Bachelet

6/1/2010 - Victimización como política comunicacional

5 de Enero, 2010
Victimización como política comunicacional

Arturo Arriagada
El Mostrador

Los altos niveles de aprobación a la gestión de Michelle Bachelet han sido atribuidos al manejo económico de su gobierno, pero también se deben a su capacidad para construir una política comunicacional basada en la victimización de su figura. Bachelet fue la primera mujer en llegar a La Moneda -y probablemente así quedará en los libros de historia- pero también una víctima de la Concertación y de una forma de hacer política que no era santo de su devoción y que terminó usando a su favor.

Para destacar sus fortalezas y minimizar debilidades, los gobiernos definen una política comunicacional. Esta es una especie de GPS que los sitúa en el tiempo y espacio político para hacer públicos sus objetivos - es decir, lo que quieren hacer- y los mecanismos para lograrlo -a través del diseño e implementación de políticas públicas-. Ya que los medios de comunicación se han convertido en el espacio a través del cual la opinión pública evalúa el desempeño de los gobernantes, la política comunicacional de un gobierno apunta a superar el filtro de los medios para dar a conocer sus logros a la ciudadanía. Por esto una alta aprobación presidencial -en parte- se debe a una eficiente política comunicacional.

En su primer año de gobierno, Michelle Bachelet tuvo serios problemas para echar a andar su política comunicacional. La promesa de un gobierno ciudadano, sin que nadie se repitiera el plato y en torno a cuatro proyectos -reforma previsional, reforma educacional, fomento a la innovación y mejoramiento de la calidad de vida- se vio frenada por conflictos políticos que cuestionaron su liderazgo. Las protestas estudiantiles y el desastre de Chiguayante -donde familiares de víctimas de aluviones increparon a Bachelet frente a las cámaras de televisión- fueron crisis que reflejaron las primeras señales de incongruencia en su gobierno. Su programa de gobierno y la desordenada política comunicacional para difundirlo eran más bien una serie de intenciones que no se materializaban en logros concretos. Si para llegar a La Moneda prometió gobernar con los ciudadanos, Bachelet optaba por culpar a sus ministros, demorándose en la toma de decisiones y -muchas veces- escondiéndose de los conflictos.

Pero la política comunicacional de Bachelet tiene un antes y un después de su célebre expresión del femicidio político. Con esa analogía intentaba posicionarse como víctima de una forma de hacer política en la que no lograba encajar. En ese momento -septiembre de 2007-sólo alcanzaba un 35% de aprobación. Ya habían pasado las protestas estudiantiles, el cartillazo a sus ministros y la crisis del Transantiago con la frase del instinto incluida. Su liderazgo era poco comprendido por los chilenos y las cúpulas de los partidos de la Concertación se enredaban en sus propios conflictos de identidad. Bachelet iba en su segundo cambio de gabinete y claramente su corazón socialista no bombeaba lo suficiente como para hacer realidad las promesas de un gobierno ciudadano, desde abajo hacia arriba, más incluyente.

Después de su denuncia pública en contra de la violencia política de la cual era víctima, Bachelet encontraba una brújula para refundar su hasta entonces dispersa política comunicacional. La idea de ser víctima de una forma de hacer política que ella no pudo cambiar le daba un relato a la segunda mitad de su gobierno. Bachelet comenzó a proteger su figura -y de paso minimizar sus errores- culpando silenciosamente al sistema político y a los partidos de la Concertación. Y así lo entendieron los chilenos, quienes comenzaron a ver que las intenciones de Bachelet -y sus logros- respondían a un estilo de gobierno muy distinto al de sus antecesores.

La crisis económica y la decisión del ministro Velasco de ahorrar para los tiempos de vacas flacas solo vino a reforzar la política comunicacional de Bachelet. Independiente de los bajos niveles de crecimiento económico del país, Bachelet tenía una gran billetera para aumentar los niveles de gasto social. Así se encargó de comunicarlo, retomando su promesa de gobierno de construir una red de protección social iniciada con la educación preescolar y la reforma previsional. En ese contexto, Bachelet se anotó un triunfo al lograr que los candidatos presidenciales hablaran sin atorarse de "más Estado" y "protección social".

