Sebastian Piñera
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Abril, 2010 La nueva forma de informar Revista Poder Arturo Arriagada
En un momento donde los reacomodos en el escenario político post Concertación y 27-F están a la orden del día, el gobierno de Sebastián Piñera plantea problemas y oportunidades para los medios de comunicación. Problemas, porque hasta ahora la derecha siempre ha estado más cerca de los medios y así lo identifican los chilenos. Era más fácil criticar a los gobiernos de la Concertación que al primer gobierno de derecha en llegar al poder después de 50 años. Oportunidades, porque los medios son un negocio cuyo principal capital es la credibilidad de sus audiencias. Para ser creíbles y rentables hay que ser independientes del gobierno de turno. La nueva forma de informar de los medios en Chile tiene en la fiscalización su mejor aliado. Con ello contribuirán a la calidad de la democracia, demostrando independencia y siendo fieles a las demandas de sus audiencias.
En las democracias modernas, los medios de comunicación se enfrentan a un problema de identidad
En las democracias modernas, los medios de comunicación se enfrentan a un problema de identidad: intentar equilibrar sus intereses -políticos, económicos y editoriales- con los de sus financistas y las expectativas de sus audiencias. Chile no es la excepción, pero con algunas diferencias. Si en dictadura -algunos medios mas que otros- intentaron ampliar los reducidos espacios de libertad de expresión, en democracia la piedra de tope es la falta de pluralismo. La tendencia a la concentración en la industria de medios -tanto a nivel de propiedad como de las voces que allí se expresan- es un ejemplo. En un estudio realizado junto a Sebastián Valenzuela, concluimos que entre 2000 y 2005 tanto la televisión como la prensa escrita presentaron agendas temáticas muy similares, ignorando las preocupaciones de los ciudadanos. Esto se condice con el 54% de los chilenos que consideró como bajo el aporte de los medios en reflejar los problemas de personas comunes y corrientes (ICSO-UDP, 2008). Si pensamos en los medios como un espacio para la deliberación de los asuntos públicos, estamos frente a una tarea pendiente. Para muchos ese rol lo estaría cumpliendo Internet, aunque la deliberación online todavía no logra legitimarse y masificarse. Ahora bien, no hay que ignorar que para mantener vivo el negocio, los medios han intentado representar la diversidad de intereses de los chilenos. Los problemas de identidad de Canal 13 -el medio de la iglesia católica- son el mejor ejemplo.
La fiscalización del poder político y económico es parte del ethos de los medios de comunicación y el ejercicio del periodismo. En la acción fiscalizadora, los medios contribuyen al desarrollo de la democracia y la deliberación de los asuntos públicos. Pero lo más importante, son actores clave para la construcción de un proyecto colectivo de sociedad, esto último, la esencia de la política. Con la llegada de Sebastián Piñera a La Moneda los medios de comunicación están frente a un gobierno con un pasado poderoso en el ámbito privado. Ahora se ven forzados a fiscalizar un sector que muchas veces ignoran por sus problemas de identidad, como ocurrió con la colusión de las farmacias. Más aun, cuando miembros del nuevo gobierno podrían actuar como fiscalizadores de empresas en las que hasta hace poco compartían propiedad. En su faceta Berlusconiana, Piñera sigue como propietario de Chilevisión, un canal fiscalizado por el Consejo Nacional de Televisión y cuyo presidente -al igual que el de TVN- son designados por el mandatario. Mientras Piñera no venda, la independencia y credibilidad de Chilevisión está en juego a costa de sus periodistas emblemáticos, algunos de los cuales han preferido omitir su opinión al respecto.
En la lucha por cautivar el interés de las audiencias -y en mercados más competitivos que el chileno- los medios han encontrado en la fiscalización a los gobiernos de turno un gran aliado. La estrategia de fiscalización de Fox News en EE.UU. -asociado a posiciones políticas conservadoras- los tiene por sobre CNN en rating y credibilidad de sus audiencias. En Reino Unido lo mismo ha ocurrido con el Daily Telegraph, diario también identificado con los conservadores, que en Mayo pasado reveló el mal uso de recursos públicos por parte de algunos ministros. Además de lograr las renuncias de algunos involucrados, el Telegraph registró un aumento en ventas superando a los influyentes The Guardian y The Independent. Independiente de sus posiciones políticas, estos medios han logrado buenos resultados en términos de audiencia y credibilidad como fiscalizadores del gobierno de turno. Un ejemplo parecido ocurrió en Chile cuando el diario La Tercera - en su lucha por la influencia y la masividad frente a El Mercurio- fue duramente criticado por el entonces presidente Ricardo Lagos. A Lagos -a diferencia de la opinión pública- no le gustaba que los medios fiscalizaran ni los sobresueldos ni la contratación de sus parientes en puestos clave de gobierno.
Con Piñera en La Moneda, algunos medios corren con más ventajas para llevar a cabo la nueva forma de informar. La televisión, pese a que sus niveles de audiencia han bajado en comparación con años anteriores, todavía es un medio poderoso. Es el más utilizado por los chilenos para informarse y el que recibe el mayor porcentaje de inversión publicitaria. También el que puede intentar una fiscalización más eficiente al tener más poder de negociación frente a sus avisadores. Programas como "Esto no tiene nombre", "Contacto" o "Informe Especial" cumplen un rol clave. La fiscalización al sector público y privado que realizan estos programas opera como un incentivo para mejorar el funcionamiento de esos sectores, pero también aumenta la competitividad del mercado televisivo. El caso de la prensa escrita es distinto, ya que adolece de problemas de transparencia que se reflejan en su menor competitividad. La nueva forma de informar de la prensa también implica practicar la transparencia que predican. Hacer públicos sus respaldos políticos en épocas de elecciones y los conflictos de interés de sus propietarios serían avances en esa dirección. Desde la segunda vuelta, equivocadamente la prensa ha descansado su rol fiscalizador en sus columnistas. Aunque ha habido excepciones como las denuncias de El Mostrador frente a la nominación del gobernador del Bío-Bío.
