivos en Chile pinchar ac谩. (Fuente: Time Ibope)