Pero la política comunicacional de Bachelet también ha estado llena de contradicciones. Si bien fue consecuente al no rendirle funerales de Estado a Pinochet, muchas veces confundió la simpatía con la farándula. Bachelet terminó recibiendo en La Moneda a más artistas internacionales que a representantes mapuches o deudores habitacionales. En su posición de víctima y espectadora -pese a los altos niveles de aprobación a su mandato- Bachelet siguió en su aislamiento de los conflictos políticos, evitando dar conferencias de prensa y responder las preguntas de periodistas.

Las políticas comunicacionales de los gobiernos van adaptándose a los contextos políticos y económicos del país. Al mismo tiempo permiten comunicar los objetivos y logros de un gobierno. La crisis económica, las primarias truchas de la Concertación y la baja votación de Eduardo Frei, terminaron por reforzar la política comunicacional de Bachelet basada en la victimización de su figura. Más allá de sus errores y omisiones como gobernante, los chilenos terminaron queriendo a Bachelet gracias a una política comunicacional que la presentó como víctima de un contexto político que le hizo la vida imposible. El "femicidio político" contribuyó a definir un estilo de gobierno que interpretó los miedos y preocupaciones de un país ansioso por más inclusión. Así Bachelet estableció un vínculo poderoso con los chilenos cuyo mejor ejemplo son los niveles de aprobación a su figura y la probable derrota de la Concertación el próximo 17 de Enero.

4/8/2009 - Los debates presidenciales son como un matrimonio sin sexo

Revista Poder
Julio, 2009
Debates presidenciales: matrimonio sin sexo

Se acercan los debates presidenciales. Pero no se entusiasme. Como en el pasado, las versiones 2009 probablemente sucumban ante las condiciones de candidatos y comandos para evitar que se consuma el real intercambio de ideas.

Por Arturo Arriagada

En Chile los debates presidenciales son como un matrimonio sin sexo, los candidatos se juntan pero no discuten. Siendo una oportunidad para el intercambio de ideas, los debates se han transformado en monólogos cuoteados por candidatos, comandos y los canales de televisión que los transmiten. Para encender la pasión -y en la medida que incluyan la participación de los ciudadanos a través de las nuevas tecnologías- los actuales candidatos a La Moneda tienen una oportunidad de organizar verdaderos debates que se hagan cargo de las demandas ciudadanas por una mayor representación en la deliberación de los asuntos públicos.

En democracias representativas como la nuestra, los debates presidenciales son fundamentales para candidatos y ciudadanos. Como en una entrevista de trabajo, los candidatos pueden dar cuenta de su experiencia, habilidades y proyectos en caso de ser elegidos. En tanto, los ciudadanos encuentran una oportunidad para obtener información y así decidir su voto. Al ser los medios de comunicación el principal canal de interacción entre políticos y ciudadanos, los debates encuentran en la televisión un espacio natural donde desarrollarse.

En principio, esta instancia de deliberación prometía conectar las preferencias ciudadanas con los asuntos públicos, mientras los candidatos comunicaban sus mensajes a millones de potenciales electores. En Chile eso no ha ocurrido y los debates sucumben ante un formato rígido y poco transparente. Por una parte, los candidatos controlan el mensaje al establecer condiciones que atentan contra el objetivo esencial del debate. Por otra, los ciudadanos no pueden enviar preguntas ni presentar quejas ante alguna entidad que regule la realización de estos encuentros. Por ejemplo, en Estados Unidos hay una organización independiente (Commission on Presidential Debates) que se encarga de producir los debates y de realizar estudios para mejorar su efectividad.