Lo que puede ser un problema para esta industria con la llegada de Piñera a La Moneda, también es una oportunidad. En la medida que aumenten su rol fiscalizador, los medios podrán consolidar la fidelidad de sus audiencias y su rol social. Al mismo tiempo estarán en condiciones de practicar la transparencia que predican, estimulando la competitividad necesaria en el mercado de medios de comunicación. De esta forma, irán consolidando su independencia del gobierno, la fidelidad de sus audiencias y su aporte para la calidad de la democracia. Para hablar de una nueva forma de gobernar, tiene que existir una nueva forma de informar.
13/02/10 Reiniciar la democracia Arturo Arriagada Revista Que Pasa
A diferencia de los computadores, las democracias no tienen un botón que permita reiniciarlas. Si bien esta forma de organización social está pasando por un momento difícil, muchas voces consideran que internet la puede reanimar. Ya sea como un facilitador de la organización política o como un espacio para la deliberación de los asuntos públicos, internet puede robustecer la democracia fomentando la participación ciudadana. El desafío de políticos y ciudadanos está en darle credibilidad a la política online.
La revista Wired -en su versión británica - publicó hace unas semanas un artículo titulado Reboot Britain (Reiniciar al Reino Unido). Académicos, consultores y ciudadanos presentaron ideas para fomentar el debate público y mejorar la calidad de la democracia. La desconfianza hacia la clase política y los bajos niveles de participación ciudadana son síntomas de una enfermedad que afecta a diversas democracias en el mundo, la crisis de la representación.
James Murray -emprendedor y asesor tecnológico de laboristas y conservadores- considera que un gobierno competente tiene que promover la participación online ¿De qué forma? Dejando que los ciudadanos presenten proyectos de ley a través de internet. Allí la gente vota por ellos y, si se aprueban, el Parlamento se compromete a discutirlos. Murray también sugiere que los proyectos de ley que presenten los parlamentarios puedan ser bloqueados por los ciudadanos. En caso de recolectar 20 mil firmas online, el proyecto no se vota en el Parlamento. Si eso no ocurre, el proyecto se discute en las cámaras. Quizás esta iniciativa implique más trabajo para los parlamentarios, pero sería una señal de interés por escuchar la voz de quienes se interesan en participar más allá de las urnas.
¿Es posible llevar la experiencia de la web 2.0 a la aplicación de las leyes? Aza Raskin -director de user experience de Mozilla Labs- cree que sí. Si Facebook, Twitter y Google mejoran sus servicios a través del uso que le dan los usuarios, lo mismo debiera ocurrir con la implementación de nuevas leyes. Al igual que los sitios de internet, las leyes requieren de marcha blanca para operar y responder a la particularidad del comportamiento humano.
Todavía la idea de una democracia representativa fomentada desde internet suena lejana para la realidad chilena. ¿Algunas razones? La falta de acceso a la red y el cambio de paradigma que significa validar el espacio online como un lugar para el ejercicio de la política. Pero si la clase política no se atreve a innovar para intentar recuperar la confianza de la ciudadanía, transparentando sus acciones y escuchando a los ciudadanos, todos perdemos. El gobierno de Sebastián Piñera tiene que abrir las grandes alamedas de la era digital a los chilenos. Sólo así se harán realidad los anhelos de más participación y democracia de quienes aspiran a construir una sociedad menos desigual.
Sin ánimo de hacer publicidad gratuita y/o engañosa, acá envío una propuesta interesante de cobertura 2.0 de las campañas presidenciales en Chile.
La Tercera, junto a la Escuela de Periodismo UDP y Tendencias Políticas lanzaron un sitio especial para cubrir la campaña presidencial. Lo interesante de esta iniciativa es la difusión de datos de cobertura de medios a los presidenciables. Por ejemplo, es posible saber que Sebastián Piñera es el candidato con mayor cobertura en medios e Internet.
Además, el aporte de la Escuela de Periodismo UDP* permite fomentar la fiscalización de los medios a las promesas de campaña. Bien sabemos que en campaña los candidatos prometen el oro y el moro o hacen diagnósticos que no siempre se ajustan a la realidad. En el sitio, estudiantes de periodismo monitorean y contrastan cada una de las promesas y frases de campaña de los candidatos con datos reales y opiniones de expertos.
Ya que todavía no hemos visto debates reales entre los candidatos -y lo más probable es que tampoco los veamos- el sitio de La Tercera puede ser un buen insumo a la hora de elegir al próximo presidente de Chile. Eso sí, el desafío para La Tercera será lograr que la fiscalización sea igual para todos los candidatos. Además, podría incluir los datos de cobertura del resto de los medios -con nombre y apellido- y no solo de Internet.
Adjunto el link del sitio VOTA 2009
Saludos,
A.
Tarjetita de invitación Arturo Arriagada www.antimedios.cl
Si las elecciones presidenciales son como un matrimonio entre la ciudadanía y los candidatos, las campañas políticas -y sus correspondientes "ideas fuerza"- son la invitación a dicha celebración. Si bien quedan algunos meses para que comience la campaña presidencial de manera oficial, los actuales slogan disponibles en las páginas Web de los candidatos no dan para pensar en grandes celebraciones.
Las ideas fuerza de una campaña política nos permiten entender las lecturas que hacen del país quienes aspiran a gobernarlo. A su vez, sirven para identificar a los candidatos y asociarlos con sus propuestas. Por historia personal y carisma, Obama se podía dar el lujo de hacer un copy- paste de las frases de Luther King para explicar su proyecto de gobierno. Pero su célebre "yes we can" resumía de manera precisa la lectura que él hacía de los decepcionados ciudadanos norteamericanos. Al contarnos el país en el que soñaba vivir, Bachelet utilizó la misma estrategia en su campaña en 2005. Su "Estoy Contigo" representaba las ganas de los chilenos por más participación e inclusión social. Aunque todavía no se han definido los slogan de los candidatos, lo que se encuentra en sus actuales páginas Web dan algunas señales para pensar lo que veremos en la campaña presidencial de este año.
Reacio a mostrarse como un ex presidente, Eduardo Frei opta en su plataforma online por apelar al sentimiento nacional. "Chile gana con Frei" es su idea fuerza disponible en www.efrei.cl. Arrancando de sus socios de la Concertación y con un mensaje más propio de los años ´70 que de un ex presidente que inauguró los gaseoductos, Frei invita a los chilenos a sumarse a su candidatura. Su invitación anticipa un matrimonio que intenta celebrar con empanadas y vino tinto pero en un frío y moderno centro de eventos, cuyos invitados están más nerviosos que los novios.
En la misma lógica ajena a los partidos, en www.pinera2010.cl el candidato de la Alianza habla de un "Chile con todo... Chile con todos". Si en 2005 sus ganas por verse en los libros de historia lo llevaron a presentarse como "Piñera Presidente", en esta elección opta por ser un motivador entre Bonvallet y Donald Trump. En su parte de matrimonio -con logos de multitienda en las cuales probablemente tendría alguna participación- Piñera invitaría a todo el país a la celebración y haría una encuesta para saber qué quieren comer los invitados.
Cuando la estrategia es imitar modelos exitosos, no siempre las adaptaciones dan buenos resultados. Tanto Frei como Piñera aspiran a interpretar los "sueños" de los chilenos para sumar apoyos. Preocupado del destino del ser humano en un mundo incierto, Frei aspira a convertirse en el Al Gore criollo. En sus ganas de parecerse a Obama, Piñera se asocia más al Lavín del ´99 y 2005 cuando invita a los chilenos a liderar el "cambio" y escuchar sus "sueños". Hay que recordar que las campañas presidenciales de Gore en 2000 y Lavín -en sus dos versiones- terminaron por convertirse en derrotas con sabor a triunfo, pero derrotas al fin y al cabo.
Con un lenguaje novedoso y con menos recursos y adherentes que Frei y Piñera, Marco Enríquez-Ominami se define como "El futuro" y afirma "Porque Chile cambió" en www.marco2010.cl. Si bien hasta ahora su lectura del país se asocia a la crítica del politburó chilensis, su idea fuerza refleja tanto la novedad en sí misma de su candidatura como las ganas de entrar en una batalla donde todos -menos él- son viejos conocidos. Más que ser un matrimonio innovador, Enríquez-Ominami nos invita a una celebración transgresora. En viernes santo con Jodorowsky como maestro de ceremonia y el Liguria a cargo del banquete.
Si bien en sus campañas los candidatos están integrando el uso de nuevas formas de comunicación online, no siempre se hacen cargo de la invitación que están extendiendo a la ciudadanía. Para demostrar esto, un sencillo ejemplo. Un amigo me dijo que su voto en esta elección presidencial va a ir para el candidato que esté en contra de las centrales hidroeléctricas. Ya que hasta ese momento ninguno de los candidatos se había manifestado con claridad al respecto en los medios, mi amigo le mandó un mail a Piñera, Frei y Enríquez-Ominami a través de sus sitios Web. Hasta ahora el único que le ha contestado su pregunta es Marco Enríquez-Ominami. Algunos dirán que el autonominado candidato tiene más tiempo para contestar preguntas que Frei o Piñera. Pero lo importante acá es el vínculo que el candidato generó con un potencial votante. Ahora mi amigo promueve la candidatura de Enríquez-Ominami por Facebook e incita a sus amigos a votar por él. Si un candidato quiere ser exitoso en su campaña 2.0 invitando a la ciudadanía a ser parte de su proyecto, tiene que aspirar a lograr un diálogo con los electores a través de sus plataformas online. No sólo de links vive la campaña 2.0.
Esta nueva forma de invitar a la ciudadanía a participar en campañas electorales cobra relevancia por tres razones. 1) Porque es la plataforma que los candidatos pueden usar para difundir sus mensajes sin el filtro de los medios de comunicación. En sus sitios Web, los candidatos pueden proponer temas de campaña que golpeen a los medios masivos y pasar a ser parte de sus agendas. 2) Porque al presentar sus campañas en Internet, los candidatos aspiran cautivar el interés de nuevos electores -como mi amigo- especialmente jóvenes. Con su invitación online, Obama logró materializar su idea fuerza -change, yes we can- en una nueva forma de comunicarse con los ciudadanos a través de la red, transformando la fidelidad y el entusiasmo online en votos a través del diálogo. 3) La posibilidad que ofrece la comunicación online para establecer vínculos más cercanos y efectivos entre candidatos y ciudadanos es parte de una nueva forma de hacer política.
Si bien los actuales candidatos aprendieron a ser políticos con los códigos del siglo pasado, tienen que aprender de a poco el nuevo lenguaje que utiliza la política 2.0. Más cercano, recíproco e interactivo que el de las grandes concentraciones y las cuñas para la tele. Para ello los candidatos pueden soltar un poco las amarras de sus campañas y delegarlas en parte en una ciudadanía ansiosa por participar en ellas. Por ejemplo, sólo Enríquez-Ominami posee en Facebook un espacio para que la gente se organice por su cuenta en torno a una actividad de campaña o un tema de discusión. El resto sólo recoleta datos, mails y teléfonos donde el ciudadano sigue siendo un receptor pasivo de la información del candidato. Lo anterior refleja el miedo por parte de los actores políticos de soltar un poco el sartén y delegar en las personas la reflexión de sus temas de campaña en el mundo online. Sería interesante ver un grupo de gente que organice un encuentro comunitario para discutir las propuestas de un candidato a través del sitio Web del mismo.