Cuando internet y la política empezaron su romance hace ya unos 10 años se prometieron mutuamente fomentar la participación ciudadana. Los optimistas de esta relación veían en la Red la posibilidad para que ciudadanos y políticos impulsaran cambios sociales a través del intercambio de información. Los pesimistas consideraban que -además de disminuir aún más la calidad del debate público- el acceso a internet limitaría las posibilidades de participación política. Un poco antes del triunfo de Barack Obama -el ahora ícono de los optimistas- los gigantes mediáticos CNN y YouTube organizaron un debate entre los candidatos demócratas y republicanos que corrían por obtener la nominación de sus partidos. El mundo vio por televisión cómo uno a uno respondían las preguntas de 30 segundos que ciudadanos comunes y corrientes subieron en video al sitio web. Era la convergencia de medios -televisión más internet- forzando los límites de la democracia representativa.

Pese a ser promocionado como una revolución política, este experimento político-mediático-ciudadano no logró estar a la altura de las expectativas que generó. En vez de emitir las preguntas más votadas en YouTube -uno de los grandes atractivos del nuevo formato- CNN a última hora eligió bajo sus propios criterios editoriales qué preguntas calificaban para ser presentadas en el debate. La hiperdemocratización pareció ser sólo una efectiva estrategia de marketing. En el debate demócrata los ocho candidatos contestaron 38 preguntas de 3.000 videos subidos a YouTube, mientras que igual número de candidatos conservadores contestaron 31 de 4.927 videos.

Desde el punto de vista de la participación, los debates de CNN y YouTube crearon un incentivo para que los ciudadanos -especialmente los más jóvenes- se interesaran en la campaña electoral y discutieran sobre las candidaturas de una manera asociada a sus prácticas cotidianas como el uso de YouTube. Por ejemplo, de los 2,6 millones de personas que vieron el debate demócrata, 407.000 tenían entre 18 y 34 años.

Al mismo tiempo, los debates lograron promover una instancia para el accountabiity político, donde ciudadanos y candidatos establecen vínculos de reciprocidad respecto a sus acciones y omisiones a través de un simple video. Aunque la decisión de CNN de omitir el criterio de los videos más populares fue también una señal que el nivel de discusión online no siempre está a la altura de las circunstancias. Es cosa de revisar los comentarios de blogs para tener una noción.

Hasta ahora, todos los candidatos presidenciales chilenos han confirmado su participación en el primer debate de estas características en el país, organizado por el portal Terra y Radio Cooperativa. Es de esperar que no echen pie atrás a último momento y que los organizadores tomen en cuenta la experiencia de CNN y YouTube, especialmente la relacionada con los límites y expectativas de la participación online. A seis meses de la elección, los candidatos presidenciales no pueden rehuir de un debate donde el intercambio y deliberación de ideas interprete la necesidad de diálogo entre ciudadanos y no sólo entre miembros de la elite.

Datos de rating debates televisivos en Chile pinchar acá. (Fuente: Time Ibope)

 

2/7/2009 - La fotito de Obama

Varias columnas se han escrito después de la foto que se sacaron los periodistas chilenos con Obama. Creo que la de Carlos Peña -publicada el domingo pasado en El Mercurio- es la que explica de mejor forma las consecuencias que tiene este acto en la calidad de la democracia y en la confianza de la ciudadanía en la prensa. Lo importante no es la foto, sino lo que representa, esos conflictos de interés -entre periodistas y políticos, dueños de medios y empresarios- que hacen de nuestra sociedad un espacio donde muchas veces reina la desconfianza y la sospecha.

A.

El discreto encanto del poder
Carlos Peña
Domingo, 28 de junio de 2009
El Mercurio, Reportajes, D5
http://www.udp.cl/difusion/columnas/columnistas/pena/poder.htm

La foto con Obama es más que el resultado del carisma. Es una tímida metáfora de los vicios de una parte del periodismo chileno: deseos de asimilarse con aquello que miran, lazos personales allí donde no debe haber ni amor ni odio, televisoras de propiedad de un candidato, viajes de periodistas pagados por la Presidencia.

Uno de los desafíos del periodismo es que debe relacionarse con quienes ejercen el poder (de otra manera habría información que quedaría fuera de su alcance); pero, al mismo tiempo, hacer su escrutinio crítico (esta es una de las razones por las que se considera que un periodismo independiente es básico para la salud de la democracia).