Siempre tomamos una decisión cuando recibimos una invitación de matrimonio. Si el parte es atractivo y transmite tanto la historia de amor de los novios como sus ganas por compartirla, nos dan ganas de celebrar con ellos. En cambio si el parte se centra sólo en los apellidos de las familias, el matrimonio puede pasar a ser un trámite o sencillamente desecharse. La invitación que Frei y Piñera envían a los ciudadanos a través de sus ideas fuerza es confusa. Cuando sus rostros en la prensa reflejan el cansancio de su propia historia política, en sus plataformas online se muestran como los representantes del "cambio" para realizar los "sueños" de miles de chilenos. Si bien se rejuvenecen en el mundo online, todavía no le han contestado el mail a mi amigo. Hasta ahora, sin tener permiso para casarse y con menos pretensión que Frei y Piñera, Enríquez-Ominami se hace cargo de esta "nueva" forma de hacer política. A seis meses de la elección presidencial, la invitación de los novios para esta elección pronostica un matrimonio más tradicional que transgresor y cuya asistencia -al parecer- será más por la cercanía histórica con los novios que por su historia de amor con la ciudadanía.
11 de Mayo, 2009 La telepolítica 2.0 Arturo Arriagada El Mostrador
Las apariciones mediáticas de los candidatos presidenciales en la última semana demostraron que el mensaje -cuando cumple con los criterios de noticia que buscan los medios- es más importante que la persona que lo difunde. A diferencia de sus competidores, la campaña de Enríquez-Ominami parece comprender de mejor forma los códigos de la política mediatizada.
La política mediatizada es un proceso que involucra a políticos, medios de comunicación y electores. Para convertir sus propuestas de campaña en noticia, los candidatos intentan captar la atención de los medios y así difundir sus mensajes masivamente al electorado. Los medios -por su parte- actúan como filtros de información en función de sus propios intereses políticos, ideológicos y económicos. Así surgen diferencias en la cobertura que los medios le dan a las campañas. Los electores siguen el debate político a través de los medios y acceden a información para decidir sus preferencias. Parte del éxito de una campaña política depende de qué forma los candidatos logran superar el filtro de los medios de comunicación y así comunicar sus ideas al electorado. Los hechos por los que hicieron noticia Enríquez-Ominami, Piñera y Frei durante la semana pasada reflejaron las destrezas y dificultades de los candidatos frente a los medios.
Dos noticias marcaron la campaña de Enríquez-Ominami. Una encuesta nacional le dio un 14% de intención de voto y apareció en la portada de LUN chascón y con la lengua afuera bajo el título "The Ominami Show". En su afán por mostrarse como un outsider, Enríquez-Ominami le saca la lengua al sistema político actual y reemplaza su falta de recursos con presencia mediática. Al dar a conocer la grabación de un documental de su campaña política, Enríquez-Ominami logró superar el filtro de los medios y combinar su discurso político de cambio con la imagen de político moderno. Aunque al mismo tiempo, la portada en LUN refleja las debilidades de una candidatura que -a falta de apoyo político- depende exclusivamente de la cobertura mediática. Si los medios no lo cubren, la candidatura de Marquito no existe para la opinión pública. El protagonista del "Ominami Show" tiene que combinar exitosamente su alto rating mediático con propuestas que no lo excluyan de la agenda pública. Su desafío está en lograr que los medios lo cubran tanto cuando hable de propuestas de gobierno como cuando cuente los detalles de su propio reality.
Más por errores ajenos que propios, la semana de Piñera y Frei quedará como una advertencia para sus estrategias comunicacionales. Para comunicar que su candidatura incluye a distintos colores políticos, el candidato de la Alianza lanzó con bombos y platillos la "Coalición por el Cambio". La bomba mediática para ese día era el apoyo a Piñera del senador PPD, ex-ministro de Allende y gurú tecnológico, Fernando Flores. Cuando tuvo que salir a justificar su apoyo a Piñera, Flores terminó garabateando a un periodista en CNN.
Ya que son los medios los que controlan el mensaje y no quienes lo intentan comunicar a través de ellos, la noticia en la prensa fue la reacción de Flores y no la nueva coalición de Piñera. Después de esto es probable que la campaña de Piñera siga más asociada a la Alianza que a una nueva coalición. Por lo mismo, el candidato tendrá que pautear a sus futuras contrataciones para que no vuelvan a desviar la atención de sus intereses de campaña. Pero no todo fue pérdida para el candidato, ya que el asunto sacó por un rato de la agenda las críticas en contra de su fideicomiso ciego voluntario.
El candidato de la Concertación -Eduardo Frei- debe estar pensando en el divorcio o en hacer campaña en solitario. Las desafortunadas declaraciones de Marta Larraechea difundidas en YouTube a raíz del indulto que su marido le otorgó a un narcotraficante en 1994, terminaron por hacerle honor al dicho de la señora del César. Este hecho dejó en una incómoda posición a Frei frente a la opinión pública y sus contrincantes. Si bien salió tarde a defender la decisión que tomó en ese momento -a medida que se acerque la elección- la campaña se pondrá más confrontacional. Por lo mismo, Frei deberá estar preparado para dar explicaciones por las acciones y omisiones de su gobierno. Al mismo tiempo, su comando tendrá que estar más atento a la lógica rápida y golpeadora del periodismo 2.0 que terminó por darle un golpe bajo a la candidatura del ex presidente.
En los últimos días, los intentos de los candidatos por comunicar sus ideas y encantar al electorado a través de los medios tuvieron resultados opuestos. Hasta ahora, el "Ominami Show" está demostrando comprender las reglas de la política mediatizada de mejor forma que sus rivales. La imagen y discurso del candidato outsider ha captado la atención de los medios y éstos no han aplicado un gran filtro a sus propuestas. Lo que Marquito dice, los medios lo publican porque el candidato entiende cómo se hace una noticia. Mientras intenten descansar solamente en el peso específico de sus candidaturas para captar la atención de los medios, Piñera y Frei -con la pequeña ayuda de los amigos- terminarán siendo noticia más por los dichos ajenos que por sus propias propuestas.