En otras palabras, para ser el cuarto poder -como lo llamó Burke-, el periodismo debe tomar distancia de todos los otros poderes.

Así, quienes ejercen el oficio deben ser capaces de vincularse con políticos, empresarios, funcionarios, obispos y figuras públicas; pero no deben dejarse cooptar, ni seducir, en modo alguno por ellos.

Para lograrlo, el periodista no debe olvidar que políticos, funcionarios y personajes públicos son el objeto de su oficio y no el destino de sus sentimientos. Debe tratarlos sin amor y sin odio. Y a la hora de relacionarse con ellos ha de hacerlo desde la más estricta hipocresía. Es imposible que sea de otro modo. ¿Cómo podrían hacer el escrutinio del poder si en vez de tomar distancia se dejaran seducir por su discreto encanto?

Suena grave o serio de más; pero no lo es.

Después de todo, los ciudadanos que han confiado en los periodistas la tarea de ver lo que ellos no pueden mirar, confían en que, puestos ante el desafío, no se dejen confundir. Por eso, los periodistas (como enseñaba Janett Malcom) en vez de dejarse seducir, deben ser capaces, cuando ello sea necesario, de engatusar a los personajes públicos o poderosos para luego traicionarlos (aún a riesgo de que no los hablen o miren nunca más).

Por eso, la foto con Obama causó esa ubicua e inefable incomodidad.

Y es que esa foto mostró cuán fácil es dejarse anestesiar, cuántas tentaciones aparecen en el camino, qué fácil es asimilarse siquiera en el breve lapso de lo que dura una foto.

Por eso, el problema no es la foto, sino lo que ella involuntariamente evoca: la abundancia de conflictos de interés y tentaciones con que en Chile tropieza el oficio de periodista.

Misiones periodísticas pagadas por quien ha de ser objeto de escrutinio (como ocurre con las giras presidenciales); políticos que hacen de panelistas y ejercen de amigos de aquellos que comentan su quehacer (algo que parece estar de moda en las radios); políticos que forman parte de directorios o consejos en la prensa escrita (ocurre en casi todos los diarios); candidatos presidenciales que son dueños de medios (como ocurre con Chilevisión); periodistas por aquí y por allá que aceptan invitaciones empresariales (y luego pasan propaganda por noticias); periodistas que con facilidad se entusiasman allí donde deben mantenerse circunspectos (es cosa de oír esas entrevistas casi familiares que se hacen a los políticos por las mañanas); medios que postergan, luego de dos o tres conversaciones, la emisión de programas (como el que anunció Contacto sobre los parlamentarios); periodistas que hacen de ghostwritter de políticos (ha habido varios, y sin duda por estos meses habrá más); preferencias editoriales que no se revelan pero que influyen (un pecado de todos); obispos que llaman a los canales (y éstos los escuchan).

Y así.

Todas las profesiones padecen, por supuesto, esos conflictos y otros todavía peores; pero los de la prensa son los que poseen repercusiones sociales más dañinas.

Y es que cuando un abogado experimenta conflictos de interés son sus clientes los directamente dañados, y cuando un terapeuta confunde los sentimientos espontáneos con la transferencia es él, o el paciente, quien se perjudica. Pero cuando los periodistas hacen de fans, de subordinados de quienes deben vigilar, de amigos o de perdonavidas, lo que se triza es la ilusión de los ciudadanos de que al mirar la televisión, abrir el diario o escuchar la radio se asomaban siquiera un poco, como dice un eslogan por allí, a la verdad de los hechos.

Y cuando esa trizadura se produce, y cuando la confianza en los periodistas se estropea, es la democracia -que no consta de tres poderes, sino de cuatro- la que resulta, no lo olvidemos, dañada.

10/6/2009 - Tarjetita de invitación

Tarjetita de invitación
Arturo Arriagada
www.antimedios.cl

Si las elecciones presidenciales son como un matrimonio entre la ciudadanía y los candidatos, las campañas políticas -y sus correspondientes "ideas fuerza"- son la invitación a dicha celebración. Si bien quedan algunos meses para que comience la campaña presidencial de manera oficial, los actuales slogan disponibles en las páginas Web de los candidatos no dan para pensar en grandes celebraciones.

Las ideas fuerza de una campaña política nos permiten entender las lecturas que hacen del país quienes aspiran a gobernarlo. A su vez, sirven para identificar a los candidatos y asociarlos con sus propuestas. Por historia personal y carisma, Obama se podía dar el lujo de hacer un copy- paste de las frases de Luther King para explicar su proyecto de gobierno. Pero su célebre "yes we can" resumía de manera precisa la lectura que él hacía de los decepcionados ciudadanos norteamericanos. Al contarnos el país en el que soñaba vivir, Bachelet utilizó la misma estrategia en su campaña en 2005. Su "Estoy Contigo" representaba las ganas de los chilenos por más participación e inclusión social. Aunque todavía no se han definido los slogan de los candidatos, lo que se encuentra en sus actuales páginas Web dan algunas señales para pensar lo que veremos en la campaña presidencial de este año.

Reacio a mostrarse como un ex presidente, Eduardo Frei opta en su plataforma online por apelar al sentimiento nacional. "Chile gana con Frei" es su idea fuerza disponible en www.efrei.cl. Arrancando de sus socios de la Concertación y con un mensaje más propio de los años ´70 que de un ex presidente que inauguró los gaseoductos, Frei invita a los chilenos a sumarse a su candidatura. Su invitación anticipa un matrimonio que intenta celebrar con empanadas y vino tinto pero en un frío y moderno centro de eventos, cuyos invitados están más nerviosos que los novios.

En la misma lógica ajena a los partidos, en www.pinera2010.cl el candidato de la Alianza habla de un "Chile con todo... Chile con todos". Si en 2005 sus ganas por verse en los libros de historia lo llevaron a presentarse como "Piñera Presidente", en esta elección opta por ser un motivador entre Bonvallet y Donald Trump. En su parte de matrimonio -con logos de multitienda en las cuales probablemente tendría alguna participación- Piñera invitaría a todo el país a la celebración y haría una encuesta para saber qué quieren comer los invitados.

Cuando la estrategia es imitar modelos exitosos, no siempre las adaptaciones dan buenos resultados. Tanto Frei como Piñera aspiran a interpretar los "sueños" de los chilenos para sumar apoyos. Preocupado del destino del ser humano en un mundo incierto, Frei aspira a convertirse en el Al Gore criollo. En sus ganas de parecerse a Obama, Piñera se asocia más al Lavín del ´99 y 2005 cuando invita a los chilenos a liderar el "cambio" y escuchar sus "sueños". Hay que recordar que las campañas presidenciales de Gore en 2000 y Lavín -en sus dos versiones- terminaron por convertirse en derrotas con sabor a triunfo, pero derrotas al fin y al cabo.

Con un lenguaje novedoso y con menos recursos y adherentes que Frei y Piñera, Marco Enríquez-Ominami se define como "El futuro" y afirma "Porque Chile cambió" en www.marco2010.cl. Si bien hasta ahora su lectura del país se asocia a la crítica del politburó chilensis, su idea fuerza refleja tanto la novedad en sí misma de su candidatura como las ganas de entrar en una batalla donde todos -menos él- son viejos conocidos. Más que ser un matrimonio innovador, Enríquez-Ominami nos invita a una celebración transgresora. En viernes santo con Jodorowsky como maestro de ceremonia y el Liguria a cargo del banquete.