04 de Mayo de 2009 ¿El cambio está aquí? Arturo Arriagada El Mostrador
Mientras más se esfuerzan por representar el cambio, más se encierran los candidatos presidenciales en sus propios miedos y debilidades. Para que la ciudadanía no tenga que optar por el mal menor, tendrá verdaderas posibilidades de reencantar a los votantes el candidato que se atreva a hablar del futuro, pero que al mismo tiempo esté dispuesto a pagar los costos no asumidos por sus acciones en el pasado.
Piñera y Frei están obsesionados con la idea del cambio, aunque ninguno de los dos en realidad lo representa. Ambos ven en esa palabra la única alternativa para llegar a La Moneda y terminar con la ansiedad que genera la opción de tener o perder el poder. Piñera siente que su momento de hacer realidad la teoría del "desalojo" y ser parte de los libros de historia ha llegado, en tanto Frei intenta consumar el liderazgo de la Concertación en un contexto donde la coalición de centro-izquierda le hace poco honor a su nombre. Pero la estrategia del "cambio" abrazada con fervor por ambos candidatos no parece ser la mejor opción para reencantar a la ciudadanía.
Piñera y Frei no han logrado controlar la agenda política con propuestas de cambio y futuro. Mientras el primero se trata de desligar -aunque de manera poco efectiva- del conflicto "política y negocios", el segundo concentra su atención en potenciar el rol del Estado cuando la Alianza prepara una ofensiva por su rol en la compra de los aviones F-16 mientras era gobernante. Si la de Frei parece ser una estrategia más alineada con los intereses de la ciudadanía, Piñera sigue más preocupado del futuro de sus inversiones. Cuando ambos candidatos se atoran tratando de inventar la forma de gobernar sin "cuoteo", nuevamente tropiezan con la cultura política que tanto la Alianza como la Concertación han creado y ejercido tanto a nivel comunal como desde el Estado.
La alternativa que tienen Frei y Piñera de innovar es construyendo un relato que se haga cargo de las tareas pendientes de los gobiernos de la Concertación y de las fallas de la Alianza como oposición durante 18 años. Eso no tiene que ver con cambio, sino con valentía y con la disposición a pagar costos que pueden ser dolorosos. Lavín lo hizo en 1999 cuando -apelando también al cambio- tuvo gestos y propuestas alineadas con el concepto. Pidió perdón en nombre de la dictadura -para la que trabajó en su momento- y con ello intentó desligarse de Pinochet con algún éxito. Pero sus esfuerzos no alcanzaron para cambiar a los generales de su partido -la UDI- los mismos que habían estado con Pinochet y se perfilaban como futuros ministros.
Por lo mismo, la aparición de Enríquez-Ominami no hay que mirarla con liviandad. El actual diputado socialista se está haciendo cargo de debatir respecto al descontento ciudadano con una forma de hacer política que está dando indicios de ineficiencia. Al mismo tiempo, propone temas en la agenda que -independiente de la forma en que los pueda concretizar- obligan a repensar la manera en que la sociedad chilena ha evolucionado en la última década. Su estrategia de hablar de los derechos de los consumidores y la transparencia en las donaciones de campaña son algunos ejemplos. En tanto Frei y Piñera no cuenten, por ejemplo, quién financia sus campañas o cómo van a potenciar la defensa de los derechos del consumidor después del caso de las farmacias, seguirán sin hacerse cargo de los errores del pasado para proponer nuevas alternativas que generen confianza en la ciudadanía.
En 2002, Eugenio Tironi afirmaba que el cambio se instalaba en Chile después de la elección Lagos-Lavín. Siete años después seguimos viendo que ni él ni los actuales candidatos han cambiado mucho en su forma de hacer política. Tironi no contó en una reciente columna en El Mercurio -donde alababa la candidatura de Frei- que se desempeñaba como asesor de esa campaña. Piñera, por otra parte, difunde con entusiasmo su propio fideicomiso ciego cuando sigue como dueño de Chilevisión, LAN y Colo-Colo. Al parecer, el cambio no ha llegado a Chile y -hasta ahora- no tiene para cuando llegar.
27 de Abril, 2009 El Mostrador Tironi, el mentalista Arturo Arriagada Escuela de Periodismo Universidad Diego Portales
"A la derecha le falta un Tironi". Ese es el diagnóstico al que llega la Alianza cada vez que pierde una elección presidencial. El eterno asesor comunicacional de la Concertación se ha encargado de leer con éxito la mente de los chilenos para levantar o salvar campañas presidenciales. Ahora el desafío de Tironi está en interpretar a un país cansado después de un matrimonio de 20 años con la coalición de gobierno, mientras la derecha sigue buscando cómo hacer esa pega.
En política, los asesores comunicacionales son como los mentalistas. Su tarea es leer e interpretar las ideas y los sentimientos de los ciudadanos para llevarlos a una campaña política. Eugenio Tironi ha hecho lo mismo con la Concertación y su forma de enfrentar las campañas presidenciales. Desde la vuelta a la democracia, Tironi ha sido una pieza clave para que la coalición de centro-izquierda -que cumplió la mayoría de edad en el poder- interprete los sueños y aspiraciones de los chilenos.
Como uno de los cerebros de la campaña por el No, Tironi desembarcó en La Moneda como director de comunicaciones en el gobierno de Patricio Aylwin. En una época donde todo lo que decía el gobierno tenía que ser entendido en un contexto de negociación permanente con Pinochet y sus boys, el asesor comunicacional se encargó que los chilenos no perdieran la confianza en la alegría prometida. Para ello apeló cuando pudo a la idea del "fin de la transición", mientras la memoria colectiva seguía con recuerdos de Pinochet y las instituciones comenzaban recién a funcionar de manera independiente.