Si bien en sus campañas los candidatos están integrando el uso de nuevas formas de comunicación online, no siempre se hacen cargo de la invitación que están extendiendo a la ciudadanía. Para demostrar esto, un sencillo ejemplo. Un amigo me dijo que su voto en esta elección presidencial va a ir para el candidato que esté en contra de las centrales hidroeléctricas. Ya que hasta ese momento ninguno de los candidatos se había manifestado con claridad al respecto en los medios, mi amigo le mandó un mail a Piñera, Frei y Enríquez-Ominami a través de sus sitios Web. Hasta ahora el único que le ha contestado su pregunta es Marco Enríquez-Ominami. Algunos dirán que el autonominado candidato tiene más tiempo para contestar preguntas que Frei o Piñera. Pero lo importante acá es el vínculo que el candidato generó con un potencial votante. Ahora mi amigo promueve la candidatura de Enríquez-Ominami por Facebook e incita a sus amigos a votar por él. Si un candidato quiere ser exitoso en su campaña 2.0 invitando a la ciudadanía a ser parte de su proyecto, tiene que aspirar a lograr un diálogo con los electores a través de sus plataformas online. No sólo de links vive la campaña 2.0.

Esta nueva forma de invitar a la ciudadanía a participar en campañas electorales cobra relevancia por tres razones. 1) Porque es la plataforma que los candidatos pueden usar para difundir sus mensajes sin el filtro de los medios de comunicación. En sus sitios Web, los candidatos pueden proponer temas de campaña que golpeen a los medios masivos y pasar a ser parte de sus agendas. 2) Porque al presentar sus campañas en Internet, los candidatos aspiran cautivar el interés de nuevos electores -como mi amigo- especialmente jóvenes. Con su invitación online, Obama logró materializar su idea fuerza -change, yes we can- en una nueva forma de comunicarse con los ciudadanos a través de la red, transformando la fidelidad y el entusiasmo online en votos a través del diálogo. 3) La posibilidad que ofrece la comunicación online para establecer vínculos más cercanos y efectivos entre candidatos y ciudadanos es parte de una nueva forma de hacer política.

Si bien los actuales candidatos aprendieron a ser políticos con los códigos del siglo pasado, tienen que aprender de a poco el nuevo lenguaje que utiliza la política 2.0. Más cercano, recíproco e interactivo que el de las grandes concentraciones y las cuñas para la tele. Para ello los candidatos pueden soltar un poco las amarras de sus campañas y delegarlas en parte en una ciudadanía ansiosa por participar en ellas. Por ejemplo, sólo Enríquez-Ominami posee en Facebook un espacio para que la gente se organice por su cuenta en torno a una actividad de campaña o un tema de discusión. El resto sólo recoleta datos, mails y teléfonos donde el ciudadano sigue siendo un receptor pasivo de la información del candidato. Lo anterior refleja el miedo por parte de los actores políticos de soltar un poco el sartén y delegar en las personas la reflexión de sus temas de campaña en el mundo online. Sería interesante ver un grupo de gente que organice un encuentro comunitario para discutir las propuestas de un candidato a través del sitio Web del mismo.

Siempre tomamos una decisión cuando recibimos una invitación de matrimonio. Si el parte es atractivo y transmite tanto la historia de amor de los novios como sus ganas por compartirla, nos dan ganas de celebrar con ellos. En cambio si el parte se centra sólo en los apellidos de las familias, el matrimonio puede pasar a ser un trámite o sencillamente desecharse. La invitación que Frei y Piñera envían a los ciudadanos a través de sus ideas fuerza es confusa. Cuando sus rostros en la prensa reflejan el cansancio de su propia historia política, en sus plataformas online se muestran como los representantes del "cambio" para realizar los "sueños" de miles de chilenos. Si bien se rejuvenecen en el mundo online, todavía no le han contestado el mail a mi amigo. Hasta ahora, sin tener permiso para casarse y con menos pretensión que Frei y Piñera, Enríquez-Ominami se hace cargo de esta "nueva" forma de hacer política. A seis meses de la elección presidencial, la invitación de los novios para esta elección pronostica un matrimonio más tradicional que transgresor y cuya asistencia -al parecer- será más por la cercanía histórica con los novios que por su historia de amor con la ciudadanía.