Con la tarea cumplida - ya que la de Frei en 1993 era una carrera corrida- Tironi se refugió en el sector privado para leer la mente de los consumidores y asesorar a empresas desde su propia consultora. Tras su salida de la política contingente, Tironi fue el blanco favorito de aquellos concertacionistas "autoflagelantes". Por ser uno de los defensores del "transar para avanzar" con Pinochet para luego convertirse en asesor de empresas, los dolidos con la Concertación le enrostraban a Tironi la pérdida de identidad de una coalición que ya no operaba sólo con el fantasma de la dictadura a cuestas, sino con sus propias e iniciales desavenencias.
Fuera de las tormentosas aguas de La Moneda, Tironi reapareció nuevamente en tiempos de campaña. Fue en 1999 para salvar a Ricardo Lagos de su propio funeral en la segunda vuelta de su campaña presidencial. Mientras los lavinistas creyeron haber encontrado en el "cambio" el mejor slogan para ganar una elección, Tironi hizo lo suyo para empapar a la Concertación y al país del espíritu de la campaña del No. Si Lagos se veía a sí mismo como un dios del Olimpo que aterrizaba en La Moneda, Tironi le arremangó la camisa, lo hizo sonreír ante las cámaras y le propuso que hablara de un "Chile mucho mejor". Como en una pelea de niños por quedarse con el mismo juguete, Tironi lograba una vez más dejar llorando a la derecha.
Pero no todo ha sido éxito para el mentalista de la Concertación. En la que sería su gran derrota comunicacional, Tironi vio el derrumbe de la campaña presidencial de Soledad Alvear ante el cariño popular hacia Michelle Bachelet. Y como esta última desconfiaba de las elites concertacionistas, la entonces candidata del "estoy contigo" optó por marginar a Tironi de su equipo de campaña. En esa época, Tironi anunciaba el fin de la cultura de la Concertación.
En la misma campaña, con Bachelet al frente representando el verdadero cambio y en la búsqueda por tener a su propio Tironi, el candidato de la UDI Joaquín Lavín nombró como jefa de campaña a Cristina Bitar. Hasta ahora, esa fue la única vez en que la derecha se atrevió a darle cabida a una persona que -si bien no tenía experiencia en la trinchera de las campañas políticas- fue convocada para interpretar las aspiraciones y deseos de los ciudadanos. Pero la irrupción de Piñera y los conflictos de poder dentro del propio comando lavinista, terminaron por marginar a Bitar de un comando que nunca le dio la posibilidad de ejercer el rol de mentalista de la derecha.
En la actual campaña de Frei, Tironi ha vuelto a aparecer en un escenario adverso para la Concertación y con Piñera liderando en las encuestas. Su desafío es doble. Por un lado, probar que la experiencia adquirida en interpretar los deseos de la ciudadanía está intacta. Por otro, reencantar a los chilenos con la Concertación y su candidato que lo que menos representa es el cambio al que el país aspira. La llegada de Tironi al comando de Frei no fue fácil. En ese momento su empresa de comunicaciones asesoraba a Salcobrand, una de las cadenas farmacéuticas acusadas por colusión de precios. Aunque dio explicaciones -y guardando las proporciones con la situación de Piñera- el asesor de Frei está en una posición donde tiene que elegir entre la política y los negocios. No puede abrir un flanco fácil para que la derecha le dispare. En un contexto de desconfianza ciudadana ante las relaciones entre políticos, empresas y Estado -que él ha representado como pocos- Tironi está en el momento justo para dedicarse de lleno a la campaña de Frei y recuperar su poder dentro de la Concertación.
La marca Tironi ya se notó en la inclusión de Sebastián Bowen -un ex Techo para Chile- al comando del ex presidente. Esta maniobra nuevamente le enrostró a la derecha las diferencias de hacer campaña con y sin Tironi cerca. En la misma semana que Piñera daba bote con cada una de sus apariciones mediáticas, Frei presentaba mediáticamente un comando que reflejaba la mezcla entre experiencia y cambio requeridas para un futuro gobierno concertacionista. Si bien esos jóvenes estarán rodeados de los mismos de siempre de la Concertación, será Tironi quien tendrá que darles la cabida necesaria ante los medios y el propio comando.
En la vereda del frente, Piñera y la Alianza todavía no se animan a darle la pasada a las nuevas generaciones en el equipo de campaña cuando los Sub-35 lo piden a gritos. Aunque para eso no necesita un Tironi, ya que es más propio de sus conflictos de identidad, la Alianza sí lo requiere para salir del clóset y dar a conocer el país que sueñan dejarle a sus nietos. ¿Más mercado y menos Estado? ¿Management o política? ¿Chorreo o salario justo? ¿Gobernar con los mejores o con los semilleros partidistas? ¿Construir sin destruir?
Ahora las campañas están entrando en la fase donde se develan las ideas y los relatos de los candidatos. De la mano de Tironi, con la inclusión de Bowen al comando de Frei, la Concertación aspira a renovarlo y convocar a la fundación de una "Patria Nueva". Aunque la confianza que otorgan las victorias pasadas son un capital al que no podrá volver a echar mano fácilmente, Tironi tiene que lograr interpretar las ansias de un Estado fuerte y eficiente de los chilenos. Mientras, y en la que puede ser la última oportunidad de los actuales líderes de la Alianza para llegar a La Moneda, Piñera tiene que preocuparse de construir un relato atractivo y que refleje sus reales intereses de cambiar Chile, de qué forma y con quiénes aspira a lograrlo. En caso contrario, Tironi otra vez los dejará llorando.
21 de Abril de 2009 El Mostrador/Análisis comunicacional Una verdad incómoda Arturo Arriagada
Para representar las diferencias entre aquellos que se atienden en el sistema de salud público y las clínicas de cota mil, Piñera cometió un error al utilizar como ejemplo a Ema Velasco. Si en el Chile actual todavía no somos todos iguales, el desafío para Piñera es explicar de qué forma va a revertir esa realidad en caso de llegar a La Moneda.