 

25/5/2009 - En la medida de lo posible

25 de Mayo de 2009
En la medida de lo posible
Arturo Arriagada
El Mostrador

El apoyo ciudadano a Michelle Bachelet no puede explicarse sólo por la crisis económica y el bolsillo de los chilenos. Su discurso político -ese que logró construir entre aciertos y errores- refleja también la decepción frente a un sistema político que se sigue conformando con lograr cambios en la medida de lo posible.

Bachelet está de fiesta y celebró su 67% en las encuestas con un efectivo discurso el pasado 21 de Mayo para insistir en su gran legado, la protección social. Rompió la piñata en plena crisis económica y se dio el lujo de entregar bonos a los chilenos más necesitados. Sus invitados no pudieron pelar el evento -y quienes lo intentaron- terminaron quedando como mal educados. Fue el caso de Piñera quien se quejó porque el bono de $40 mil pesos era muy poco, en tanto Frei esperaba una atención más personalizada por parte de la anfitriona. Son esas mismas declaraciones las que permiten interpretar el 67% de Bachelet.

Bachelet llegó a La Moneda representando el cambio -al ser la primera mujer Presidenta de Chile- sin total claridad sobre cómo lograrlo. Si bien el criterio era cuestionable, la idea de la paridad intentó marcar una diferencia. Con la seguridad que da ganar una elección -pero sin la delicadeza que entregan los años de oficio político- manifestó su desconfianza ante los partidos y la elite concertacionista. Ese acto afectó sensibilidades que luego terminaron por pasarle la cuenta.

Cuando empezaron los tiempos difíciles -cartillazo a ministros, Pingüinos, cambios de gabinete, Transantiago, entre otros- Bachelet necesitaba de un discurso político que le permitiera echar a andar su gobierno. Mientras se hablaba de crisis de liderazgo, ella optó por crear comisiones - educación, reforma previsional, equidad- para discutir y acordar el futuro de Chile. Era la reacción por sobre la acción a las emergentes -y muchas veces postergadas- demandas sociales.

Si bien esas iniciativas tuvieron resultados disparejos, fueron señales de que Bachelet quería cambiar las cosas pero algo se lo impedía. El establishment político no se sentía cómodo en ese contexto y tanto la Concertación como la Alianza intentaron frenar un estilo de hacer política que simplemente no entendían. A esto se sumó que la figura de Ricardo Lagos -quien había terminado de escribir poco tiempo atrás el manual sobre cómo ser un buen presidente- se desprestigiaba al revelarse los excesos y omisiones de su gobierno.

La lealtad de Bachelet con Lagos -sin dejar de mostrar incomodad ante el asunto- fue el inicio de su discurso político que hasta ahora está siendo comprendido y aprobado por la ciudadanía. Si en los 90' el entonces presidente Aylwin señalaba que la justicia llegaría "en la medida de lo posible", Bachelet hacía propia esa expresión para explicarle al país el desempeño de su gobierno. Su frase sobre la intuición respecto de partir con el Transantiago fue fundamental para su discurso político.

Con la llegada de la crisis económica el malestar social se empieza a sentir, aunque Bachelet no es la que paga los costos. La encuesta nacional UDP -en noviembre de 2008- reflejaba que un 63% de los chilenos creía en la voluntad de la Presidenta para llevar a cabo reformas, pero que los partidos no la apoyaban. Tal cual como en su discurso político, los ciudadanos intentan -en la medida de lo posible- no culpar a Bachelet por la ausencia de cambios y viven con ella la decepción frente a un establishment político con nombre y apellidos.

Por lo mismo, el 67% de popularidad de Bachelet no es endosable a la candidatura de Frei. La actual decepción que muestran los chilenos frente a Piñera, Frei y al sistema de partidos políticos, tiene que ver con la ausencia de caras nuevas y de proyectos que motiven a participar en un cambio político que beneficie al país. Ambos candidatos son parte de una estructura que se acostumbró a funcionar en la medida de lo posible y que le teme a esos cambios. Una cosa es el aprecio que los chilenos le tienen a Bachelet -por sus buenas intenciones- y la otra es creer que alguien como Piñera o Frei van a transformar -en la medida de lo imposible- las intenciones truncadas de Bachelet.

15/4/2008 - La política del electroshock

No es posible entender que el argumento que esgrime el gobierno contra Douglas Tompkins (el millonario ecologista) tenga relación con su visa de turista. Porque al parecer el gobierno anda más preocupado de fiscalizar a los turistas o alinearse a las olimpiadas en China, esta columna de Andrés Azócar (biógrafo de Tompkins y director de la Escuela de Periodismo de la UDP) deja en claro por qué el gobierno se equivoca nuevamente al intentar controlar la agenda. 
 
Arturo Arriagada I.

26/11/2007 - Encuesta Nacional de Opinión Pública UDP 2007

De acuerdo a los resultados de la Encuesta Nacional de Opinión Pública UDP 2007, el canal de televisión más visto por los chilenos para informarse es TVN (37,5%), seguido por Chilevisión (22,9%) y en tercer lugar se encuentra Canal 13 (18,2%). En el caso de los diarios, la feroz batalla que están teniendo La Tercera y El Mercurio al parecer tiene un ganador para el presente año. Un 15,5% de los encuestados señala informarse por el Decano, mientras que un 13,8% dice hacerlo por La Tercera. Interesante cambio, ya que en la misma encuesta del año pasado un 19,2% decía leer La Tercera y un 12,1% leía El Mercurio. En todo caso las cifras no son tan alentadoras, ya que un 24,1% de los encuestados (a diferencia del 20,4% del año pasado) dice no leer ningún diario.
Interesante el dato que esta encuesta da a conocer respecto a la visión que tienen los chilenos de los medios. Un 51% cree que las noticias de la televisión influyen "bastante" o "mucho" en las decisiones políticas del país, pero un 63% considera que es la opinión de los grandes empresarios la que tiene mayor influencia.
La base de datos de la encuesta UDP estará disponible a contar del 3 de diciembre. Por mientras, pueden revisar el comunicado de prensa y el PPT emitido por la UDP.

Arturo Arriagada I.

30/8/2007 - Medios que omiten

Si el capital de los medios se construye en base a la confianza que las audiencias les entregan, la omisión de las demandas de los gremios y ciudadanos como parte de la oferta informativa del día de ayer, sólo deja dudas respecto a la forma como la prensa está haciendo la pega cuando hay que construir y vender una noticia.

Arturo Arriagada I.

27/8/2007 - ¡Son los medios, estúpido!

Mientras el ministro Lagos Weber se enfrenta al director de la Secom, Juan Carvajal, a raíz de la licitiación por el medio "Ciudadano" que intenta crear el gobierno para comunicar sus logros, les envío un comentario mío publicado en revista Qué Pasa el viernes pasado del libro "Media & Politics" de Shanto Iyengar y Jeniffer McGrady (Profesores de la Universidad de Stanford). Porque el gobierno más que pensar en crear medios de comunicación para difundir sus logros, es necesario que haga bien la pega y se concentre en difundir sus aciertos a través de medios independientes, y sin la ayuda de los recursos y el aparato estatal. De lo contrario, sólo se difundirán las diferencias de criterio del actual gabinete y la falta de liderazgo para tomar decisiones de los que lo conforman.

Arturo Arriagada I.

24/7/2007 - Power to the people (You Tube y CNN en debate político)

"¿Qué significa ser liberal?" Esa fue la primera pregunta que realizó un ciudadano de California a Hillary Clinton, en un debate entre los candidatos demócratas a la presidencia de EE.UU. televisado por CNN y donde los ciudadanos tuvieron la palabra a través de videos subidos al portal You Tube. La fusión de potentes medios de comunicación para transmitir el primer debate sin periodistas, donde el ciudadano es el protagonista y quien hace las preguntas, refleja tanto la capacidad que tiene la política estadounidense de renovar su propuesta para captar nuevos electores, como el escaso manejo que tienen los políticos nacionales para integrar nuevos códigos a la comunicación política.

Arturo Arriagada I. 

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