"La hija del ministro Velasco, Emita, si no hubiera sido hija del ministro Velasco, se habría muerto". Con esas palabras, Piñera abrió ese doloroso baúl de las diferencias sociales que tan bien retrata la película Machuca. Hasta el día de hoy, Pedro Machuca seguiría sin tener las mismas oportunidades que su amigo Gonzalo Infante. Al intentar poner en la agenda un tema sensible como la salud de los chilenos, Piñera acierta en su pega como candidato. Pero ya que está mucho mas cerca de los Infante que de los Machuca, el candidato de la Alianza se equivoca en su lectura para empatizar con las ansias de igualdad de oportunidades de los chilenos.
Cuando Ema Velasco fue dada de alta, su padre dio una emotiva conferencia de prensa. En ella señaló que volvería a trabajar al gobierno para que más niños tuvieran las mismas posibilidades que su hija. Sabiendo que Ema tenía acceso a una mejor salud que miles de "Emitas" en el país, Velasco optó por explicar con su situación lo que lo movía para trabajar en el gobierno. Y los chilenos entendieron su mensaje, tanto así que se disparó en las encuestas. Algo que Piñera todavía no logra hacer por más que insista en darse a conocer como un "servidor público".
Con una presidenta querida por los chilenos y un ministro de Hacienda que la sigue en popularidad, la campaña negativa -a ocho meses de la elección- no le suma puntos a Piñera. Si se quiere mostrar como alguien que entiende a los chilenos, el candidato de la Alianza tiene que buscar otros ejemplos y analogías para explicar las fallas del sistema de salud pública. Las personas saben que tanto él como Velasco tienen inigualables condiciones de acceso a una clínica de cota mil. Si Piñera quiere ser una real alternativa de gobierno, su desafío está en explicar por qué Pedro Machuca no se puede atender en una clínica privada y cómo él puede ayudar a revertir esta situación. Si Piñera hablara como usuario de Fonasa enviaría una señal aún más potente al electorado.
Las últimas apariciones públicas de Piñera también reflejan la debilidad de sus asesores. Sus desafortunadas declaraciones -como las encuestas para la cultura y el fin de la delincuencia en medio de un velatorio en La Pintana- son ejemplos de un estilo que espanta en vez de generar empatía. En su afán por dar respuestas enérgicas -a lo patrón de fundo- Piñera olvida que los votos que marcarán la diferencia están en aquellos desencantados con la Concertación. Por lo mismo, se equivoca al tratarlos como nuevos aliancistas. El actual líder en las encuestas tiene que aprender de la empatía que la coalición de gobierno ha construido con los chilenos. La misma que todavía los acerca más a los Machuca que a los Infante. Y sabemos quiénes son mayoría en Chile.
Salir del closet Arturo Arriagada Escuela de Periodismo Universidad Diego Portales
En Chile ver a artistas apoyando a políticos en periodos electorales es un símbolo más propio de la Concertación que de la Alianza. Lo que en EE.UU. se conoce como "endorsement" -el respaldo de personalidades del espectáculo a candidatos en tiempos de campaña- es una herramienta que la derecha chilena debiera explorar. Aunque la democracia promueve este tipo de instancias, en Chile todavía cuesta imaginar que los artistas salgan del closet para apoyar a Piñera.
Cuando Joaquín Lavín apareció en 1999 acompañado por la cantante Myriam Hernández en sus actos de campaña, muchos pusieron cara de asco. Era la primera vez que una artista de gran popularidad se abanderaba con un político de derecha en el Chile post Pinochet. Y si bien la letra de su canción más popular -El hombre que yo amo- funcionaba como una especie de jingle del entonces candidato presidencial, ninguno de los dos se vio beneficiado por la colaboración. La prensa criticó el ingreso de Hernández a la política y Lavín no logró llegar a La Moneda. Lo mismo ocurrió en 2005 cuando Lavín reclutó al actor Vasco Moulian. El director de teatro infantil más exitoso del país provenía de una familia tradicionalmente asociada a la izquierda, lo que fue despreciado por los medios y el mundo de la cultura.
En la carrera por la presidencia de EE.UU., la popular animadora de televisión estadounidense Oprah Winfrey -una especie de Don Francisco gringa- irrumpió en la campaña de ese país llamando a votar por el candidato demócrata Barack Obama. Una reciente investigación de la universidad de Maryland demostró que el apoyo de Winfrey le permitió a Obama captar alrededor de un millón de votos. Es lo que los gringos llaman "endorsement", es decir, el respaldo de figuras públicas reconocidas por la opinión pública a candidatos políticos sedientos por captar nuevos adherentes.
En Chile tanto en dictadura como en democracia, los medios de comunicación - especialmente TVN - han sido una importante plataforma para convertir a los artistas en actores influyentes. Si bien es común asociar a los artistas con ideas más liberales que conservadoras, los casos de "respaldos" de figuras provenientes del mundo cultural y artístico se han convertido en un capital más propio de los candidatos de la Concertación que de la Alianza.
Aunque en la franja del Sí aparecieron cantantes como Rodolfo Navech, Patricia Maldonado, Los Huasos Quincheros, Paz Undurraga o Antonio Zabaleta, sus voces no sumaron votos para que Pinochet siguiera en el poder y tampoco trascendieron artísticamente después de lo ´90. En tanto los actores y músicos que aparecieron en la franja del No y en las posteriores campañas de la Concertación, son los mismos que han aumentado el consumo cultural de los chilenos -en parte- gracias a la difusión que han tenido en los medios. Algunos ejemplos exitosos de "endorsement" concertacionista son los del grupo de teatro Ictus llamando a votar No, el actor Pancho Reyes apoyando al entonces candidato Ricardo Lagos, hasta Álvaro Henríquez haciendo lo suyo con Bachelet.
Independiente de la realidad electoral de cada país, un "respaldo" exitoso depende de la masividad y aceptación por parte del electorado del personaje que lo realiza. El "endorsement" en Chile refleja que los artistas que apoyan a la Concertación al parecer tendrían una trayectoria artística más reconocida por la ciudadanía, permitiéndoles transmitir mejor su mensaje al electorado. En ese acto de respaldar también hay una apuesta del artista para aumentar su propio rating. Tiene onda ver a un rockero apoyando al candidato de turno, no así al rockero apoyando a un candidato que está en contra de la "píldora". Si bien la Concertación puso de moda el apoyo del mundo de la cultura y las artes -como ellos mismos lo bautizaron-, también se anotó una gran victoria. Los casos de Myriam Hernández y Vasco Moulian reflejan la tensión que genera en la opinión pública que un artista se vincule con posiciones políticas de derecha.
En este contexto, el desafío para la derecha chilena es lograr el "endorsement" de alguien como Oprah. Así podrá aspirar a ampliar el perfil de adherentes en una futura elección presidencial cada vez más incierta. Por ello, Sebastián Piñera debiera estar más interesado en obtener el respaldo de Felipe Camiroaga o Don Francisco - los animadores más populares del país- que el del presidente de Colombia. Pero todavía es mayor el costo para Camiroaga sacarse la foto con Piñera.
Porque en Chile -a diferencia de EE.UU.- la cultura del "endorsement" es un símbolo propio de la Concertación, cuyo antecedente histórico está en la campaña del Sí y el No. Lo que ha sido mérito de la coalición de gobierno debiera ser un incentivo para la Alianza. Esto con el fin de sacar del closet a aquellas figuras del espectáculo cuyo apoyo puede valer más que un millón de amigos en Facebook.
25 de Julio, 2008 Piñera y la memoria olvidada Arturo Arriagada I. Escuela de Periodismo Universidad Diego Portales
El pasado muchas veces se hace presente en la forma que tiene Sebastián Piñera para acercarse a la gente. Cuando insiste en tratar a los electores como potenciales clientes de su nuevo producto -el "servicio público"-, Piñera olvida las encuestas que con tanto entusiasmo sigue. Las mismas que reflejan el rechazo de la ciudadanía hacia los "servidores públicos". Si Piñera cree que de esa forma la opinión pública lo va a identificar como un político que fue empresario, los hechos son más que las palabras si de vender sus empresas se trata. En caso contrario, y antes de la elección presidencial, Piñera terminará por engrosar la lista de los candidatos de derecha que intentaron derrotar a la Concertación para llegar a La Moneda.
La "locomotora" olvida que para ganar elecciones es clave la construcción de un relato en vez de quemarse con declaraciones ante cada contingencia. Ahora bien, con la respuesta que dio ante las denuncias contra el alcalde Sabat, Piñera actuó conforme a lo que predica. Y ese discurso anticorrupción se alinea con la modernización del Estado y su proyecto de gobierno. Pero cuando tiene la oportunidad de plantear temas de futuro, Piñera saca a relucir su pasado. Al criticar al gobierno de intervención electoral durante su incursión presidencial en 2005, Piñera se equivoca al recordar como fueron las cosas durante el plebiscito hace ya 20 años. Si de memoria se trata, los medios han tenido la oportunidad de recordarnos cómo era Piñera en ese tiempo, pero con poco éxito.
En Chile no es común que los medios cubran el pasado de un candidato. Cuesta encontrar un artículo que haga referencia, por ejemplo, a los escándalos que afectaron a Piñera en los ´90. Para los electores en EE.UU. es fundamental saber las decisiones que tomó un candidato en el pasado y así tener una idea sobre la forma en que actuará a futuro. Ese trabajo lo realizan los medios alternativos (blogs) y masivos (prensa escrita y la televisión).
La reciente cobertura que logró Piñera por su encuentro con el presidente de Colombia demuestra el entusiasmo de los medios por quien lidera las encuestas presidenciales en Chile. De acuerdo al sitio www.tendenciaspoliticas.cl en la semana del 12 al 19 de Julio (fecha del viaje), Piñera logró 101 menciones en los medios y Ricardo Lagos -su escolta en las encuestas- alcanzó sólo 23. Tanto en las encuestas de opinión como en los medios, Piñera lidera las preferencias.
Pero llegó la sanción de la Superintendencia de Valores (SVS) contra D&S y Falabella y Piñera habló del tema, olvidando que estuvo involucrado en un hecho similar meses atrás. Si los medios desplegaron grandes espacios para Piñera en Colombia, con el fallo de la SVS fueron condescendientes con el candidato presidencial quien el día después del fallo -el 19 de Julio- alcanzó sólo 10 menciones. Nadie intentó hacer memoria para acordarse de la última sanción que impuso el mismo organismo a Piñera por su "incontinencia bursátil".
Si bien la cobertura de los medios tiene consecuencias en los electores y su valoración hacia los candidatos, también responden a sus propias líneas editoriales. En ese contexto, los medios son parte de un mercado competitivo donde es fundamental cautivar el interés de las audiencias. Una encuesta realizada en mayo de este año por la Comisión Defensora Ciudadana señaló que un 41% considera que los medios de comunicación no respetan los derechos de los ciudadanos. Por lo tanto, el desafío para los medios en periodos electorales es satisfacer tanto las necesidades de sus audiencias como sus intereses editoriales.
Si los medios muchas veces no tienen memoria, sitios Web como tendenciaspoliticas.cl, partidospoliticos.cl y museodeprensa.cl son espacios para que los ciudadanos puedan recobrarla, pero también para exigirle a los medios masivos como la televisión, radio y la prensa escrita que recordar es un ejercicio que beneficia a la democracia y al mercado.
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